¿Necesitamos un IAPI? Mitos y verdades de una institución clave de la economía peronista

Marina Kabat

Vía Socialista

Para algunos, el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) simboliza la independencia económica impulsada por el peronismo. Para otros, representa el ataque de este gobierno al campo y la causa de su declive, a mitad del siglo XX. Ninguna de estas interpretaciones se ajusta del todo a la realidad.

El origen

El IAPI se creó en mayo de 1946, por decisión de Miguel Miranda. Por entonces, Miranda dirigía el Banco Central e impulsaba una política económica nacionalista. El IAPI dependía del Banco Central y tenía como antecedente una entidad similar, que había promovido exportaciones industriales argentinas a inicios de los años ’40.

Inicialmente, el IAPI debía concentrar todo el comercio exterior argentino. Por un lado, comprar cereales, carnes y derivados del agro y venderlos en el exterior. Por otro, importar los insumos necesarios para la industria y distribuirlos entre el empresariado. Un objetivo del IAPI era aumentar el poder negociador argentino en el mercado mundial y obtener mejores precios para nuestras exportaciones. El gobierno también quería sacar una tajada de este comercio. Esa ganancia se iba a usar para promover la industria y para abaratar el consumo interno de carne y cereales. Con el objetivo de frenar la inflación, el IAPI vendía en el mercado interno a precios más baratos que los del exterior.

El IAPI apoyó con subsidios las producciones regionales como el azúcar en el norte, el algodón de Chaco, el tanino de Santiago del Estero y la yerba mate misionera. Dio créditos a productores y a industriales. El IAPI fue, además, la institución a través de la cual se compraron los ferrocarriles y se nacionalizaron otros servicios públicos. Por todo esto, el IAPI fue considerado un símbolo de la independencia económica bajo el peronismo.

¿Desplazar a Bunge & Born?

El IAPI se proponía remplazar a Bunge & Born, Dreyfus y las grandes compañías comercializadoras. Esta meta apenas si se cumplió, y no de la manera esperada. Por una parte, el comercio agrario de entonces, sin silobolsas, con métodos de transporte y acopio complejos ofrecía muchas complicaciones. El IAPI terminó optando por administrar las transacciones y contratar a las empresas comercializadoras tradicionales para efectuar toda la logística de almacenaje y desplazamiento de la exportación.

Corredores, acopiadores, consignatarios, comisionistas y grandes empresas exportadoras tradicionales (entre ellas, Bunge & Born) siguieron operando. Solo que ahora eran contratadas por el IAPI. Si en algún momento perdieron una parte de la torta, no lo hicieron a favor del Estado, sino del nuevo empresariado peronista. Figuras como Jorge Antonio o Silvio Tricerri se hicieron millonarios por esta vía. Lo que podía perder alguna empresa tradicional, no siempre lo capturaba el Estado, sino que terminaba en las manos de los empresarios amigos, permanentemente beneficiados en las licitaciones estatales.

El lino y la industria nacional

Uno de los objetivos de Miranda con el IAPI era comenzar a exportar productos más elaborados: zapatos en lugar de cuero, lino en lugar de semillas de lino… Pero fracasó rotundamente. Las exportaciones de calzado y otros productos elaborados con cuero en lugar de aumentar, disminuyeron. La Argentina había podido exportar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando no había otros competidores capaces de abastecer el mercado internacional. Pero no pudo sostener ese comercio en la posguerra. Para hacerlo, hubiera sido necesario concentrar la producción en una única gran fábrica, en lugar de mantenerla dispersa en miles de tallercitos más o menos importantes.

En 1946, Miranda se anotó un punto al forzar a Estados Unidos a pagar un alto precio por nuestro lino y comprar partidas importantes de producto procesado. Pero, Estados Unidos aumentó la producción de ese producto y no volvió a comprarnos. Los liberales responsabilizaron al peronismo por la pérdida de ese mercado. Es una acusación injusta: los norteamericanos promovían su autosuficiencia agraria y nos iban a dejar de comprar de todas formas. Además, querían salvar a sus farmers de la quiebra y expandir su economía. Por eso, usaron el Plan Marshall en la posguerra, para obligar a toda Europa a comprarle su trigo a cambio de créditos. En ese contexto, el agro argentino tenía las de perder, con o sin IAPI.

¿Hubo ganancias?

Las ganancias del IAPI fueron puntuales y efímeras. La gran venta de lino a Estados Unidos en 1946 fue un caso. Pero luego, la mercadería comenzó a acumularse en los galpones sin poder ser vendida. Para poder colocarla el gobierno se dirigió a Italia y a España, dos países al principio excluidos del Plan Marshall.

A estos dos países se les vendió la cosecha a un precio aparentemente muy alto. Italia y España pagaban por el trigo mucho más que lo que le costaba al IAPI comprarlo. Los chacareros pusieron el grito en el cielo y protestaron. Surge allí el mito de las gigantescas ganancias del IAPI.

Sin embargo, España e Italia no pagaban en efectivo. Aceptaron precios altos porque el IAPI les daba un muy generoso plan de pagos. Es más, una vez que Estados Unidos los incluyó en el plan Marshall, España e Italia dejaron de comprarnos y nos hicieron un pagadiós. Terminaron de pagarnos varias décadas después. Si se mira cuándo y cómo terminamos cobrando esos cereales, las superganancias desaparecen.

