Perón, el inventor de la “Memoria Completa”

Marina Kabat
Vía Socialista

Por más que Milei y sus secuaces se crean muy originales, con su lema “Memoria Completa”, no hacen más que repetir un viejo dogma de la clase dominante. Se podría decir que se trata de una nueva versión de la teoría de los dos demonios. Esto es, la idea de que dos grupos extremos, igualmente malos y extraños a la sociedad, se enfrentaron y tomaron por rehén a la gente común ajena al conflicto.
Hay varios puntos en común: la memoria completa, como la teoría de los dos demonios, deja de lado la planificación sistemática de la represión por parte del Estado y borra la lucha de clases, en la que el conjunto de la sociedad estaba inmersa. Pero la teoría libertaria va más allá: bajo el pretexto de que se ha ocultado una parte de la verdad, la consigna viene, en realidad, a marcar los supuestos crímenes de la izquierda y validar los de la derecha. Estas últimas terminan borradas o casi plenamente justificadas, a través del énfasis puesto en las acciones que se condenan y el manto de piedad sobre otras (de las que no se habla). Esto pudo verse claramente con los videos que el gobierno difundió el pasado 24 de marzo.
Lo interesante es que esta operación ideológica, que Milei ofrece en forma retrospectiva, fue construida en tiempo real por Perón. El primer ejemplo lo tenemos apenas pisó el suelo argentino. En su cadena nacional del 21 de junio de 1973, tras la masacre de Ezeiza, señaló:

“Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro será el enemigo común que debemos combatir sin tregua porque no ha de poderse hacer ni en la anarquía que la debilidad provoca ni en la lucha que la intolerancia desata. Conozco perfectamente lo que está ocurriendo en el país; los que crean lo contrario se equivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una posguerra civil, que, aunque desarrollada embozadamente, no por ello ha dejado de existir, a lo que se suman las perversas intenciones de los factores ocultos que desde la sombra trabajan sin cesar tras designios no por inconfesables menos reales […] Todos tenemos el deber ineludible de enfrentar activamente sus enemigos.[…] Los peronistas tenemos que retornar a la construcción de nuestro movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba. […] no hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología somos lo que las 20 verdades peronistas dicen. No es gritando ‘la vida por Perón’ que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos. Los que ingenuamente piensan que pueden copar nuestro movimiento o tomar el poder que el pueblo ha reconquistado se equivocan.
Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran los muchachos que levantan banderas revolucionarias. Los que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos o se empeñen en peleas descabelladas no pueden engañar a nadie […] Por eso deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal […]
A los enemigos embozados encubiertos o disimulados les aconsejo que cejen en sus intentos porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento. “

Más allá de las referencias a un lado o a otro, a distorsiones de la doctrina por arriba o por abajo, es clara la culpabilización a Montoneros, que grita “la vida por Perón” y se empeña en “peleas descabelladas”. Su infiltración será combatida por los viejos peronistas (como Osinde y Rucci, artífices de la matanza de Ezeiza). Y contra ellos “tronará el escarmiento”.
Luego, en videos de archivos de la radio y televisión argentina, pueden verse entrevistas en las cuales Perón niega la ola de atentados de derecha. En una entrevista casual, desmiente los hechos y aconseja que, si hubiera un caso real, debiera denunciarse en la comisaría, que la Policía lo resolvería. Hoy se sabe que las autoridades de esa Policía, por él promovidas o reintegradas a la fuerza, tenían un rol dirigente en la Triple A. En conferencia de prensa, ante una pregunta de Ana Guzetti sobre las actividades de grupos parapoliciales, pide que se le inicie una causa a la periodista por su afirmación. “Esos son asuntos policiales que estaban provocando entre la ultraderecha y la ultraizquierda, que son ustedes […]. El gobierno, el Poder Ejecutivo, lo único que puede hacer es detenerlos a ustedes y entregarlos a la justicia.” Y aclara después: “detenerlos a ustedes y a los otros”.
Muerto Perón, sus sucesores mantuvieron esta política.
Por ejemplo, en 1975, hay un malestar por las continuas amenazas a artistas y periodistas. Después de muchas gestiones y reclamos que hacen entidades gremiales, ADEPA (Periodismo) o la Asociación Argentina de Actores, el ministro del Interior, Rocamora, se compromete a una declaración condenando el terrorismo. A fines de mayo, sale esta comunicación, pero la misma no se refiere particularmente al grupo afectado, por el contrario, parece minimizar el problema. Los diarios titulan: “La subversión actúa contra todos”. Rocamora habla del terrorismo en general, incluyendo a la izquierda. A la vez, minimiza el terrorismo de derecha, al considerarlo un problema menor porque su acción es solo “esporádica” y agrega: “Cabe aclarar que el Estado no ha protegido ni protege ninguna clase de delitos y menos los que atentan contra la seguridad pública”. (Última Hora, 27 de mayo de 1975).
Como puede verse, el título de la nota, trata de correr el eje de las amenazas a los actores y periodistas, que había ganado la opinión pública y redirigirlo hacia el problema de la subversión, que afectaría al conjunto de los ciudadanos. Las declaraciones del ministro pueden considerarse un acto de ocultamiento. En ese momento, lejos de un accionar eventual, la Triple A cometía más de un asesinato por día.
Un día después, Rocamora vuelve sobre el tema, reitera sus dudas respecto a que el asesinato del periodista Jorge Money fuera atribuible a la Triple A (efectivamente responsable de esta muerte) y acusa a la oposición de ser responsable del estancamiento de la investigación sobre el terrorismo por no colaborar con el gobierno. También señala que los mismos senadores que denunciaron el asesinato del hijo de Ongaro no dijeron nada del asesinato ocurrido ese mismo día de otro gremialista, asesor honorario de la Cámara de Diputados, ni de cuando mataron a un joven oficial del ejército (Última Hora 27 de mayo de 1975).
Para el peronismo en el poder, hablar de enfrentamientos de ultraizquierda y ultraderecha era una forma de abstraerse del conflicto y presentarse como árbitro neutral. Pero, a la vez, como era responsable de la represión de derecha, cargaba las tintas sobre la izquierda y desviaba cualquier acusación a la derecha. Es decir, como la represión parestatal era una política estatal (oficialmente, no reconocida), si bien es parcialmente condenada, se la defiende. En última instancia, las acusaciones recaen siempre sobre la izquierda.
Como se ve, Milei no inventa nada. Usa las mismas justificaciones, porque lo que Perón hizo (atacar impunemente a la izquierda) él desearía poder lograr.

16 de julio de 2026

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