De Adorni a Cristina

Fabián Harari

Editor Responsable

El caso Adorni puede mover a risa y provocar vergüenza ajena. Por supuesto: en un país con cierta altura política y en un gobierno medianamente racional, el sujeto en cuestión ya hubiera sido expulsado. Sin embargo, vale la pena examinar de cerca el asunto.

Ante todo, no hay noticia económica que haya podido tapar el escándalo, como en tiempos de Menem o de los Kirchner. Ni siquiera, a dos años de haber asumido, ni Mundial de por medio. Luego, vale la pena preguntarse por qué se lo sostiene (no como inspector de veredas ni como subsecretario, sino como Jefe de Gabinete), a pesar de tan ridícula explicación, que incluye, de yapa, la confesión de un delito.

Adorni es una genuina creación de Javier y Karina. Forjado de la nada misma,  representa el desplazamiento de la “casta” de funcionarios de carrera, como Guillermo Francos. La pregunta, entonces, es si tiene un reemplazo. Es decir, un hombre de confianza capaz de liderar a los ministros (función que Adorni no podía cumplir, más allá de sus “deslices”). El caso además es consecuencia, entre otras cosas, de la interna del gobierno, a la que contribuye a intensificar. No hay que raspar mucho para ver la mano del Mago del Kremlin detrás de Ariel Lijo -a cargo de la causa-, resentido con Juan Bautista Mahiques. Tampoco para ver a esta facción detrás del fiscal Pollicita, aunque aquí también entran a jugar antiguos vínculos con gente que viene del PRO. La caída del personaje no va a frenar la interna. Por el contrario, va a darle más aire al impulsor de la caída, y va a obligar al rearme y a la respuesta de la hermana.

Aclaremos: todo gobierno sufre internas. No vamos a descubrir nada nuevo, en ese sentido. Sin embargo, en otros momentos hubo un límite (Cristina-Alberto) y se buscaba una resolución relativamente rápida (Menem-Duhalde), que podía incluir alguna “purga” (Néstor-Alberto; Menem-Cavallo). ¿Cuál es la característica distintiva de este gobierno? Que no hay un mecanismo disciplinador eficiente: no hay plan económico, no hay plan de gobierno, ni hay ningún partido al mando. Vemos cuatro “planes” fracasados a cargo de un trader, una improvisación política y oscilaciones bruscas en torno a los principales temas. Es el gobierno del desgobierno. ¿Bajo qué criterio se va a ordenar la interna?

El caso también permite observar un fenómeno paradójico. Por un lado, el gobierno se va quedando sin los votantes “anticasta”, decepcionados por las evidencias del enriquecimiento de los funcionarios “con la nuestra”, y se va arrinconando al espacio puramente Cambiemos. Por el otro, en ese espacio, justamente, está surgiendo una formación alternativa, que propone el mismo plan, pero en forma algo más “humana” (Melconian) y “republicana” (Macri).

Dos últimas cuestiones importantes. Primero, el fiscal Pollicita, a cargo de la investigación de Adorni, fue el mismo que procesó a Cristina Kirchner. En ese momento, el kirchnerismo y el trotskismo denunciaron “persecución”. Más aún, Gabriel Solano dijo que prefería perdonar a un corrupto que proscribir a un político. Con ese mismo criterio, deberían clamar “Lawfare” (recordemos que Pollicita y Lijo tienen razones políticas para procesar a Adorni) y defender al pobre de Manuel que quería presentarse para Jefe de Gobierno en CABA. 

