Una cuestión de agenda

Fabián Harari – Editor Responsable

El gobierno no deja de festejar la perforación del 2% de la inflación. En realidad, una medición más rigurosa lo hubiera alejado de ese número: los servicios, tan subrepresentados en la cuenta, subieron casi el 3%. Lo cierto es que su mayor caudal no está exactamente allí (en julio, la inflación va a volver a subir a algo más del 2%), sino en haber sorteado el escándalo Adorni y, hoy por hoy, manejar la agenda política de cara al 2027.

Entre $Libra, Adorni, Andis y un gabinete lleno de ex funcionarios macristas y kirchneristas, el elemento puramente político, distintivo, de Milei, se perdió. El combate contra la “casta” ya es cosa del pasado. Por ese lado, no se van sostener, ni mucho menos ganar, adhesiones. ¿Qué queda? Algún logro económico. O, al menos, que el país no explote, como le pasó a los gobiernos anteriores.

En ese sentido, está realizando un giro económico y político más pragmático. Decidió abandonar cualquier proyecto de reestructuración “histórica” y poner todas las velas en la reelección. En el plano estrictamente financiero, descartó la estrategia 2025 de mantener un dólar “comprá campeón”, no abastecer al BCRA hasta que la cotización tocara el piso de la banda, no usar los swaps y armar cuanto blanqueo sea posible, esperando que se vacíen los colchones de ahorristas e inversores. El resultado ya lo conocemos: un dramático fracaso y una corrida salvada por Scott Bessent, más un reaseguro cambiario de 15.000 millones de dólares.  

En una economía endeble, que pierde aceleradamente su capacidad de recaudación, con pocas inversiones importantes y con un Estado que no muestra capacidad de pago, se anticipa inevitablemente otra corrida, para la segunda mitad de este año o para inicios de 2027. El empresariado no cree que el dólar esté en el punto de equilibrio, ni que el gobierno lo pueda sostener por mucho tiempo. Por eso, los seguros de cambio aumentaron a u$s 8.000 millones. Caputo ya sabe que no puede contar con los colchones y que el auxilio del norte se presenta más que dudoso. Ergo, presentó un plan algo más “heterodoxo” para reforzar el cepo: armar un colchón para el Central de entre 20 y 25 mil millones, de los que ya compraron 12.000 (aunque 6.000 son para vencimientos de deuda). Eso implica, primero, pedir prestado, por ahora, fuera del mercado internacional de capitales: a los bancos locales o a “estados” extranjeros. Segundo, imprimir pesos para comprar dólares, con el riesgo de alentar la inflación. Tiene que hacerse su propia red con lo que tiene. 

Por el otro lado, luego de aniquilar el consumo y llevar a la quiebra a miles de unidades productivas, el gobierno se da cuenta que, en este escenario, una mayor baja de la inflación no le va a aumentar el caudal de votos. Con el 58% de los hogares endeudados para cubrir gastos corrientes, casi un 20% de los deudores sin poder pagar y un 66% de las muestras en las encuestas, que evalúan negativamente la economía, pensar en ganar votos se hace muy difícil. ¿Solución? Bajar las tasas de interés y elaborar planes de pagos para los endeudados. Por ahora, como “plan platita”, es poco y lleva sus riesgos: la baja de la tasa desalienta el carry trade y vuelca la demanda hacia los dólares.

Toda esta estrategia financiera tiene dos flancos endebles. El primero es el fondo de todo esto: se trata de un “rulo” financiero sobre una economía que se achica cada vez más en relación a su población. El segundo son factores coyunturales. Por un lado, el recrudecimiento de la guerra en Irán vuelve a hacer subir el precio de los combustibles y recalienta la inflación a nivel mundial. Por el otro, la Fed mostró su independencia frente a Trump: Kevin Warsh anunció que se acabaron los rescates y que la tasa no va a bajar, sino que puede subir aún más (con mayores problemas para la toma de deuda argentina y menores incentivos para la entrada de capitales). A eso, hay que sumarle las elecciones en países claves para la estrategia libertaria. En octubre, Brasil, donde el favorito es Lula. En noviembre, en EE.UU. y en Israel.  En el primer caso, se espera una derrota del Partido Republicano y la pérdida de la Cámara de Representantes (en el Senado, habría más paridad). No solo se disiparía la posibilidad de un rescate como el de 2025 (ya negado por el propio Warsh), sino que se pondría en juego los apoyos en los organismos internacionales. El caso de Israel es similar, una derrota de la coalición de Netanyahu en manos de un gobierno más moderado y más ligado a Europa, quitaría a Milei de otro aliado de peso.

