El rumbo

El Aromo Tercera Época – N° 11 – 3 de octubre de 2026

El Mago del Kremlin hace tiempo que perdió su magia. En estas dos semanas, quedó en evidencia que ya no le salen ni los trucos. Encargado de las relaciones internacionales, no solo fracasó en Nueva York y en Paris, sino que dejó desamparado al frente interno.

El discurso en la ONU no sirvió ni para una entrevista con Trump, que ni se quedó a escuchar a su protegido, mientras sí se juntó con Lula. Mientras ese “zurdo” se reunió con 20 mandatarios, Milei solo lo hizo con el marginado Netanyahu. Nada. No consiguió nada. Ni siquiera algún avance por Malvinas. El Departamento de Estado, recientemente, dejó muy en claro que nunca modificó su posición de “neutralidad”. Es lógico: para los EE.UU., el pasaje más importante hacia Asia es el Ártico, que con el cambio climático será un paso mucho más rápido y navegable que el Atlántico Sur. Mientras el primero, además, pasa por Europa, el segundo lo hace por Uruguay, Argentina y Chile. La comparación es innecesaria. No había que ser un gran analista internacional para entender que, si Trump estaba cerca de un entendimiento con Dinamarca, el espejismo malvinense tendría poca vida. En cambio, el “zurdo” Kicillof logró una entrevista pública con el dirigente con mayor proyección de los EE.UU. (Mamdani) y convocar a importantes empresarios a su mesa. Entre ellos, José Luis Manzano, quien así paga al gobierno la entrega del paquete accionario mayoritario de Metrogas.

Paris fue otro fracaso. El objetivo era menos conseguir inversiones que seducir a los gobernadores. Ni una cosa ni la otra. Macron está en medio de una crisis política y una crisis social, asediado por una serie de movilizaciones contra su plan de austeridad. De un lado, no se llevó más que promesas, exageradas por los funcionarios frente a la prensa. Del otro, no consiguió asegurar un solo voto para la suspensión de las PASO. Los gobernadores se reunieron por separado con los inversores, como es la dinámica de la política en Argentina desde que se provincializaron los recursos y, sobre todo, desde que estos se “expandieron” hacia lo que Sarmiento consideraba “el desierto”.

Todo esto para descuidar una de sus bases más importantes: los empresarios locales, a los cuales el gobierno desairó en el coloquio de IDEA. Allí, las dos figuras descollantes fueron Patricia y el fiscal Luciani, en ese orden. La senadora no solo suscitó la mayor atención empresarial, sino que incluso fue interpelada para lanzarse por su cuenta. Ella no dijo que no. Simplemente, señaló que, para eso, hace falta que suba la intención de voto al espacio. En cambio, el presidente, saliendo en forma remota, dio un espectáculo lamentable, que muestra la convicción del Círculo Rojo de que, más allá de las coincidencias con el proyecto en términos generales, esa no puede ser la cabeza del equipo conductor. Quedan pocas dudas de los problemas de salud mental del presidente y de la crisis política que se desataría en el transcurso de un hipotético segundo mandato, por el inevitable agravamiento del cuadro del personaje. Crisis cuya envergadura podría estar atenuada o agravada por el desenvolvimiento de las variables económicas, pero cuya inminencia es indiscutible.

