Ni es el problema, ni es insoluble: Inflación, falsas soluciones y una posibilidad real

Por Damián Bil

Al revisar las encuestas y muestreos elaborados por consultoras y centros varios durante el último tiempo, la inflación se encuentra con cierto campo de ventaja como una de las principales preocupaciones de la población. Gobiernos de distinto tinte prometen dar un combate de fondo y, a mediano plazo, una solución que termina en fracaso.

Desde hace varias décadas, se han ensayado las medidas más diversas: controles de precios, manipulación del tipo de cambio, tasas elevadas para atraer inversiones en pesos o emisión de bonos (o letras, o títulos públicos) para “secar” momentáneamente la plaza, intento de acuerdos al estilo “Pacto Social” entre distintos actores, etc.

Pero más allá de algún paliativo pasajero, la inflación viene ganando por goleada. Los valores acumulados recientes asustan: solo en la Ciudad de Buenos Aires (a partir de datos de la Dirección de Estadísticas y Censos), el último informe de precios acumulados (2013-2020) indicaba un aumento del 1.502% en la harina de trigo, 2.005% para el aceite de girasol, 1.315% para la yerba, 1.608% para la crema dental, solo por señalar algunos productos de uso cotidiano. Por su parte, los salarios de trabajadores registrados lo hicieron en solo 730%.

Si extendemos la muestra para el período 2013-2022 (a febrero), los alimentos esenciales aumentaron cerca de 1.900%, entretenimiento o canasta de útiles escolares por encima del 2.300%, y la nafta Premium, aun con el precio pisado, un 1.510%. Por su parte, el salario promedio (registrado) aumentó en torno al 1.400%, ostensiblemente por detrás de los precios de la mayor parte de los bienes. Se entiende entonces que la inflación impacte con crueldad creciente sobre el bolsillo y se convierta en una de las principales preocupaciones.

En este escenario, varios proponen soluciones inviables. Azuzado por un sector de los medios y con una prédica en apariencia incendiaria, Javier Milei y los libertarios se han vuelto figuras mediáticas que buscan imponer agenda. En este caso, dicen, habría que dolarizar como en Ecuador. Un sinsentido criticado hasta por sus aliados.

Ecuador no se estabilizó luego de 2001 por la dolarización, sino por el efecto del alza de los commodities, que explican el 90% de sus exportaciones (básicamente petróleo, frutos del mar y bananas), las remesas de emigrados (entre 3 y 6% del PBI), el financiamiento externo, la consolidación de una pobreza estructural elevada, el aumento de la tasa de explotación por la creciente informalidad laboral, y la emigración, entre otros elementos de la economía real.

La mejora en la dinámica de precios no fue muy distinta que la de por ejemplo Chile, Perú, México o Colombia, que mantuvieron bajas tasas de inflación sin ningún cambio de moneda. Incluso El Salvador, otro ejemplo de dolarización (2001), logró controlar su inflación al menos cinco años antes de cambiar de moneda. A propósito, la tasa de crecimiento del PBI salvadoreño se redujo sensiblemente en 2001-2014, en su época “dolarizada”, siendo de las economías que menos creció en la región.

Amén de que la propia burguesía argentina difícilmente permita una medida de este tipo, que le resta un instrumento de política económica y la obliga a marchar al ritmo de la productividad yanqui.

La venta de humo libertaria continúa con la cantinela de la “maquinita”, o de la emisión, producto del gasto fiscal. Pero eso no ocurre por la maldad de los políticos, como sostienen, sino que es la manifestación de un problema de fondo: el retraso de la productividad del trabajo argentino en términos de los parámetros internacionales.

Una estructura que no es competitiva, salvo en contados sectores (agro y derivados, minería, y un par de ramas industriales), que sobrevive a fuerza de comerse subsidios y empobrecer a la masa de la población, abaratando el trabajo local (o sea, haciendo más cara la vida para los argentinos), vía devaluación-inflación.

En este escenario donde la producción real de riqueza está estancada hace años, la solución mileisiana de restringir la emisión implicaría una fenomenal recesión económica, más ajuste estructural y con ello el salto al abismo para millones de argentinos. Por supuesto que esa no es una solución agradable para la masa de la población, que va a ser la que pague los platos rotos.

Hay otra salida. Hacer más barato los bienes y servicios que consumimos los argentinos. Para ello, es necesario alcanzar economías de escala y niveles elevados de productividad. La burguesía argentina no tiene ninguna posibilidad de alcanzar esta meta. Hay que desplazarla.

Con otras bases sociales, se pueden tomar medidas concretas en un mediano plazo que ataquen este frente. Por ejemplo, en la rama del calzado, en el país del cuero registramos un déficit de comercio exterior en 2011-2020 de más de 400 millones de dólares al año. En lugar de la situación actual, donde existe una miríada de pequeños establecimientos poco eficientes, podría establecerse una gran empresa mixta, que concentrase la maquinaria en un solo espacio, con un solo canal de distribución, con materias primas más baratas por compras de grandes lotes, racionalizando el proceso productivo, lo que lograría un incremento de la productividad y una baja del precio del calzado en el mercado interno, además de un ahorro sustantivo de divisas.

O la producción energética, donde hay un enorme campo para la generación de biogás (en base a residuos domiciliarios) en localidades de hasta 50 mil habitantes, lo que con una inversión accesible para el Estado podría incorporar desocupados, producir energía barata para usos varios, reducir la contaminación, disminuir importaciones y liberar saldo exportable. Y así en varios sectores. Solo un Estado productivo, con una perspectiva socialista y mediante las herramientas de la planificación, puede desandar este camino.

*Publicado en 3500noticias.com, 3/06/2022

1 comentario en “Ni es el problema, ni es insoluble: Inflación, falsas soluciones y una posibilidad real”

  1. No acuerdo con implementar escalas concentradas .La tecnologia actual permite módulos de producción eficientes en escalas apropiadas para unidades cooperativas de AUTOGESTIONADAS ,por ejemplo las usinas lacteas que son de bajo costo y producen alrededor de 80.000 sashet dia a 85$ y buena calidad..las medidas antiinflacionarias-austeridad en el gasto público. Basta de coima retorno y cajas ningún- sueldo superior a 5 sueldos básicos.- impuestos progresivos sin evasión ni elucion.- aumento de la oferta de bienes movilizando recursos desocupados con 20.000 cooperativas de trabajo que nos lleven al pleno empleo con tecnologías de energías renovables construcción autos eléctricos biotecnologia TRABAJO SEGURO…….

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