Trotsky en México: antecedentes de la falta de vocación de poder

Marina Kabat

Vía Socialista

La historia del trotskismo fue escrita centralmente por trotskistas. Por eso, escasean los análisis críticos. Trotsky vive poco tiempo en México. Por la naturaleza de su exilio y la amenaza que pesaba sobre su cabeza, el revolucionario ruso no entra en este país en contacto con amplios círculos sociales. Por el contrario, sus relaciones se ven limitadas al estrecho núcleo del trotskismo mexicano. Aún así, sus escritos sobre Latinoamérica son considerados “palabra santa”. Pero, en su momento, los trotskistas mexicanos desafiaron la visión de su líder.

¿Demasiado atrasados para la Revolución Permanente?

¿Podía México saltar etapas y avanzar a la revolución socialista? Este interrogante  generó discusiones de Trotsky y Charles Curtis con los trotskistas mexicanos. Curtis, norteamericano, comisionado en 1938 para reorganizar la sección mexicana de la Cuarta Internacional, se queja de que los mexicanos no entienden que la teoría de la revolución permanente está pensada para países industrializados avanzados y pretenden aplicarla también a México:

“Ante todo, hay una incomprensión de la cuestión del salto por encima de las etapas. La literatura del movimiento revolucionario está redactada principalmente desde el punto de vista de los países industriales avanzados, y sólo comprendida a la luz de esos países. Así, por ejemplo, es como nuestros camaradas mexicanos comprenden esta cuestión de saltar por arriba las etapas. ¿Por qué en México no saltar las próximas etapas y llegar directamente a la de la revolución proletaria?

No se ha hecho ningún esfuerzo por considerar al movimiento desde el punto de vista de la realización de las tareas democráticas. No se tiene la costumbre de pensarlas de esta manera y se dio origen así a múltiples malentendidos e incomprensiones. Por ejemplo, es un verdadero problema en México, las relaciones entre la burguesía liberal y nuestro movimiento, la IV Internacional. Cuando se trata de corregir a los camaradas mexicanos, estos plantean la revolución permanente como una abstracción y retoman su cantinela: ‘El camarada Trotsky niega sus principios para México, porque quiere conservar su asilo’. No se expresa siempre así tan claramente, pero ese es el pensamiento de los camaradas”

A lo que Trotsky responde:

“…el esquematismo en la fórmula de la revolución permanente puede convertirse, y se convierte cada tanto, en extremadamente peligrosa para nuestro movimiento en América Latina.

Que la historia pueda saltar etapas, es evidente. (…) El proletariado puede saltar la etapa de la democracia, pero nosotros no podemos saltar las etapas del desarrollo del proletariado.

Creo que nuestros camaradas, en México y fuera de él, tratan de manera abstracta, en lo que concierne al proletariado, e incluso a la historia en general, de saltear, ya no con las masas por encima de ciertas etapas, sino por encima de la historia en general, y sobre todo por encima del desarrollo del proletariado.”

El argumento central sería que el proletariado aún no se habría desarrollado en México. Quizás estarían pensando en la importancia de la población indígena y del campesinado en ese país. Sin embargo, el campesinado era central en Rusia. Además, el proletariado rural, al que gran parte de los grupos indígenas pertenecían, era importante en México. Según datos que publica Fernández en la revista Clave, los jornaleros eran más numerosos que los campesinos. Diego Rivera también en dicha publicación, escribe contra la política indigenista de la Iglesia en México, que busca separar a los indígenas del resto del proletariado rural.

Contra Cárdenas, no. Contra la burocracia sindical creada por Cárdenas, sí.

El conflicto estalla por cuestiones más mundanas. Cuando grupos disidentes, entre ellos el encabezado por Diego Galicia, impulsan campañas contra la inflación responsabilizando al gobierno de Cárdenas, Trotsky los critica y plantea que estas son tareas menores, en relación a la lucha contra la burocracia sindical.

“…en México, más que en cualquier otro lado, la lucha contra la burguesía y su gobierno consiste ante todo en liberar a los sindicatos de su dependencia respecto al gobierno.Formalmente, en los sindicatos mexicanos está todo el proletariado. La esencia del marxismo consiste en proporcionar una dirección a la lucha de clases del proletariado. Pero ésta exige su independen­cia de la burguesía. […] La lucha de clases en México tiene que estar orientada a ganar la indepen­dencia de los sindicatos del estado burgués”, dice Trotsky en una carta a Cannnon el 15 de abril de 1938. Prosigue: “Todo lo demás son bagatelas, charlas, intrigas, traición pequeñoburguesa y pesimismo. Y Galicia no es ningún principiante en esta clase de traiciones y pesimismos”.

En lugar de enfrentar al gobierno de Cárdenas, que bajaba los salarios reales, Trotsky propone luchar contra las direcciones sindicales cooptadas por dicho gobierno. Pero, esto lleva a una trampa ¿cómo enfrentar a las burocracias sindicales por someterse a los gobiernos populistas, sin cuestionar a esos gobiernos?

Trotsky no solo criticó a los trotskistas mexicanos por su campaña contra la inflación y la caída de los salarios reales. También cuestionó a los pintores que, como Frida Kahlo y Diego Rivera, se opusieron a la censura de un mural que caricaturizaba a Hitler y Mussolini y a quienes criticaban la forma en que se desarrollaron las nacionalizaciones. En todos los casos justificó a Cárdenas, porque actuaría constreñido por presiones imperialistas. Mientras los trotskistas mexicanos calificaban a Cárdenas de representante de la casta militar- policíaca, Trotsky lo consideraba un héroe, comparable a Lincoln. Las diferencias eran mayúsculas. No es extraño que la sección mexicana finalmente fuera desconocida por la IV internacional.

¿Y ahora?

Algunas de las posiciones de Trotsky luego fueron abandonadas por el trotskismo latinoamericano. Pero, hasta hoy persiste una mirada complaciente con los populismos de la región y se otorga prioridad a la lucha sindical antiburocrática frente a la disputa política por el poder. ¿No habrá llegado el momento de abandonar los dogmas y cambiar la historia?

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