Gran parte del futuro de este gobierno se juega en las elecciones de Brasil, de este mes, y de los EE.UU., en noviembre. Se diría que las primeras son más importantes y Milei necesita que gane Lula, para seguir siendo el aliado más importante del continente. Hoy por hoy, se hace muy difícil para Trump tratar de emular a Monroe, sin México, Brasil, ni Canadá. En caso de un triunfo de Flavio Bolsonaro, la Argentina pasaría a ser un aliado de segundo orden regional y Bessent lo pensaría dos veces antes de emprender un rescate como el del año pasado. Pocas elecciones en el planeta muestran una diferencia tan grande entre la repercusión internacional y la local. Así como es importante para la Argentina, también lo es para el resto del mundo. Brasil es la economía más importante de Sudamérica y allí se juega otro casillero en la disputa entre China y EE.U. Xi Jinping, por primera vez en toda su carrera política, intervino expresamente en un proceso electoral externo, exigiendo que no haya interferencias “exteriores”. Fuera de eso, pocos mandatarios evitaron hablar del tema. De todas formas, ningún resultado va a amenazar el lugar de la potencia oriental en la economía brasileña, ni su lugar en los BRICS. En particular, su relación con el Mercosur, a través de la automotriz BYD, la Great Wall Motor (que adquirió la fábrica de Mercedes Benz, en San Pablo) y la fábrica de electrodomésticos Medea, en Minas Gerais. 

Sin embargo, para la clase obrera brasileña la diferencia es casi inexistente. No hay grandes debates sobre el rumbo económico. Es más, el escándalo del empresario Daniel Vorcaro salpicó a ambos candidatos por igual. Un tema muy poco mencionado por los medios argentinos y cuyo alcance está a la altura del “Mensalao” y el “Lava Jato” …

Resulta que Vorcaro era un banquero que intentaba influir en la política mediante sobornos y fiestas privadas. Para ello, se hacía traer mujeres eslavas a las que prostituía y encerraba, de tal forma que no pudieran socializar, adquirir el idioma y entender lo que tramaban políticos, jueces y empresarios en esos contubernios. Vorcaro cayó por ser parte de una estafa piramidal de su entidad, el Banco Master. Se descubrió entonces que tenía vínculos con ambos bandos. Por un lado, había puesto plata para la realización de un film reivindicatorio de Jair Bolsonaro y financiado a un ministro y líder del partido, Ciro Nogueira, pero también a otro joven diputado y promesa del espacio, Nikolas Ferreira. Del lado del PT, el jefe de la bancada de senadores, Jaques Wagner, recibía 500.000 dólares mensuales, a cambio de favores políticos. Los movimientos de Vorcaro no se limitan a los partidos, también tuvo relación con jueces del Tribunal Supremo: Dias Toffoli, Nunes Marques y nada menos que Alexandre de Moraes, quien encabezó la investigación contra Jair Bolsonaro. En este contexto, no es extraño que se proyecte un abstencionismo muy alto para los estándares históricos de Brasil.

En un contexto de decadencia de los partidos tradicionales y del inicio de un viraje no solo hacia nuevas figuras, sino incluso hacia la izquierda (Mamdani, Die Linke), la crisis y la recesión que arrastra Milei aquí parece no ser capitalizada más que por otros del “modelo”. Por fuera de eso, tenemos un candidato que no sabemos si es oposición y una oposición que no sabe si tiene un candidato. En el mismo día, uno lanzaba tímidamente su candidatura (pero sin confirmarla tajantemente) y otra organizaba una protesta cuyo contenido era la “bronca”.

De un lado, Kicillof armó un acto en Avellaneda, donde convocó a intendentes, dirigentes sindicales y legisladores. Todo estaba dado para anunciar la candidatura presidencial, pero el ungido no dijo lo que tenía que decir. Ni los carteles anunciaban lo que se pretendía se iba a anunciar. Es claro: está mostrando fuerza, pero quiere esperar al veredicto de los gobernadores. Demasiado timorato para un líder. Máximo puede ser menos diplomático, estar muy debilitado y, tal vez, desde ese lugar, tenga menos para perder. Pero su mayor vocación de liderazgo es indiscutible: proclamó a su madre como candidata. Puede no ser sensato, pero es lo que hace todo líder.

