Los trabajadores de “servicios”: desocupados encubiertos, pero potencialmente productivos

Nicolás Villanova

Vía Socialista

Los últimos datos publicados por el INDEC acerca de la tasa de desempleo parecieran mostrar que vivimos en un país diferente. No parece realista la existencia de sólo un 7% de desempleo en los primeros tres meses del 2022. Se trata de poco menos de un millón de personas en los 31 aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares y un poco más de un millón si lo extrapolamos al conjunto de la población argentina. Aunque es mucho, parece poco. Sobre todo, en un país con más de un tercio de su población por debajo de la línea de pobreza y un 8,2% de población indigente. Como ya hemos visto en otros artículos, la burguesía suele ocultar mucho desempleo bajo diversas formas a través de las estadísticas. Aquí mostramos la evolución de la participación asalariada en la economía argentina en los últimos 60 años y avanzamos en una caracterización de una actividad que hoy encubre a una gigantesca masa de desocupación y de empleo improductivo: el subsector de los denominados “servicios”. Allí hay una masa potencialmente utilizable para actividades productivas. En este artículo mostramos una primera y somera aproximación para luego profundizar en próximas entregas.

¿Qué es y qué no es el sector denominado “servicios”?

La ideología burguesa suele presentar a los trabajadores del sector de los “servicios” como un mundo completamente ajeno al de los obreros del ámbito de la “producción”. Incluso, las estadísticas oficiales suelen presentar a los primeros como “empleados” y a los segundos como “obreros”, aún cuando todos ellos son registrados en la amplia categoría de “asalariado”. Toda una maraña muy compleja de desandar cuando queremos analizar la evolución y las transformaciones de la clase obrera, sobre todo cuando la información estadística nos llega ya procesada. A su vez, la clase obrera no es únicamente la población “asalariada”, desde el punto de vista del registro de las estadísticas. También hay obreros (y muchos) en la amplísima categoría “cuentapropista”, como, por ejemplo, los cartoneros. Por otra parte, no todos los “asalariados” son estrictamente obreros. El INDEC incorpora a todos los empleados del Estado como “asalariados”, los cuales incluyen la figura del presidente, gobernadores, jueces, es decir, burgueses.

En otro orden, las estadísticas burguesas suelen dividir la economía en el sector primario, secundario y terciario. El primero de ellos constituye el ámbito de la extracción de recursos naturales para la producción de insumos y materia prima para la elaboración de otros bienes. Por ejemplo, la cría de vacas o chanchos, la cosecha y recolección de soja y granos. Se trata de las actividades de agricultura, ganadería, caza y silvicultura; pesca; explotaciones mineras y canteras. El sector secundario es integrado por las actividades que transforman los recursos naturales o materias primas en productos que serán utilizados para cubrir necesidades de consumo: se trata de la denominada industria manufacturera, el suministro de electricidad, gas y agua y la actividad de la construcción.

Finalmente, el sector terciario se compone, desde esta perspectiva, de la producción de los denominados “servicios”. A diferencia de los dos anteriores, este gran rubro se integraría fundamentalmente por la producción de bienes “no tangibles”, pero que cubren necesidades de la población. Se trata del comercio mayorista y minorista, reparaciones; hoteles y restaurantes; transporte, almacenamiento y comunicaciones; intermediación financiera; actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler; administración pública y defensa; enseñanza, servicios sociales y de salud; otras actividades de servicios comunitarias, sociales y personales; servicio doméstico. Entran también aquí diversas profesiones como la abogacía, contaduría, medicina, veterinaria, etc. Cabe destacar que las estadísticas suelen presentar separadamente un subsector dentro de este gran grupo denominado “servicios”, como una actividad separada de las actividades del transporte, del comercio, de las finanzas y los inmuebles.

Toda esta mezcolanza de actividades así presentadas oculta lo más importante, a saber, si son actividades por las cuales la clase obrera que allí se ocupa es productora o no de plusvalor, o bien, si es improductiva pero necesaria para su circulación y para la realización de aquél, o bien, si se trata de población excedentaria y superflua para el capital. Por ejemplo, dentro del denominado sector terciario de la economía hay innumerables actividades que ocupan obreros productores de plusvalor. Los obreros dedicados al transporte de mercancías que trasladan los bienes a los supermercados agregan valor al producto final, pues la mercancía es el producto en la góndola, por lo tanto, la totalidad de los procesos de trabajo dedicados a tal fin agregan valor. De este modo, en el seno de un comercio, los obreros repositores de los productos en las góndolas también agregan valor al producto final. Ahora bien, una cajera o cajero del mismo supermercado no produce, sino que transfiere valor, pues su labor consiste en cobrarle al nuevo propietario del bien a consumir, de modo de garantizar el cambio de titularidad. No es casual que algunos grandes supermercados comiencen a prescindir de los obreros y obreras de las cajas y proliferen otras formas de cobro automático.