Es, no obstante, en el aspecto político donde el gobierno muestra una mayor iniciativa. Descartado Adorni, junto con el capricho de Karina (que comprometía toda la estrategia parlamentaria y exponía al gabinete a una fractura irreconciliable), el empoderamiento de Santilli representa la reducción de los ruidos internos, desplazando al Mago del Kremlin de casi todo lo que le quedaba: ARSAT, Correo y ENACOM. Se hizo, no con personal de confianza de la Hermana, sino con el personal del macrismo. Pudo haber eliminado a Santiago, pero si va a actuar creyendo que Santilli y Cristian Ritondo son meros peones de su voluntad, estará cometiendo un severo error político.

De la misma forma que se arma un gabinete PRO, pero sin Mauricio, se impulsa la política electoral de Caputo (Santiago), pero sin el Mago. En 2025, a instancias de Karina y Pareja, LLA armó listas “puras” en las provincias, enfrentando a gobernadores aliados. No le fue mal, pero, para 2027, se decidió llevar adelante aquellas alianzas aconsejadas por Santiago: el gobierno nacional no presentaría lista propia a cambio de que las listas provinciales lleven a Milei y que sus legisladores levanten la mano para el paquete de leyes que se van a tratar: Súper RIGI, Hojarasca, Zonas Frías, Inviolabilidad de la Propiedad Privada, Inocencia Fiscal, y las más importantes, que son la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y la reforma electoral. La primera, para dar “independencia” al Banco Central, como en Perú. La segunda, básicamente, para eliminar las PASO. Si esto último se aprobara, Milei evitaría que se formase un gran frente opositor, que dirimiese candidaturas en una interna abierta y, en un escenario más fragmentado, podría evitar un balotaje.

Lo cierto es que, por estos días, fuera del Mundial, solo se discuten las iniciativas gubernamentales. La oposición no tiene agenda propia. El peronismo no tiene ninguna propuesta y solo atina a seguir desgarrándose en internas, en las que ya no son dos contendientes, sino tres (Kicillof, Cristina y el Peronismo Federal). El resurgimiento del caso Insaurralde vuelve a golpear en el corazón del cristinismo, pero no deja de salpicar esquirlas en todo el espacio. Cristina ve como su poder se diluye progresivamente, pero mantiene su capacidad de intervenir. Kicillof está cercado por Máximo y Massa en la legislatura provincial y necesita negociar la reelección indefinida de los intendentes, si quiere apoyo territorial. Axel necesita de las PASO para presentar su propia lista y negociar en una posición de fuerza. A Cristina, en cambio, la eliminación de las primarias no le vendría tan mal: obligaría a todo el mundo a pasar por San José 1111. En cambio, si hubiese PASO, ¿qué candidato pondría? ¿Massa? ¿Uñac?

La izquierda, ya sabemos, se dedica a reaccionar “al ajuste”. No tiene ninguna propuesta en agenda y ninguna iniciativa. Ya vimos, en la editorial pasada, el vergonzoso espectáculo del primer debate (que debía ser el primero de otros tantos, pero por ahora es el único…). Está a la espera que la imagen de Myriam Bregman los exima de pensar una intervención seria y original. Eso, si siguen juntos y el PTS no prefiere salir finalmente del clóset y entremezclarse con elementos del peronismo.

Las encuestas dicen que el gobierno dejó de caer en la consideración del voto. No puede todavía tomarse el dato como un cambio de tendencia. Para 2027 falta una eternidad y cualquier cimbronazo puede alterar esos números. Lo interesante del escenario es la encuesta que mostró Pagni sobre los jóvenes de las capas más bajas de la clase obrera en el Conurbano. El peronismo perdió un cuarto de las adhesiones. LLA perdió un 43%. Más de la mitad de los votos, que perdieron ambos, fueron al voto en blanco. Eso significa que hay un fuerte descontento en esa franja de la población, que no puede ser canalizado por ningún partido y Bregman todavía no puede atraerlo. Es, claramente, una oportunidad para cualquier programa socialista, que tenga una propuesta real y concreta.

Se trata de un sector sumamente vulnerable. No solo en términos económicos, sino vitales. En Argentina, los suicidios crecieron un 90% en nueve años. Más que los homicidios y los accidentes de autos. Pero es la principal causa de muerte entre la población que ronda entre los 14 y 35 años. Un proceso similar se vivió en América, ante la conquista en el siglo XVI, y provocó el descenso demográfico más importante de la historia continental. Un gran historiador, Ruggiero Romano, lo llamó “desgano vital”: no hay ganas de vivir en una sociedad así. Esta sociedad, esta forma en que vivimos, conducida por la burguesía argentina es responsable de la masacre de miles de chicos y chicas inocentes. Frente a este escenario, no hay fuerza política que logre imponer una agenda propia. No porque sean cobardes o corruptos, sino porque no tienen qué decir. Les faltan ideas. No ideas generales, sino concretas: qué hacer con el país. Y, sin eso, toda voz se transforma en un grito sordo. Esta publicación, como todo lo que hace Vía Socialista, viene a cubrir ese vacío. 

16 de julio de 2026

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