Massa: ¿La bala de plata o la bala de goma?

Fabián Harari

Vía Socialista

Los que no se hablaban, los que no se podían ni ver, cenaron hace quince días y, hace un poco menos, compartieron una charla de tres horas en Olivos. Los alcahuetes de siempre habían mostrado su miedo y su desaliento (véase la última editorial de Verbitsky). Los intendentes dijeron lo suyo y los gobernadores se juntaron, hicieron su reclamo y se fueron en silencio. En la reunión de él y ella hubo gritos, dicen, pero hubo resolución final. Los que hablaron de “especuladores” ofrecieron un dólar-soja y los que advertían que la plata es para “la producción” (léase empresarios planeros) subieron la tasa al 70%. Finalmente, el proscripto, el que no tenía voz ni voto, fue ungido como la última esperanza.

Una de las particularidades de la crisis es que termina consumiendo muy rápidamente cualquier incorporación novedosa al gabinete y transformando en un elemento intrascendente y molesto a todo aquello que venía a dar “volumen político”. Le pasó a Juan XXIII, le pasó a Scioli y ahora a una ministra de economía que apenas dura 15 días en el cargo y es removida en plena gira, mientras asegura a los organismos internacionales que cuenta con el respaldo político de la coalición.

Solo un escenario de escalón previo al abismo podía devolverle protagonismo a Massa, quien fuera vetado en las dos crisis de gabinete anteriores y quien se había quedado sin poder territorial (hasta había perdido el que le quedaba en Tigre). El veto vino principalmente de Cristina. La razón más estrictamente política es que introducía a una de las columnas de la coalición que parecía neutralizada y obligaba a repartir el poder entre tres, en momentos en que ella avanzaba sobre Alberto. Pero, además, significaba relevarlo de su función de operador dentro del frente para darle un lugar entre los comensales, lo que era quitar para la solución y agregar para el problema. Pero también hay una razón algo más mezquina y que no se debe descuidar. Massa, junto con Angelici, es uno de los dirigentes con mayor capacidad de maniobra en la Justicia y durante todo este tiempo, a pesar de las alianzas con su hijo en la provincia, no movió un solo dedo en favor de ella. Esa inmovilidad es una amenaza latente y un reaseguro para él.

La cuestión es que todo el peronismo apuesta a una figura que tome las riendas y resuelva la crisis por la vía de poner algo de orden en las cuentas fiscales y mostrar capacidad para administrar políticamente el ajuste. ¿Por qué Massa? Por tres motivos. Primero, porque es la única figura con el suficiente peso y la suficiente ambición que les queda. Segundo, porque en una crisis de aparatos, que todavía no desbordó hacia la calle, el tigrense tiene la estructura más aceitada y las relaciones menos percudidas con el conjunto de los participantes: el empresariado, el Departamento de Estado de EE.UU., los servicios secretos y la Justicia, los intendentes, los gobernadores. No tiene dirigentes bajo su mando, pero opera como nexo de todos ellos. Es decir, es capaz de dar consistencia a lo que se va deshilachando y eso, hoy, es una de las cualidades más necesarias en plena crisis. El tercero, porque se anima a lo que Cristina solo amagó: tomar el fierro caliente y jugarse un pleno.

Ella tuvo que consentir, so pena de arriesgarse a la renuncia de su partenaire y de tener que tomar el gobierno antes de las elecciones y en medio de un derrumbe, ante el cual no podría mostrarse ajena. Alguien que tiene que sentarse a discutir con un inútil durante tres horas, a los gritos pelados, no parece tener todo el control de la situación. A cambio de su consentimiento, pide que la dejen concentrarse en el Conurbano, desde donde pretende avanzar a la presidencia, previo desdoblamiento electoral. Pero ese plan no parece tan sencillo. Primero, porque si Massa consigue su cometido, y eso es simplemente llevar el gobierno a las elecciones de octubre de 2023, va a avanzar sobre la provincia antes de que ella lo haga sobre la nación. Recordemos que lo que se discute hoy es si Alberto y Cristina llegan al 2023… Segundo, porque si se produce un derrumbe generalizado, los intendentes ya tienen preparado un cambiante Insaurralde como recambio contra Axel y Máximo. Algo de esto parecen haber olfateado el gobernador y su ministro de seguridad cuando realizaron 19 allanamientos, puenteando a los tribunales de Lomas de Zamora en su propio distrito y procesando a funcionarios y a la jerarquía policial de Cascallares (Almte. Brown), principal aliado del lomense.

El ungido exigió el control de las principales cajas, ya sea para evitar desbordes presupuestarios, ya sea para que no se diluya su palabra. Si La Cámpora mantiene el control de la ANSES, el PAMI, Aerolíneas y el área de energía, si Pesce continúa en el BCRA, el destino de Massa será similar al de Manzur y Scioli. En una guerra de aparatos no hay lugar para la conducción.

