Contra la economía popular

Hoy en día se puso de moda la idea de la “economía popular”. Si le creemos a sus defensores, se trataría de una economía al margen del capitalismo, basada en el reconocimiento de la labor de quienes están por fuera del mercado de trabajo. Lo cierto es que detrás de este aparente progresismo lo que se esconde es una forma de endulzar la miseria más profunda a la que los gobiernos y los patrones someten a amplios sectores de los trabajadores. Veamos un poco más en detalle.

Actualmente existe el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP) que nos permite entender el mundo de la economía popular. El principal referente aquí es el titular de la Secretaria de Economía Social, Emilio Pérsico. Sí, seguro el apellido le suena. Se presenta como un campeón del pueblo el dueño de una de las cadenas de heladería más chetas del país. Y este personaje sueña con un Ministerio de la Economía Popular. Piratas sobran en este país…

¿Qué nos dice este registro? Si miramos los principales resultados del último informe del ReNaTEP, vemos que detrás de la figura de la “economía popular” no hay otra cosa que la capa más empobrecida de la clase obrera. En primer lugar, es una población mayoritariamente joven: el 64% tiene entre 18 y 35 años. En términos educativos, el 61% no completó los estudios obligatorios (inicial, primario y secundario).

Aunque más de un tercio de estos compañeros y compañeras se encuentran en Buenos Aires, lo cierto es que la “economía popular” abarca todo el país. Incluso en 9 provincias, sobre todo las del norte, hay más inscripciones al registro de la economía popular que al empleo asalariado privado y registrado. ¿De qué trabajan los trabajadores de la economía popular? Sobre todo, sosteniendo comedores populares, servicios de limpieza, venta ambulante, trabajos de construcción, peluquería y reciclaje de basura, entre otras tantas.

En realidad, lo que tenemos aquí es una forma de embellecer la miseria más absoluta. Compañeros y compañeras que se la rebuscan como pueden porque realmente son desocupados, a los que se les vende que son una suerte de microemprendedores con un trabajo “digno”. Una forma de adornar lo que no es más que un trabajo profundamente precarizado, sin los derechos más elementales. Para el Estado y para los patrones es ganancia pura: asistencialismo para la masa de desocupados, legalizando la changa.

Y no solo se estafa al compañero o compañera al que se le paga dos mangos. Se estafa a todos los trabajadores y trabajadoras del país, porque estos emprendimientos, incluso los cooperativos, no producen nada que pueda competir seriamente ni siquiera en el mercado interno nacional, ni hablemos del internacional. No podemos tener un país de changas. Necesitamos un país productivo de verdad, porque queremos que todos los laburantes tengan un nivel de vida decente y no que se acostumbren a la miseria cotidiana.

Por eso, Vía Socialista defiende la posibilidad de construir una Argentina productiva y con bienestar social. Para el conjunto de los desocupados, proponemos un plan de empleo en blanco y con todos los derechos laborales, ocupados en ramas realmente productivas que puedan relanzar al país, de la mano de un Estado planificador. Eso que explicamos en este número y, más detalladamente, en Argentina 2050.

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