Fabián Harari
Editor responsable
Al parecer, la política argentina ha dado un brusco viraje y el escenario plagado de dispersiones se ha inoculado con el virus de la unidad: Karina y Mauricio, Axel y Máximo (y Sergio, claro…). Hasta Villarroel y Cúneo encuentran quien cobije su filofascismo. Todos hacen a un lado las diferencias y olvidan lo que se dijeron ayer, para fundirse en un abrazo y planificar el porvenir…
Como habrá intuido el lector, vale la pena desconfiar de los motivos y de la solidez de esos encuentros. En el caso del oficialismo, fueron las desventuras del proyecto sobre las tierras en la Ley de Inviolabilidad, los malos números de la economía y la caída en las encuestas lo que obligó a Karina a pedir una reunión, a la que Mauricio no asistió personalmente. En dichos de los propios dirigentes macristas: “Lo de Adorni los hizo casta. La economía no llega a la gente. Salvo que el gobierno mejore mucho, nos van a necesitar”. Y sí, esta vez, la Jefa no puso ninguna condición y se comprometió a acatar el pedido del PRO: una reunión cada 15 días, para ver si se respetan los acuerdos. ¿Qué necesita Milei? Muchas cosas. Lo más importante: eliminar las PASO y no dispersar el voto derechista en 2027. Lo inmediato es lo primero, que tiene que votarse este año. Necesita los votos del PRO y el radicalismo, en diputados y en senadores. Hay otros objetivos, como la reforma previsional y la cobertura de vacantes en la Justicia, incluida la Corte Suprema. Pero, otra vez, nada de eso tiene mucho sentido si no tiene serias perspectivas de reelección y, en estas condiciones, eso depende de poder evitar que la oposición elija eficazmente un líder y evitar el balotaje. La pregunta es qué está dispuesto a dar en un escenario donde hay que robar los fondos viales para sostener las cuentas fiscales y en el que los aliados más conspicuos han recibido, en recompensa, fondos para infraestructura equivalentes a cero.
Tampoco parece asomar, por el otro lado, el espíritu de conciliación y unidad. Massa, Axel y Máximo se juntaron, sí. Pero solo para evitar su desaparición. El único punto en común al que se comprometieron es a alinear a los legisladores en defensa de las PASO. Es también, una señal a los gobernadores disidentes de Tucumán, Catamarca y Salta: ya no pueden argumentar que el peronismo no tiene una posición unificada en torno a este tema. Si a eso se le suma una alianza de LLA con el PRO, la amenaza de no llegar a la segunda vuelta va a ser mayor, a menos que una catástrofe se lleve puesto al gobierno.
En medio de estos frágiles, espasmódicos e inciertos acercamientos, asistimos a un evento peculiar: la presentación de Daniel Hadad, no solo como dirigente político, sino como dirección moral. En la Facultad de Derecho, y frente a la dirección de la burguesía en pleno, presentó un cortometraje de “docu-ficción” -hecho en IA- sobre los personajes más emblemáticos de la liturgia (San Martín y Sarmiento) y sobre uno de los hechos más simbólicos de nuestra historia: el cruce de los Andes.
Pensado como el primero de una serie de videos, que emite Infobae, para explicar la historia argentina, la presentación reunió a los presidentes de las entidades agrarias e industriales, a los principales CEOs de las corporaciones económicas y a los principales dirigentes políticos. Es interesante detenerse en este último punto. Asistieron personajes de todos los colores, pero predominantemente, del macrismo (estuvo el mismo Mauricio y su primo Jorge). En segundo lugar, el kirchnerismo envió a lo más representativo, sin contar Cristina y su hijo: “Wado” De Pedro, Mayra Mendoza y Mariano Recalde. El oficialismo envió a tres dirigentes, pero solo uno conocido: Bartolomé Abdala, el presidente provisional del Senado. Claramente, no quiso participar activamente del evento. En cambio, el espacio que brilló por su ausencia fue el kicillofismo. No es extraño: Hadad podría ser candidato del peronismo contra Axel o, llegado el caso, representar al público del PRO, lo que muestra el carácter de los consensos en la política burguesa.
El corto, en sí mismo, no merece examinarse en términos de la rigurosidad histórica, sino en torno al mensaje que quiere revelar sobre el presente. Se trata de un encuentro entre dos exiliados en Francia. Uno, San Martín, habiendo ya pasado el cenit de su actuación política. El otro, Sarmiento, todavía en los inicios. Allí, este último le pregunta al primero sobre su estrategia militar para acabar con el poder realista en el Perú y las causas del fracaso del encuentro en Guayaquil. San Martín, detalla entonces, su estrategia, las dificultades y las soluciones que encontró para armar un ejército, cruzar la cordillera y expulsar a los contrarrevolucionarios en Chile, con una breve mención a su llegada a Lima. Luego del relato, hay un lamento de ambos por una patria gobernada por personajes que no los cobijan como debieran.
Lo más importante que se debe señalar es el lugar de la dirección en términos individuales, como salida a una crisis profunda. El proceso es llevado adelante por un líder, que tiene una alta comprensión de las tareas y muestra una inclaudicable voluntad contra todo y contra todos. Un líder que es capaz de inculcar disciplina y arrojo en las masas, y conducirlas hacia los objetivos que él se plantea.
Las clases explotadas aparecen como un conjunto de desarrapados, haraganes, mezquinos y sin ningún compromiso con una causa colectiva, cuando no, directamente traicioneros (los indígenas). Es la mano firme del dirigente burgués el que inculca orden, pulcritud y sentimiento de pertenencia. Y es su voz la que lanza a la multitud a la tarea por él pergeñada. Los pobres no pueden hacer política, no tienen intereses superiores. Tienen que bajar la cabeza y obedecer: subordinación y valor…
Hay algunos elementos que se contraponen al discurso del productor-candidato. Hadad habla de la necesidad de consensos, pero el video relata centralmente una guerra sin cuartel (y con violencia explícita). Puede hacerse esta salvedad: consenso y diálogo entre pares (los patriotas, por eso se lamenta el exilio), aniquilación a los enemigos. El otro elemento es que el film gira en torno a la idea de “patria”, con referencias a los símbolos argentinos (cuando la Argentina no existía), pero en términos estrictos, se trata de la liberación de Chile y, secundariamente, el Perú. Es una elección. Se podría haber trabajado sobre la batalla de San Lorenzo, o la de Tucumán, o la de Salta, pero se eligió Chacabuco y Maipú. Está la palabra “América” y uno no puede dejar de pensar en la política regional.
Es interesante la conjunción de dos personajes que aluden a dos tradiciones diferentes: San Martín, al revisionismo nacionalista; Sarmiento, al liberalismo. Pero ambos están fuera del sistema y no se les permite volver, por un clima faccioso y revanchista. ¿Estará aludiendo a Cristina y, por qué no, a Macri?
Lo cierto es que la producción de Hadad está en sintonía con lo que está planteando un núcleo burgués: la necesidad de un verdadero dirigente de masas para emplear una tarea de reestructuración económica y social. Y, claramente, Milei no cumple con ese perfil.
La pregunta que se desprende es qué dirección va a elegir la clase obrera. En particular, qué se le presenta. Aquí encontramos dos opciones: el misticismo oportunista o una tarea propia. El primero, expresado en una serie de profetas que prometen el apocalipsis para un futuro incierto, pero, para hoy, la adaptación a lo que hay (o sea, al peronismo). La segunda, un programa propio, el desarrollo de un país, donde no haya que dejar la sangre para otros, donde el valor de todos tenga su justa, tangible y perdurable recompensa.