Massa esperaba que Batakis realizara gran parte del trabajo sucio, para asumir en un escenario más despejado, pero no hubo tiempo. Lo cierto es que entre la última ministra y el reemplazante hay una sintonía que excede la coalición: el consenso liberal en torno a las tareas a emprender. Si él no lo puede hacer, lo hará el que venga, con derrumbe y estallido o con derrumbe y elecciones.

Uno de los escenarios que se barajan es la reedición del Plan Bonex (de diciembre de 1989). Sobre eso, algunas consideraciones. Primero, contrariamente a lo que dicen los liberales (como Cachanovsky), el plan no evitó una híper, sino que la propició en un cuadro que incluyó saqueos. Segundo, en ese momento, se canjearon bonos contra depósitos líquidos. Hoy, esos pasivos remunerados del Estado son pesos líquidos en el tesoro y los bonos los tienen los bancos. Más que un “canje”, sería un default generalizado con consecuencias imprevisibles a todo nivel. Tercero, en 1989 se expropiaron alrededor de 3.000 millones de dólares, que representaba el 3,5% del PBI. Hoy, la deuda en pesos representa el 10,5%. Por lo tanto, la magnitud del zarpazo que debe realizar el Estado es mucho mayor. Cuarto, toda esa movida estuvo acompañada por la Corte Suprema, que sentó jurisprudencia en favor del Estado frente a la avalancha de amparos. Hoy la Corte puede hacerle un guiño al superministro, pero no al gobierno que le quiere agregar 20 miembros. ¿Está Massa en condiciones de realizar semejante operación para secar el mercado de pesos? Y en caso de lograrlo, ¿puede soportar la recesión?

Lo que vemos en Argentina es una crisis muy particular, producto de una dinámica propia. El Estado debe suplir las falencias de la economía: subsidiar capitalistas ineficientes, en primer lugar, y evitar circunstancialmente la aceleración de la indigencia que esa economía, subsidiada y todo, provoca. Pero también, debe sostener económicamente los lazos que los partidos burgueses no pueden hacerlo a fuerza de política: planes en lugar de afiliaciones, favores inmediatos en lugar de una idea. El Estado es sometido a una tarea cada vez más ardua con recursos menguantes. Pero el hecho es que es lógico que la crisis económica se traduzca casi directamente en la crisis de los aparatos del Estado. A eso se agrega el loteo de los mismos, que impide una respuesta ordenada. Acabamos de verlo. Ante la necesidad de ordenar el cuadro fiscal, los gobernadores, los intendentes y los movimientos sociales otrora oficialistas salen a defender su parte. En la medida en que se prioriza las estructuras de dirección formales, las organizaciones paralelas son empujadas, más allá de lo que quisieran, a la oposición al consenso en marcha.

La crisis requiere una fuerte intervención de la clase obrera. En especial, de todas las organizaciones que se reivindican de izquierda. Una intervención colectiva y organizada, con un programa votado y una dirección decidida en una Asamblea Nacional de los Trabajadores. El punto del programa es esencial. Sin un programa concreto para sacar a la Argentina de esa dinámica, las energías puestas en la lucha chocan una y otra vez contra un enemigo que ofrece algo tan básico, pero tan necesario como un orden social. Que funciona mal, pero que funciona.

Vía Socialista ofrece, además de medidas para salir de la crisis de forma inmediata, justamente eso: un orden social. Uno nuevo. Un Estado que no subsidie, sino que impulse; que no asista, sino que dirija. Una economía que no genere problemas, sino soluciones. Un gobierno que incorpore a la clase obrera como clase dirigente y como un sujeto que ya no mendiga dádivas, sino que decide el destino de la riqueza que crea cada día.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 4 – Agosto 2022

1 comentario en “Massa: ¿La bala de plata o la bala de goma?”

  1. LA IZQUIERDA DEBERIA ESTAR MAS UNIDA QUE NUNCA, PENSEMOS QUE DETRAS DE ESTO ESTA USA, LA BURGUESIA INTERNACIONAL Y LA BURGUESIA LOCAL .QUE, DESPUES DE UTILIZAR AL PROGRESISMO DENTRO DE LA GRIETA, VA A TRATAR DE PUENTEARLO Y VENIR SOBRE LA IZQUIERDA…… POR ESO HAY QUE RECORDAR QUE VIA SOCIALISTA , SI BIEN ES UN PROGRAMA SOCIALISTA, NO SURGE DE REVOLUCION ALGUNA, SINO DE LOS GIRONES DE UNA PSEUDODEMOCRACIA Y VA A ENCONTRAR UNA OPOSICION FERREA DE DERECHA…. ESTA MUY BUENA LA DIFUSION QUE UDES LE DAN AL PROGRAMA , PIENSO QUE DESPUES DE TODO ESTE LIO, PARA EL 2023, VAMOS A TENER UNA ATOMIZACION IMPORTANTE….. ES UNA OPORTUNIDAD INMEJORABLE DE PROBAR SUERTE.

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