La parte y el todo en el debate educativo

El Aromo, Tercera Época, N° 9, 1° quincena de septiembre de 2026

Romina De Luca

Vía Socialista

Al calor del debate que abrió el proyecto de Ley de Libertad Educativa, recientemente se reflotaron algunas discusiones acerca de los factores que explican el rendimiento de los estudiantes. En general, se busca minimizar el impacto del contexto social en el rendimiento académico final, para enfatizar sobre el peso de la gestión escolar. Darle más poder a las escuelas aparece, entonces, como la solución posible a la debacle educativa de décadas. Así, ejemplos de escuelas en contextos sociales “vulnerables”, es decir, en los rincones más pobres en los que vive la clase obrera, con buenos resultados académicos serían muestras de que la buena gestión hace la diferencia. Algo que puede ser individualmente cierto, aunque la totalidad es mucho más que la mera suma de las partes. El principal problema reside en el poder de las determinaciones: un caso verdadero no necesariamente puede escalarse a todo el conjunto. Porque el sistema educativo no puede pensarse como una confederación de individualidades, léase, de escuelas particulares haciendo cada una lo que considere. Veamos.

Factores que condicionan el rendimiento

Recientemente una nota de INFOBAE recuperó un informe de Argentinos por la Educación, de abril de 2025, que reflexionaba sobre el rendimiento de las y los estudiantes, a partir de los datos de las pruebas Aprender 2023. En particular, mostraba la influencia del contexto socioeconómico, pero también de otros factores como el impacto del clima escolar, la antigüedad del equipo de conducción, la formación docente y las horas de clase efectivas en los resultados obtenidos para lengua y matemáticas en 6° grado. El título del informe otorgaba la pista para ordenar la información: el nivel socioeconómico no lo define todo. Una verdad a medias.

El informe mapea el rendimiento de las y los estudiantes según cuartil de nivel socioeconómico y por tipo de gestión. Muestra que incluso en el nivel socioeconómico más bajo existen escuelas cuyo rendimiento se ubicaba un 25% por encima de la media. Entonces, reflexiona sobre los aspectos educativos que hacen esa diferencia.

Pero, lo cierto es que el corazón del informe muestra el peso híper determinante del nivel socioeconómico. Porque, por un lado, describe la desigualdad en el rendimiento del sector estatal y privado y entre los cuartiles de nivel socioeconómico, esto es, ricos versus pobres. En realidad, se trata de un mismo fenómeno porque el sector privado tiene un sesgo de clase en su reclutamiento que luego se expresa en un rendimiento académico por encima de la media. Por el contrario, la mayoría de las escuelas del sector estatal se ubican por debajo de la media. El único caso que pareciera romper el “molde” es Formosa, provincia cuyo Índice Nacional de Transparencia (Intra) se encuentra en el fondo de la tabla y requiere un tratamiento específico. Lo que resulta importante destacar es que, más allá de casos puntuales, el peso del nivel socioeconómico sigue siendo el más determinante si se lo combina con otro aspecto que el informe reseña: el contexto previo al rendimiento escolar. Allí, se recupera información sobre el nivel educativo de las familias, la presencia de libros o material de lectura en el hogar y la asistencia o no al nivel inicial. Todos estos elementos remiten a las condiciones de vida de la población, inclusive la asistencia al nivel inicial ya que los que menos asisten son, precisamente, los niños y niñas de las familias más pobres de un circuito que históricamente tuvo una baja cobertura estatal. En promedio, un cuarto de las chicas y chicos del menor quintil de ingresos no asisten a las salas de 3 a 5 años. Cabe destacar que, en promedio, el 45% no asiste a sala de 3 y dentro de las fracciones más pobres, no asiste 6 de cada 10. Solo la sala de 5 es relativamente universal en los últimos años lo que promedia la asistencia 3-5 hacia arriba. Si agregamos que la presencia de libros en el hogar y un entorno lector preparan distinto las habilidades -para empezar, el mero conocimiento de palabras- con las que llegarán al nivel inicial entendemos que lo no educativo incide fuerte en lo educativo. De hecho, las pruebas PISA determinan que incluso la ventaja que le sacan los estudiantes de mayor nivel socioeconómico a sus pares pobres puede llegar a equivaler a cuatro cursos/años completos a los 15 años, muchísimo más incluso que la ventaja medida por días de clase caídos que en toda la escolaridad equivalente a un curso en los casos más extremos.

