El escenario vacío

Fabián Harari

Editor Responsable

La política argentina está inmersa en dos paradojas. La primera consiste en que un gobierno, que perdió alrededor de 5 millones de votos y que suscita un descontento creciente, todavía tiene posibilidades de ser reelecto en primera vuelta. La segunda es que, en una economía desplomada, sin haber liquidado la inflación y con penurias sociales crecientes, el oficialismo no solo conserva la iniciativa política, sino que no hay ningún proyecto opositor, de ningún tipo, en la agenda pública. No solo eso, sino que incluso el presidente se permite los exabruptos (o los brotes psicóticos, como se prefiera…) más inauditos, y en los lugares más inconvenientes, sin ninguna consecuencia por parte del sistema político, pero tampoco –digámoslo- de la población. Lejos de estar a la defensiva, el gobierno levanta la apuesta y arremete con una batería de reformas: Reforma electoral, Reforma del BCRA, Ley Grillete e Inviolabilidad de la Propiedad Privada, entre las más importantes.
La primera es trascendental, porque todas las baterías del gobierno están puestas en la reelección. Como dijimos en la editorial pasada, incluso sacrificando el armado político de la LLA (lo que va a costarle caro luego de 2027, tanto si reelige como si no). El caso es que comprometió a siete provincias a desdoblar la elección y tres más van en ese camino. Eso les permitiría a los gobernadores asegurar su distrito, más allá de las listas y disputas nacionales. Más aún cuando LLA se comprometió a no presentar listas “violetas”, para no dividir el voto antiperonista (como en San Juan y Neuquén) o ir con listas de unidad (Chaco, Mendoza, Chubut, San Luis, Jujuy y Entre Ríos). A cambio de eso (y de fondos, claro), los diputados y senadores deberían votar la suspensión de las PASO. No la eliminación, lo que parece imposible, sino que simplemente no se implemente en 2027. En el caso de CABA, se presenta un problema con las aspiraciones de Bullrich (¿O Santilli?) y la necesidad de traccionar los votos de Jorge Macri en una la primera vuelta. El caso es que, si logra esa suspensión (y no está nada lejos), va a poner al peronismo en un serio problema: si no logra consensuar un mecanismo de disputa interna, van a tener que rezar para que Milei no logre una alianza con el PRO que le permita llegar al 40% (alianza que no le va a salir barata).
Cuesta creer que la oposición sea una fuerza política que en la última elección presidencial provocó un 2001 electoral, que llevó a la población al desquicio de votar, justamente, por un desquiciado, por cualquier cosa con tal de huir de lo que había. Eso muestra que no solo se finge demencia con el presidente: también se finge demencia con la oposición. A tal punto que la estrategia del hoy principal presidenciable es, simplemente, no hacer nada, no exponerse. Está tejiendo lazos con los referentes y mandatarios provinciales peronistas, pero no va él, no busca la foto, sino que manda, sin mucha prensa, a sus colaboradores: Sileoni en Córdoba, Bianco en Entre Ríos, Gollán en Chubut y Javier Rodríguez en Santa Fe. Sin embargo, el frente más importante de Axel es la relación con los intendentes. En concreto, conseguir la derogación de la prohibición de la reelección indefinida, tanto de los jefes comunales como de los concejales. En el MDF los que no pueden reelegir son Fernando Espinoza (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Andrés Watson (Varela), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Mario Secco (Ensenada), Lucas Ghi (Morón) y Fernando Moreira (San Martín), entre los más importantes. A eso se suman 16 de los 27 intendentes radicales. La senadora provincial Ayelén Durán (ex La Cámpora, hoy en MDF) presentó el proyecto para derogar la normativa. Recordemos que esa limitación fue una iniciativa de Massa, en 2016, cuando era un aliado de Vidal. Hoy Massa y LLA se niegan a los cambios. El radicalismo está en conversaciones con Axel. ¿Y Máximo? No anticipó nada. No va a darle gratuitamente los votos. O vota en contra (y sacrifica a Mayra Mendoza y a Otermín) o utiliza esos votos en una negociación poco venturosa para Axel que implica, entre otros puntos, no solo el camino a las presidenciales, sino la candidatura a gobernador de la provincia. Esa es una de las razones por las cuales no es tan fácil para Axel exponerse tan alegremente. El problema es que los intendentes exigen, además de la reelección indefinida, el desdoblamiento electoral. Eso sí es un problema para Axel, que debe confiar en que van a movilizarse para una elección nacional, luego de haber gastado sus recursos en ser reelegidos y sin mucho que ganar en lo inmediato. Si todo esto fuera poco, el intendente peronista de Castelli llegó a proponer una especie de Asamblea Constituyente municipal (así como se lee…), en caso que la legislatura no acompañe sus reclamos. Si bien parece una locura y tiene pocas posibilidades de efectuarse, marca la tónica del debate y las tendencias a la desintegración.
La estrategia de Cristina subió la apuesta y lanzó una cautelar, para ser candidata, ante el comité de la ONU. Es más, en una interpretación muy curiosa, podría presentarse en una interna, aunque no en la nacional. No hay que tener demasiada suspicacia para concluir que la principal oposición que ejerce no es contra Milei, sino contra Kicillof. Cristina soportaría perfectamente un nuevo triunfo libertario, que podría borrar del mapa a su competidor interno, pero no podría sobrevivir a su triunfo, como Duhalde no pudo sobrevivir al de Néstor. Carlos Pagni deslizó la posibilidad de un pacto: indulto presidencial (o acatamiento del dictamen internacional) contra el recrudecimiento de la interna peronista. Es incierto. Pero el caso es que, verdadero o no, estamos ante la descomposición de ese espacio y la explicación, no de por qué se apoya un programa, sino por qué se permiten escenarios inocultablemente obscenos.
El estancamiento en la oposición se explica por la ausencia de un proyecto superador al de Milei. En un primer momento, se había gestado en un peronismo más crítico con la experiencia kirchnerista, un programa ligado al desarrollismo capitalista, algo menos liberal, en figuras como Kulfas y Álvarez Agis. Esa corriente parecía desembocar en la candidatura de Kicillof. Sin embargo, esa fuerza está momentáneamente estancada y, en cambio, toma fuerza la idea peronista de un mileísmo sin Milei. Eso implica mirar a otros candidatos (Melconian, Rodríguez Larreta, Uñac) con menos carne en la maquinaria peronista y que, requieren de un apoyo político “externo”. Ahí es donde Cristina muestra su especialidad: la articulación, ser un poder detrás de las bambalinas. Así como Milei fue un invento de Cristina para dividir a la oposición, que salió mal, la inventora puede ocupar el lugar de su invento y los roles invertirse.
Esto es lo que los partidos de la burguesía tienen para ofrecer: la decadencia y descomposición de la política. Un escenario sórdido, vacío y hediondo, libre para que cualquier personaje siniestro y desbocado haga su número y disfrute con el sufrimiento de una mayoría sumergida, que asiste atónita a su propia ruina.
A todo esto, luego de un primer debate sobre los lugares de cada uno en el frente, el FITU suspendió el resto de los debates, que debían girar a cómo resolver la crisis argentina. Toda una postal.
¿Hace falta explicar, entonces, por qué la construcción de Vía Socialista es la única tarea para cualquier revolucionario?

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