Entonces, ¿de dónde salía la plata del Estado peronista? De dos lugares: la maquinita y los futuros jubilados. Por un lado, el gobierno imprimía billetes. Luego le prestaba dinero al IAPI que operaba sobre esa base. Por otra parte, el gobierno usaba el dinero de las cajas jubilatorias. El sistema recién se creaba: había poquísimos jubilados y decenas de miles de jóvenes trabajadores aportantes. Ese dinero estuvo a disposición del Estado sin que tuviera consecuencias inmediatas. Las tuvo décadas después cuando esos obreros se jubilaron con migajas.

La “vuelta al campo”

Cuando la economía se complicó, en 1949, el gobierno entró en una crisis. Luego, una sequía agravó aún más la situación. No solo no hubo superganancias, sino que directamente hubo pérdidas. Todo el equipo económico de Miranda fue desplazado y Alfredo Gómez Morales tomó el mando de la política económica. Impulsó una “vuelta al campo”: muchas producciones agrarias debieron ser subsidiadas. A nivel discursivo, como no se podía decir que dejamos de fomentar la industria y volvemos a la misma estructura de siempre, se apeló al cooperativismo. El gobierno favoreció al campo a través de inyectar dinero en las cooperativas agrarias, a las que dio múltiples beneficios. Como tampoco había mucho dinero, una forma barata de sostener a los empresarios agrarios fue recortar derechos a los obreros. Así fue que toda la normativa laboral referente al trabajo agrario se flexibilizó, incluyendo el tan mentado Estatuto del Peón Rural. Los chacareros más chicos estaban exceptuados incluso de pagar el salario mínimo a sus empleados.

¿Quién acabó con el IAPI? Un ataque silencioso y un remate publicitado.

En medio de la crisis del agro y sin mercados compradores, el IAPI terminó dando pérdidas. Para cortar esas pérdidas el gobierno peronista buscó desarmar al IAPI. Pero, ¿cómo hacerlo? El IAPI había protagonizado campañas de propaganda peronista y era el símbolo máximo de la independencia económica. Cerrarlo hubiera implicado reconocer un fracaso.

Por eso, el peronismo, en vez de clausurar el IAPI, lo mutiló poco a poco. Por un lado, liberalizó el comercio de muchos productos que volvieron a exportarse por comerciantes privados. Por otra parte, el comercio exterior de los principales productos de exportación fue transferido al Instituto Nacional de Elevadores y Granos y al Instituto Nacional de Carnes. Hacia el final del gobierno peronista, el IAPI solo se ocupaba de ciertas producciones regionales poco o nada competitivas, a las cuales el organismo subvencionaba. Hacia 1955, el IAPI era una cáscara vacía. Si bien el gobierno militar de 1955 le dio el tiro de gracia, hacía años que no cumplía sus funciones originales.

Una política inflacionaria y el nacimiento de los industriales planeros

El IAPI quería bajar los precios internos y fomentar un desarrollo industrial, pero terminó con un resultado inverso. Su funcionamiento, en base a créditos del Estado, fue un factor inflacionario. La industria no se benefició del proceso. El saldo final fue el encumbramiento de un par de magnates como Jorge Antonio y el desarrollo de una estructura industrial ineficiente, construida sin planificación, sobre la base de distribuir subsidios a una infinidad de empresarios, que solo logran ser tales merced a los recursos estatales. En vez de usar esa riqueza para construir una industria estatal sólida y eficiente, se la desperdició en crear y alimentar una nueva casta: la de los empresarios planeros. Su ineficiencia y falta de competitividad se convirtió en una nueva carga para la maltrecha economía argentina, y un obstáculo para un verdadero desarrollo industrial. De paso, arruinó la idea de “planificación”. La política peronista no fue un fracaso por la “planificación” y la “intervención” del Estado en la economía, sino por todo lo contrario: dejando a la burguesía la decisión última en la actividad económica, el intervencionismo y la seudo planificación peronista construyó un capitalismo impotente y una clase de empresarios parásitos. Una verdadera planificación, una planificación socialista, comienza por la eliminación de los parásitos y la construcción de un Estado eficiente y productivo sobre una nueva base social.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 2 – Junio 2022

1 comentario en “¿Necesitamos un IAPI? Mitos y verdades de una institución clave de la economía peronista”

  1. SIEMPRE HASTA EN ESTADOS SOCIALISTAS SE CORRE EL RIESGO DE LA APARICION DE UNA BUROCRACIA,EN ALGUN SECTOR DE LA ECONOMIA, DENTRO DEL ESTADO….. POR ESO LA PLANIFICACION DEBE SER TOTAL Y LOS CONTROLES DINAMICOS…….PERO A PESAR DE ELLO , EL PERONISMO ,POR LO QUE LEO, NUNCA TUVO VOCACIO0N DE COMBATIR A LA BURGUESIA, AL CONTRARIO ,ME PARECE QUE SOLO QUISO REEMPLAZARLA , SIN LA PARTICIPACION PLENA DE LA CLASE TRABAJADORA, NUNCA PRETENDIO BAJAR LINEA CREANDO ,POR EJEMPLO COMITES DE CONTROL CON PARTICIPACION OBRERA, AL CONTRARIO UNO DE SUS LEMAS ERA ….. DE CASA AL TRABAJO Y DEL TRABAJO A CASA…….., ES COMO DECIR, AQUI EL QUE TIENE EL PODER UNIVOCO SOY YO EL LIDER….. FIDEL, MAO Y OTROS LIDERES HICIERON UNA APERTURA HACIA LA PARTICIPACION DE LA CLASE TRABAJADORA……DESPUES EL INTERCAMBIO CON LA ECONOMIA GLOBAL ES OTRO TEMA, EL SOCIALISMO PLENO TODAVIA ES DIFICIL DE CONSEGUIR EN EL MUNDO….

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