Una propuesta productiva para la industria de la confección

Damián Bil

Vía Socialista

En 2023, el gobierno libertario asumió con la promesa de derrotar la inflación, mero “fenómeno monetario”. La solución estaría dada por la restricción del gasto y la emisión. De esta forma, la economía se sanearía, y el mercado, verdadero gestor de progreso, daría lugar a la reasignación de recursos para conseguir el crecimiento.

Aunque luego de casi tres años, la predicción no “Todo Marcha de Acuerdo al Plan”. La inflación bajó, pero sigue alta (33-34% anual) y al costo de un fenomenal ajuste y una recesión galopante. La prédica del consenso liberal, que no es únicamente esgrimida por el oficialismo, muestra su límite. Es decir, el generar supuestas condiciones para que los empresarios “inviertan”, no estaría resultando.

Decimos que este pensamiento es de todos los partidos del régimen, porque ninguno plantea otra alternativa. Se encuentran, en distinto grado, bajo este paradigma. Con más o menos regulaciones. Nadie, en el arco burgués, discute esta salida: esperar que los privados se dignen a invertir. Pero esa burguesía está agotada, incapaz técnica y económicamente de desarrollar las fuerzas productivas. Es necesario pensar en otras alternativas.

Un Estado productivo

Parece que a ninguna fuerza se le ocurre que una iniciativa estatal de escala podría centralizar la producción, logrando beneficios palpables. “¡Zurdos empobrecedores!”, “¡amantes del déficit!”, gritarían al escuchar esto. No solo Javier y los suyos, sino un nutrido grupo de representantes del capital, sin omitir al peronismo en todas sus variantes. No hace falta ser socialista para pensar en esto. Hay numerosos ejemplos de empresas estatales que sostienen experiencias nacionales, en países tan capitalistas como Chile (Codelco, en el cobre) o en el poco sospechoso de “zurdo” Reino de Arabia Saudita (la mega petrolera Aramco). También hay casos menos conocidos, como en el acero chino o los semiconductores de Taiwan. Asimismo, la política de “campeones” de países en la posguerra (Japón, Corea, los Tigres) fue una apuesta algo más modesta, sin transformar las bases sociales, pero con perspectiva técnica similar, con el Estado solo como instrumento de la consolidación de conglomerados de enorme escala, para exportar.[1]

Volviendo a nuestro caso, una iniciativa de este tipo podría aportar muchos beneficios: empleo registrado, reducción del gasto, alivio del balance cambiario, combate real contra la inflación. Como explicamos,[2] este no es un problema monetario, sino que su raíz se inscribe en una dificultad productiva. Solo atendiendo a este punto se puede resolver, sin detener toda la economía en su conjunto.

Una propuesta concreta

El Estado nacional es gran demandante de indumentaria. Solo considerando sus fuerzas de seguridad y organismos operativos (hospitales, delegaciones deportivas y misiones diplomáticas) hay una exigencia enorme de prendas. Un ejercicio aproximativo indica que existen no menos de 278.000 personas que requieren indumentaria obligatoria por convenio. A esto se suma ropa de blanco hospitalaria, para 2.500 plazas bajo órbita federal.[3] Considerando la rotación de prendas y necesidades, serían más de 2 millones de unidades al año. Es complejo calcular el gasto total real del Estado en indumentaria, ya que la misma se obtiene por licitación, según necesidades. Pero una revisión de casos brinda indicios para una propuesta.[4] El Estado adquiere la ropa más barata que un minorista, pero no menos de tres veces por encima del costo que implicaría fabricar el producto. Sobre todo, por la carga financiera asociada a la demora de los pagos. En esta simulación que proponemos, el Estado debería invertir 157,5 mil millones de pesos anuales para proveer la ropa de trabajo, unos 101,6 millones de dólares blue.

No obstante, una empresa pública podría derrumbar el costo. Utilizando criterios internacionales de productividad,[5] una firma estatal podría satisfacer la demanda mediante la ocupación de 860 costureros más personal auxiliar, con un salario bruto promedio de 1.400.000$ según datos del convenio vigente.[6] La inversión inicial anual promedio de este tipo de emprendimiento, entre maquinaria, materias primas, gasto en energía, masa salarial y costos de distribución logística, se ubicaría en torno a los 45,6 millones de dólares (cotización blue 1.550$). Sin proyectar hacia adelante, la operación (donde la inversión inicial se reemplazaría por 600 mil dólares anuales de amortizaciones) tenemos que, para un primer ejercicio operativo, si se vendiera la ropa fabricada con solo un 10% de ganancia, el Estado podría ahorrar el equivalente a 72 millones de dólares en compras públicas. Sobre esto, hay que agregar un aporte a la seguridad social y al fisco por impuestos de más de 5 millones de dólares. Las ventajas de la escala, además, darían un beneficio en la compra de materia prima a las industrias textiles del norte, eliminando costos de intermediación y consiguiendo mejores precios por volumen. De más está decir que, una experiencia de este tipo, podría potenciar proveedores, generar ahorro de divisas y aliviar el déficit público.

Para estos planteos, es necesario pensar en otro tipo de Estado, comandado por otra fuerza social, contrapuesta a la dominada por los empresarios privados. Un Estado de la clase trabajadora, que piense y diseñe esto, contrapuestos a la propiedad privada de la producción. Solo así se podrá resolver el problema de la inflación, del gasto y de las condiciones laborales, alcanzando un crecimiento que potencie las capacidades de una vida que el país, en su estado actual, apenas sostiene en condiciones miserables.


[1]Johnson, C.: MITI and the Japanese Miracle: The Growth of Industrial Policy, 1925-1975, Stanford Press, 1982; Lim, W.: “Chaebol and industrial policy in Korea”, Asian Economic Policy Review, n° 7, 2012, 69-86.

[2]Sartelli, E.: “La causa real de la inflación en Argentina (y su solución)”, Perfil, 21/05/2022. En https://tinyurl.com/knjb4ua3.

[3]Cálculo en base a “Recursos humanos”, Presupuesto 2026, ONP, en https://tinyurl.com/4x4k2xk6. Y Sector Público: Dotación de personal de la administración pública nacional, empresas y sociedades, INDEC, Informes Técnicos vol. 10, n° 109, 2026. Descartamos aquí personal a nivel subnacional, que elevaría en más de tres veces el universo observado.

[4]Se utilizaron casos al azar de la plataforma Sistema de Contrataciones Electrónicas de la Administración Pública Nacional, en https://comprar.gob.ar/Default.aspx.

[5]“How much does your garment really cost? GSD, SMV & ASCS Explained for product developers”, ABCSeams, 2025. En https://tinyurl.com/3bnjavye.

[6]CCT 746/17, entre FONIVA y FAIIA, en https://tinyurl.com/3avydzz2.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *