Marx y el mundo libertario

David Harvey

El presente texto es un extracto de Guía de El Capital de Marx, de David Harvey, editado por Akal. El título de este recorte lo hemos agregado nosotros.

“Lo que hizo Marx en el libro primero de El Capital fue tomarse en serio los términos y teorías de la economía política clásica y preguntarse qué tipo de mundo surgiría si se consiguiera poner en práctica la visión utópica liberal de los mercados de funcionamiento perfecto, libertad personal, derechos de propiedad privada y libre comercio. Explora paso a paso lo que sucedería en un mundo construido a esa imagen. Adam Smith había pretendido mostrar que la riqueza nacional crecería y que todo el mundo estaría o podría estar mejor en un mundo de mercados descentralizados y con un funcionamiento libre (aunque el propio Smith no eximía al Estado de responsabilidades en lo que atañe a la distribución de esa riqueza siguiendo criterios más equitativos). Lo que muestra Marx es que un mundo construido según los principios del más puro laissez-faire daría lugar a una creciente acumulación de riqueza en un polo y una creciente acumulación de miseria en el otro, por lo que ¿quién querría construir un mundo que obedeciera las reglas de esa visión utópica? La respuesta es asombrosamente obvia: ¡los miembros más ricos de la clase capitalista! ¿Quién nos predica entonces las virtudes de esa visión utópica del libre mercado, y quién nos ha metido en la vía neoliberal contemporánea? ¡Sorpresa, sorpresa! Fueron los ricos los que utilizaron su poder y su dinero para persuadirnos a todos de que el mercado siempre lleva razón y de que la teoría marxista es una insensatez. (…)

El proyecto neoliberal tenía como propósito la creciente acumulación de riqueza y la creciente apropiación de plusvalor por parte de los escalones más alto de la clase capitalista; y al perseguir ese objetivo, la clase capitalista ha seguido la ruta típica esbozada en los modelos de acumulación de capital expuestos en el libro primero de El Capital. Reducir los salarios y crear desempleo mediante cambios tecnológicos que desplazan a los trabajadores, centralizar el poder capitalista, atacar a las organizaciones obreras que interfieren con la coordinación de mercado de la oferta y la demanda (cuando, como hemos visto, el capital trabaja en ambos lados del mercado), subcontratar y deslocalizar, movilizar la superpoblación latente en todo el mundo y reducir el nivel de bienestar tanto como fuera posible. De eso es de lo que iba en realidad, la ‘globalización’ neoliberal. (…)

El proyecto neoliberal de los últimos treinta años, basado en el utopismo liberal, se ha adecuado rigurosamente a las dos tendencias predichas por Marx. Evidentemente, hay muchas diferencias tanto geográficas como sectoriales, en los detalles, pero el grado de centralización del capital alcanzado en varias esferas ha sido sorprendente y casi todos reconocen que la inmensa concentración en la cumbre de la escala de riqueza e ingresos nunca ha sido tan grande como ahora, mientras que la situación de la clase obrera en todo el mundo se ha estancado o deteriorado. En Estados Unidos, por ejemplo, la proporción de la renta nacional y la riqueza en manos del 1 por 100 más rico de la población se ha duplicado durante los últimos 20 años, y para el 0,1 por 100 más rico se ha triplicado. La relación entre los ingresos de los gestores de las empresas y los trabajadores asalariados de estas, que se situaba en 30 a 1 en 1970, ha aumentado en promedio hasta más de 350 a 1 durante los últimos años. Allí donde la neoliberalización ha avanzado más (como en México e India desde 1990, poco más o menos), han aparecido de repente milmillonarios en la lista Forbes de las personas más ricas del mundo. (…)

Marx llegó a unas conclusiones tan contrarias a las intuiciones liberales deconstruyendo las proposiciones de los economistas políticos clásicos en sus propios términos; pero también empleó críticamente sus poderosas abstracciones para sondear creativamente la dinámica real del capitalismo y revelar así los orígenes de la pugna sobre la duración de la jornada laboral, las luchas por las condiciones de vida del ejército industrial de reserva y otras. El análisis del libro primero se puede leer como un informe detallado e inapelable de por qué ‘no hay nada más desigual que el trato igual a los desiguales’. La ideología de la libertad de intercambio y de contrato nos embauca a todos, encandilándonos con la supuesta superioridad moral de la teoría política burguesa sobre la que se asienta su legitimidad y su pretendido humanismo. Pero cuando la gente entra con distintos recursos y activos en ese mundo libre e igualitario de los intercambios de mercado, hasta las menores desigualdades, por no hablar del abismo entre las clases, se ven amplificadas y multiplicadas con el tiempo hasta desembocar en enormes desigualdades de influencia, riqueza y poder. Acopladas con la creciente centralización, dan pie a la devastadora inversión por parte de Marx de la visión smithiana del ‘beneficio para todos’ que derivaría de la mano oculta del mercado, que nos permite entender mucho mejor, por ejemplo, el contenido de clase de lo que ha venido sucediendo realmente durante los últimos treinta años de globalización neoliberal basada en el mercado. La conclusión que extrae Marx es una feroz crítica de las tesis sobre la libertad individual que fundamentan la teoría liberal y neoliberal. Esos ideales son, en opinión de Marx, tan equívocos, ficticios y fraudulentos, como seductores y fascinantes. Los trabajadores, como él observó desde muy pronto, solo son libres en el doble sentido de poder vender su fuerza de trabajo a quien prefieran al mismo tiempo que tienen que vender esa fuerza de trabajo para poder vivir, puesto que han sido ‘liberados’ de cualquier control sobre los medios de producción.”


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 7 – Noviembre 2022

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