Segundo, otro de los implicados en el caso es el responsable de ARCA (ex AFIP), Andrés Vázquez, que le dejó pasar las declaraciones y que, curiosamente, pidió acogerse al Régimen de Simplificación de Ganancias. Este personaje fue un puntal de la administración de Néstor. Primero, fue un lazo con Cristóbal López, cuando debía controlarlo, ya que tenía a su cargo el control del Casino Puerto Madero. Segundo, fue quien lideró el megaoperativo contra Clarín, en 2009, bajo el mando de Etchegaray. De 2004 a 2008, consiguió abrir cuentas en paraísos fiscales por, al menos, un millón de dólares. Se le abrió una causa y en 2022, el juez la cerró porque desde los países donde residían las cuentas “no le acercaban información”. ¿El juez a cargo? Ariel Lijo…

Como dijimos, el caso Adorni le dio aire a la oposición. Sobre todo, porque le da más argumentos a los partidos “aliados” que, en realidad, estaban obstaculizando los proyectos oficialistas: pago de holdouts, Súper RIGI, Reforma Política, Régimen de Zonas Frías, Ley Hojarasca, Nueva Ley de Sociedades y Ley de Lobby, entre las más importantes. Todos duermen el sueño de los justos. Seguramente, con mucho esfuerzo, el gobierno mueva los primeros dos. El acuerdo con las universidades tiene el objetivo de estimular a la UCR a ser más permeable en el senado. Pero lo cierto es que Milei no puede tomar la iniciativa ni la dirección política, y solo le quedan seis meses de mandato “limpio”. Se trata, claramente, de una oposición en lo que llamamos la “pequeña política”. No hay allí un cuestionamiento al rumbo general.

Pudo verse también un esbozo de oposición social, muy tímido, en cuatro eventos que convocaron a la calle. Todos ellos, de diferente naturaleza. El primero es el show del sacerdote portugués Guilherme Peixoto, el 18 de abril, que llenó la Plaza de Mayo con mensajes del papa Francisco. La Iglesia está en la oposición y tiene claramente un vínculo con el peronismo. El papa Francisco expresa claramente eso. De las cuatro, es la que muestra un “programa” más general.

También la marcha universitaria, del 12 de mayo. Allí se vio una gran alianza masiva y nacional contra Milei, que amontonaba al PRO, la UCR, el peronismo y la izquierda, sin ninguna dirección clara. El acuerdo de los rectores rompe esa alianza y abre otra perspectiva.

Las marchas por el femicidio de Agostina Vega, el 3 de junio, tuvo, también un cariz netamente opositor. Aquí se dieron dos fenómenos interesantes. Por un lado, Córdoba como epicentro. Es decir, una provincia clave para el voto libertario. Por el otro, la dirección del movimiento Ni Una Menos, que siempre estuvo bajo el kirchnerismo, se vio acechada por la izquierda (en particular, por la figura de Bregman), a tal punto que intentó bajar el tono.

El último evento es el funeral del Indio Solari, que reunió en las calles a una multitud. Es el fenómeno menos directamente político, pero queda claro que tiene un tinte anti-Milei. No por nada, fue organizado por el pan-peronismo (un acuerdo entre Kicillof y Máximo, garantizado por Ferraresi), que no lo hizo inocentemente.

Es un cuadro: poca movilización política, predominio de lo sectorial y del elemento “moral”, ausencia de una dirección política capaz de convocar y liderar. Con todo, eso que aparece como “peronismo” parece encaminarse a heredar el descontento, casi por default y sin una dirección clara. Esto puede verse en los titubeos de Axel, que se muestra incapaz de dar un paso adelante. ¿Falta de audacia? Puede ser, pero también porque el fracaso rotundo de Milei abre paso a la reedición del descontento “anticasta” y él, justamente, se proponía como el “normalizador” del PJ. Por eso, resurge la figura de Cristina, que presa y marginada, aparece como un paralelo con lo que sufre la población (casi como Lula). Es muy curioso, como de objeto de repudio del QSVT electoral, podría pasar a ser su conductora. ¿Por qué? Básicamente, porque ocupa un vacío que no se animan a ocupar quienes debieran: los socialistas. Más aún, Bregma la invitó públicamente a ocupar ese lugar. Ella exige la liberación de Cristian como una sentida causa popular. Si la liberan, debería ser consecuente y acompañar su candidatura. Claro, volveríamos a donde estuvimos en 2019.

Queda una sola opción: poner en la discusión pública y en la consideración de las masas un programa diferente, que apele a otra clase social. Un programa socialista para sacar al país de la crisis. Para eso, te necesitamos. 

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