Con todo, lo más interesante es el discurso. Una hora y doce minutos: no se puede decir que no tuvo tiempo. En ese lapso, no se mencionó una sola medida de gobierno. Ni una sola. ¿Qué va a hacer con la inflación? No se sabe. Quiere un trabajo digno. ¿Qué va a hacer con el empleo informal? ¿Cómo va a aumentar el salario? Quiere “producción”. ¿Qué ramas de la economía va a impulsar? Habla de la necesidad de la Ciencia y la Universidad pública: ¿va a cumplir la ley de financiamiento? ¿Va a otorgar un aumento a los investigadores y docentes universitario? ¿Hacia dónde se van a orientar las investigaciones? Otras preguntas: ¿qué va a hacer con la inflación? ¿Y con el dólar? ¿Qué relación va a tener con el resto de los países? Quiere “integración” y “federalismo”, ¿cómo se complementan estos polos antagónicos? Quiere una crítica a la experiencia kirchnerista anterior. ¿Cuáles son los errores que no deben repetirse? En fin, nada. No sabemos en qué consisten esas nuevas canciones. Como no sabemos qué quiere hacer, tampoco sabemos cuán lejos o cerca está de las políticas de este gobierno.

Del otro lado, Myriam Bregman y el PTS se lanzan a una aventura en solitario y dejan al FITU esperando como Penélope. “Si sale mal, volvemos”, le dicen. El grado de humillación a la que someten al resto de los partidos es asombroso. En parte, hay una certeza: ese frente está muerto hace mucho tiempo. Incluso, en la marcha, luego del documento, cada partido hizo su propio acto. Lo cierto es que el PTS no hace algo muy distinto de lo que hacía el FITU en su conjunto. La marcha de la “bronca” anticipa en el título su verdadero contenido: la impotencia. Se dice que hay que “unir” las luchas, pero no hay luchas en curso. Se empuja de “luchar”, pero no se sabe para qué. “Contra Milei” no es un programa. Eso también puede decirlo Kicillof, Hadad, Villarruel y hasta Bullrich, cuando haga falta. Era una gran oportunidad para proclamar una candidatura y obligar a definiciones. Pero no. Se apeló simplemente a la “huelga general”. No hay vocación de poder en términos programáticos ni en términos estrictamente políticos.

Quieren llamar a la “huelga general”. ¿Quién va a llamar a eso? La clase obrera ligada a los sindicatos no es mayoritaria. Pero, fuera de eso, ¿a qué sindicatos en lucha están apelando? ¿Qué proceso de ascenso de lucha obrera están viendo como para lanzar esa consigna? Más esquizofrénico parece todo cuando apelan, no a la clase obrera, sino a las “mujeres”, “jóvenes” y “disidencias”. Eso, por no hablar del coqueteo obsceno con el peronismo, al que Bregman no nombró en todo el discurso (incluso reivindicó frases de Cristina).

Las consignas son las de siempre y no tienen que ver con un programa de gobierno: no al pago de la deuda (desconociendo que el flujo histórico es al revés), monopolio del comercio exterior (que ya existe…). Un decálogo usado para todo tiempo y país, del que nadie espera demasiado. Párrafo aparte merece el “aumento de salarios”. Con más de la mitad de la clase obrera ocupada en negro y con una falta de empleo que ronda el 20% oficial (desocupación y subocupación), Bregman propone dejar en la miseria a dos tercios de los trabajadores, que para el PTS no son obreros, porque para esta gente ser obrero es una relación jurídica. No tienen idea del país en el que viven.

Hay, incluso, una contradicción fuerte en términos del instrumento y del trabajo militante: quieren construir un “nuevo partido”, pero su consigna es la “huelga general”. La huelga general implica la apelación a toda la clase por una reivindicación puntual y parcial. Un partido, reúne a la vanguardia con un programa político de poder e integral. No solo no saben qué hacer con el país. No saben qué quieren construir en la actividad cotidiana.

La desorientación general es producto de la que portan los principales líderes que hoy compiten o enfrentan a Milei. No saben dónde van, porque no saben a dónde hay que ir. El fracaso de este gobierno está ahí. La necesidad de la gente de una alternativa, también, junto con la impotencia de los opositores. Hace falta marcar un rumbo. Mostrar un objetivo y un itinerario, detallando los pasos, los medios de transporte y, lo más importante, el contenido social de la conducción.

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