¿Qué deja el triunfo de Lula?

Finalmente, tuvo lugar el balotage en Brasil y Lula derrotó a Bolsonaro. Lo primero que hay que señalar es que se va conformando un patrón. Lo que viene sucediendo en América Latina es el triunfo de lo que vulgarmente se conoce como “centroizquierda” frente a las “derechas” en el gobierno. El triunfo de Lula no desentona con esto. Sin embargo, tal como decíamos algunas notas atrás, el bolsonarismo llegó para quedarse. Puede parecer contradictorio, pero no lo es. A esto hay que sumarle que la realidad latinoamericana viene a mostrarnos que “la grieta” no es solo de nuestro país, sino que atraviesa a todo el continente. Vayamos por partes.

La grieta va más allá de Cristina y Mauricio, es un patrón de toda América. Las transformaciones de las últimas décadas han dado un escenario en el cual hay dos grandes alianzas que se disputan el poder político. Y se lo disputan de manera muy pareja, pensemos que Lula ganó por un margen muy pequeño. Eso es lo que va generando una alternancia de un gobierno a otro.

Pero esa grieta que separa nombres diferentes (Lula vs Bolsonaro, Cristina vs Macri) no se traduce en realidades diferentes. Justamente, por eso decimos que el bolsonarismo llegó para quedarse. Esas alianzas no se diferencias demasiado salvo por el hecho de que una es más propensa a la economía privada (la “lluvia de inversiones” en criollo) y la otra más propenso al estatismo. Unos quieren desagotar el Estado y los otros llenarlo. Pero ambos se encargan de gestionar la miseria en sociedades que son crecientemente expulsivas y sus políticas, matiz más matiz menos, son variantes de lo mismo: un ajuste bestial sobre nuestras espaldas.

En realidad, lo que estamos viendo es la conformación de un nuevo centro que tiende a estabilizar sociedades que están atravesadas por una crisis profunda, producida por el ataque del capitalismo asiático y la necesidad de reinsertarse en los mercados mundiales con niveles de explotación superior. Eso es lo que explica un Trump, explica un Boris Johnson, una Meloni, y el kirchnerismo.

Justamente, como el proyecto no varía y todos ejecutan el mismo ajuste, la suerte electoral de cada alianza no es resultado de un voto “ideológico”. Por el contrario, lo que se viene viendo es que pierden los oficialismos, por el simple hecho de ser gobierno. Ahora las urnas están cobrando la pandemia, la crisis de la guerra de Ucrania, la crisis mundial en general.

Entonces, yendo a la realidad argentina, ¿significa esto que Cristina puede ganar en 2023, como se entusiasman los K ante el triunfo de Lula? Para nada. Acá lo que los fanáticos se olvidan es que Cristina es gobierno. Y ella es partícipe del ajuste que está llevando adelante Alberto. Ajuste que no es más que la profundización del que llevó adelante Macri.

Entonces, ¿es para que se entusiasme Juntos por el Cambio? Solo hasta cierto punto. Tiene buenas perspectivas por delante, pero es un espacio que aglutina cosas muy diversas y, por eso mismo, si se confía en la victoria, eso puede llevar a la dispersión y que cada caudillito busque hacer la suya.

¿Y nosotros, los laburantes? Lo que tenemos que hacer es pensar al revés. Dejar de buscar la solución a nuestros problemas en la alianza que no gobierna, porque ya mostró que pretende lo mismo. Alberto y Cristina no solucionaron los problemas que dejó Macri, como este no solucionó los que nos dejó la Década Ganada. El país va barranca abajo hace rato, y nos lleva puestos. Lo que hay que pensar es una nueva reorganización social, aquella que pueda sí poner al país a competir en el mercado mundial, pero que no sea a costa nuestra. Hay que ajustar, sí, pero a los patrones. Para alcanzar una productividad alta, con bienestar social. Eso es lo que propone Argentina 2050 de Vía Socialista.

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