Las ballenas del conurbano (y del interior de la provincia)
Propuestas ambientalistas en un territorio no chic.

Marina Kabat

Vía Socialista

No es necesario mudarse a la Patagonia para encontrar grandes problemas ecológicos por resolver. El territorio bonaerense está plagado de ellos. Algunos son históricos, como la contaminación de la cuenca Matanza Riachuelo. Otros han tomado gravedad con el crecimiento demográfico e incluso, se han intensificado con la pandemia. El aumento de poblacional y la construcción de viviendas en zonas antes marginales en toda la provincia ha incorporado dentro de espacios urbanos basureros y plantas industriales que deberían estar alejados. La creciente demanda de energía ha multiplicado centrales termoeléctricas. Estas emiten dióxido de azufre, nitrógeno y otros gases que causan enfermedades respiratorias. En algunas localidades la lucha ambientalista ha logrado que se clausuraran estas plantas, pero de nada sirve retirarlas de un sitio para establecerlas en otro. Finalmente, en la provincia de Buenos Aires hasta problemas menores como el manejo de residuos o la multiplicación de perros callejeros se agravaron durante la pandemia por el incumplimiento de políticas públicas, sin una recuperación posterior.

Debemos avanzar en soluciones concretas de estos problemas. El hecho de que algunos de ellos vengan de larga data no puede conducirnos a naturalizarlos. No tenemos por qué resignarnos a la contaminación de ríos y arroyos. El problema central de la Cuenca Matanza Riachuelo es que no se puede limpiar lo que no deja de ensuciarse. Por eso, cualquier propuesta seria requiere una intervención sobre las industrias, en especial curtiembres, que vuelcan sus residuos a estas aguas. Así cómo el empleo en negro es una forma de subsidio encubierto a los empresarios (pagan menos salarios y prestaciones de lo que deben, dejando que el Estado cubra el resto mediante asignaciones sociales), la contaminación es otra forma de subsidio público encubierto a nuestra burguesía planera. En forma constante el Estado, al omitir controles y fiscalización y desestimar denuncias concretas de los vecinos permite a las empresas ahorrar en tratamientos de residuos. Lo que economiza la empresa, luego el Estado deberá gastarlo multiplicado en tareas de limpieza. Esto ha sido una política pública sostenida por gobiernos de todos los signos. Esto debe cambiar: es necesario endurecer la legislación existente e aplicar férreas políticas de control. En un próximo artículo profundizaremos sobre esto, pero nuestra política debe ser: tolerancia cero a las empresas que vierten ilegalmente residuos no tratados a la cuenca: en este punto curtiembre que contamina, curtiembre que se expropia y absorbe en una empresa estatal o mixta, que realice el tratamiento de efluentes industriales y emplee lo que hoy son desechos contaminantes (pelo –grasa) en elaboración de subproductos rentables solo a gran escala.

Un segundo punto es la necesidad de planificar el desarrollo urbano. En nuestro programa Argentina 2050 planteamos que es imperioso descentralizar la población y crear nuevas ciudades que puedan, por un lado, ofrecer vivienda a quienes hoy carecen de ella y, por otro, comenzar a revertir el excesivo desarrollo de las grandes urbes. Pero, esta planificación debe llevarse también a la escala local. El tejido urbano de distintas localidades se amplió rodeando áreas como la de basurales o mataderos, tal el caso de General Belgrano donde el nuevo barrio del FOMUVI se construye lindante a estas áreas que deberían relocalizarse. Aquí nos encontramos con el desafío de organizar el crecimiento de ciudades que pueden revitalizarse con la afluencia de nueva población, para lo cual es necesario garantizar servicios sociales (salud – educación) y logística, servicio eléctrico que no se interrumpa ante cualquier eventualidad climática, internet estable y de alta velocidad, de modo que familias donde los adultos teletrabajan puedan establecerse.

Son conocidos los problemas que producen las centrales termoeléctricas: emisión de dióxido de azufre, nitrógeno entre otros gases que contribuyen al efecto invernadero y generan problemas respiratorios entre la población. Estos se agravan cuando, como ha ocurrido los últimos años, en vez de trabajar con gas, lo hacen con fuel –oil y gas-oil que son más contaminantes aún que el gas. De tal forma los problemas con el gasoducto de Vaca Muerta no solo han impactado en la crisis por falta de divisas, sino que poseen un costo ambiental. Para peor, para instalar muchas de las termoeléctricas se modifica arbitrariamente la zonificación de distintas áreas, sin considerar la salud de los vecinos. En distintos casos estos se han movilizado, como ha ocurrido en Tandil en 2017, desde el 2020 en Pilar y este año en Lujan. En esta última localidad los vecinos ocuparon en junio el Consejo Deliberante para evitar la rezonificación, la que terminó aprobándose en julio durante una sesión virtual organizada a fin de evitar que el activismo local la frenara.

Pese a que hay casos especialmente problemáticos por su ubicación, no se trata solo de una cuestión de relocalización: todo el paradigma energético está en crisis. La energía nuclear podría proporcionarnos energía abundante, barata y más amigable para el ambiente. En este punto es posible ver como horizonte el caso de Francia que ya obtiene el 70% de su energía de esta forma y prevé abandonar por completo la dependencia del consumo de combustibles fósiles en las próximas décadas. La Argentina tiene experiencia en el sector y, de hecho, Nucleoeléctrica Argentina (NASA), que opera las centrales nucleares que generan energía fue una de las pocas empresas públicas con balances positivos. El año pasado arrojó un superávit de $10.450 millones de pesos. Esta transición energética resulta, entonces, factible y puede, además ser acompañada por otras iniciativas como la producción de biogás en base a residuos orgánicos. Se trata de medidas que apuntan resolver la carencia de recursos energéticos, mejorar la balanza de pagos avanzar hacia una economía más sustentable. Estos son los primeros pasos de este camino. En la medida que avancemos en ellos y en el desarrollo general de las potencias económicas del país podrán tomarse también otras medidas que requieran inversiones mayores. Se trata siempre de partir de la realidad actual para mejorarla.

Como mencionamos al inicio la crisis económica y la desidia de gobernante han contribuido al agravamiento de problemas que pueden ser rudimentarios pero que afectan el ambiente y la calidad de vida de las personas en especial en barrios y pueblos más humildes. La falta de campañas de castración y vacunación de animales domésticos vuelve peligroso para los menores, e incluso adultos, circular en barrios donde la población de callejeros se ha disparado durante la pandemia. En villas y la periferia urbana son numerosos los niños que sufren mordeduras severas por estos animales. A diferencia de chicos heridos por perros de raza en zonas de mayores recursos, las noticias de los diarios no registran estos casos. Otro ejemplo de lo poco que preocupa el hábitat a quienes hoy rigen nuestros destinos es el hecho de que municipios del conurbano hayan dejado de entregar tierra para el relleno de las calles no asfaltadas, lo que ha llevado a que los vecinos usen residuos para el mismo propósito. De nuevo, son problemas aparentemente menores que tienen su impacto en la calidad de vida de las personas y en el ambiente en que habitan. Nos interesa, registrar también estos casos para poder aportar soluciones a los mismos. Si te interesa colaborar con nosotros, aportando una denuncia o trabajando con estos ejes en tu comunidad comunicate con nosotros a:

https://wa.me/5491131654074 (agendá el n° antes de escribirnos) o a argentinasocialista2050@gmail.com


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 5 – Agosto 2022

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