El informe no desconoce que esa realidad incide, pero busca determinar cuáles de la vida escolar pueden explicar una mejora. Como señalamos más arriba refieren a la antigüedad de docentes y directivos, horas de clase diarias, clima escolar percibido y la formación docente. Lo cierto es que, en el estudio de referencia, en las escuelas vulnerables que rindieron por encima de la media, los docentes no tenían un porcentaje extra de mayores títulos, pero el elemento que sí incidió fue una menor concentración de estudiantes por aula. De hecho, esa es la variable con mayor peso diferencial junto a la antigüedad del plantel docente y directivo. Una lección que debería tenerse en cuenta cuando se cierran salas y grados en todo el país por la caída de la natalidad. Finalmente, lo cierto es que esos indicadores también tienen un correlato material que no puede pensarse en abstracción de lo educativo porque “hacen” a lo educativo. Veamos.

Las bases

Mucho se habla desde los distintos gobiernos de la rotación docente en las escuelas y/o la ausencia de capacitación. Inclusive la reciente reforma laboral del Estatuto Docente porteño incluye estas nociones impidiendo traslados, premiando la permanencia en una escuela para ascensos, valorando la capacitación y castigando las faltas. Pero nada de eso opera en el vacío como supone el gobierno. En principio, las y los docentes por el contrario se capacitan y mucho. De hecho, es “milagroso” que lo hagan en las condiciones de trabajo en que se desempeñan. En efecto, no hay dudas que la capacitación continua crea mejores docentes. Pero el principal problema es que ella no puede pensarse “en abstracto” sino en el marco de condiciones laborales muy concretas. En Argentina, hoy los salarios docentes son los más bajos en 20 años. La pérdida de poder adquisitivo es generalizada y alcanza a 22 de las 24 jurisdicciones. Esa caída se acentúa mucho con el ascenso de Javier Milei a la presidencia en diciembre de 2023, pero en un contexto de un gasto educativo en franca caída desde 2016-17 y relativamente estancado desde 2011. Una de las mayores pérdidas de poder adquisitivo, desde 2019, se registra en la provincia que es un país dentro del país: Buenos Aires. Allí, el salario cubre el 62% de la canasta básica total perdiendo un 23% de poder adquisitivo desde 2019, según los análisis de Morduchowicz y Caracoche, para el cargo con 10 años de antigüedad.

Esa realidad, es la que hace que la docencia tenga que trabajar doble turno y/o recurrir al pluriempleo, cuadro que se agrega a las tareas de cuidado -de una profesión ampliamente feminizada como la docencia- y al trabajo no pago necesario para la labor docente -corregir, planificar, etc. Esas condiciones son un serio obstáculo a la formación continua docente al carecer de tiempo real para capacitarse seriamente. También explican la gran rotación en las aulas: tomar en un cargo en algún lugar para completar ingresos, obliga a revisar toda la logística ya estructurada, problema que se agrava en el interior donde la docencia muchas veces trabaja en departamentos distintos o debe viajar cientos de kilómetros en ausencia de transporte público asegurado. No se trata de “no querer” una escuela en particular sino de la incansable búsqueda de mejoras laborales que engarzan en un gran tetris familiar y laboral.

La mayor cantidad de horas de clase también debe examinarse a la luz de la base material. Recordemos que ya hace 20 años, la Ley de Educación Nacional promulgó la jornada extendida o completa para todas las escuelas y recien postpandemia se generalizó la 5° hora de clases para el nivel primerio (hora + hoy día). Debería ser el estado el que garantice ese proceso, pero, como dice la canción, todavía esperamos. Y recordemos que la Ley de Libertad Educativa fija una carga de cursada obligatoria menor con lo cual ya sabemos su posible respuesta futura.

Precisamente el problema en el debate actual reside en suponer que esos elementos inciden de manera aislada. Por el contrario, la fragmentación, inmediatez y, en el mejor de los casos, voluntarismo se imponen en esa lógica donde cada institución debe seguir su cambio diferencial. Además, para escalar ejemplos particulares, hace falta un Estado central que planifique qué hacer, dónde, tomando qué. Y sobre todo que no haga abstracción de eso que incide en el 65%: resolver el contexto socioeconómico. Solo en ese cuadro lo educativo tendrá el despliegue merecido.

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