Otro ejemplo lo constituyen los obreros bancarios, algunos de los cuales son improductivos (no producen valor), pero necesarios para la circulación de capital dinerario (los cajeros); mientras que los productores de la moneda propiamente dicha o las tarjetas de débito y crédito (el plástico) son productores de valor. No obstante, las estadísticas oficiales no siempre los registran como obreros del ámbito del capital dinerario o bancario, sino que, probablemente, los productores de tarjetas sean explotados en empresas tercerizadas productoras de plástico. Por su parte, buena parte de la industria del entretenimiento, la gastronomía y el turismo se encuentra en este gran rubro. Allí, la presencia de obreros y obreras productivas es importante: por ejemplo, los trabajadores en relación de dependencia que producen comidas, los mozos, los choferes de colectivos que trasladan personas en vacaciones, los actores y actrices que se emplean en empresas, todos ellos son productores de plusvalor.

Sin embargo, en el seno del subsector denominado “servicios” existe una masa creciente de población sobrante para el capital, es decir, obreros que no son necesarios para la producción de plusvalía directa, ni siquiera para la garantía de su circulación. Buena parte del empleo público, las ocupaciones del mundo administrativo, las empleadas domésticas (muchas de las cuales son trabajadoras cuentapropistas, pero incorporadas por las estadísticas como asalariadas en hogares privados). En este sentido, el incremento inusitado de este subsector denominado “servicios”, cuando se trata del empleo improductivo y excedentario, no es síntoma de que el sistema capitalista goce de buena salud.

Las transformaciones en el mundo asalariado

En Argentina, la evolución de la participación asalariada en los diversos sectores muestra un gigantesco crecimiento en el sector denominado “servicios” y un achicamiento de las actividades productivas, específicamente los sectores de la producción “agropecuaria, ganadería, pesca” y la “industria manufacturera” (ver Gráfico 1). A simple vista, el incremento de actividades vinculadas con los sectores de “servicios sociales y personales”, “transporte, almacenamiento y comunicaciones” y el “comercio mayorista y minorista” no constituye una anomalía del capitalismo argentino. Por el contrario, se trata de una tendencia mundial, específicamente de los países más desarrollados, debido al aumento de la producción, la concentración y centralización de capitales por el incremento de la productividad del trabajo. En este sentido, el incremento de la producción de bienes es acompañado por el desarrollo de actividades comerciales, del transporte y de servicios requeridas para garantizar la circulación del valor y la realización del plusvalor.

Sin embargo, las tendencias del capitalismo argentino ponen de manifiesto el incremento de una masa cada vez mayor de población sobrante para el capital. Una población obrera que no es tan visible, que no es registrada por las estadísticas oficiales como “desocupada” y que se oculta en ocupaciones superfluas e improductivas, no necesarias para la realización de plusvalía. En este sentido, no debería sorprender que el momento en que comienza a incrementarse más agudamente el subsector “servicios” es sobre todo a partir de la década de 1980, momento en que comienza a agudizarse el desempleo, el subempleo y el incremento de la pobreza.

En efecto, con las limitaciones del caso, las estadísticas ponen de manifiesto ambos procesos. Por un lado, la tendencia al aumento de la productividad del trabajo, por la vía de la disminución de la población asalariada en los sectores más productivos y a través de un incremento del valor agregado bruto por obrero. En este sentido, en la Tabla 1 se observa una disminución de la participación asalariada del conjunto de las actividades más productivas (agricultura y ganadería, industria, suministro de agua y electricidad, y construcción) que del 53% en 1960 al 23,9%, o sea, una reducción de 29 puntos porcentuales. Ahora bien, el valor agregado bruto por asalariado se incrementa un 57% promedio, durante el mismo período. Esto quiere decir que menos obreros producen más riqueza. Por otro lado, y en sintonía con lo anterior, se observa en el mismo período un incremento del 7% en la participación de asalariados en sectores que concentran actividades de producción y circulación de plusvalor (comercio, transporte, hoteles y restaurantes, bancos, finanzas e inmobiliarias), y un aumento aún mayor en el valor agregado bruto por asalariado de casi el 11%.

Por último, las estadísticas muestran un aumento sustantivo del empleo asalariado en el subsector “servicios” y una reducción del valor agregado bruto por asalariado. Mientras que, en 1960 el porcentaje de la población asalariada empleada en el subsector “servicios sociales, comunales y personales” representaba el 24,8% del total de asalariados, 60 años después, en 2019, ese porcentaje se incrementó a un 47,1%, es decir, aumentó 22 puntos porcentuales. Por su parte, el valor agregado por asalariado se redujo, proceso que podría estar mostrando una disminución salarial y un sector que no produce riqueza.

Si bien es cierto que este subsector no se constituye por toda población sobrante, pues se encuentran allí incluidos por ejemplo médicos del sector privado y otras ocupaciones productivas, lo cierto es que la participación de población desocupada encubierta bajo la forma de empleo administrativo estatal o empleo doméstico en hogares privados sin cama adentro durante las últimas décadas podría estar mostrando un enorme reservorio de sobrepoblación relativa. Como se observa en la Tabla 2, sólo los sectores de la “Administración pública y prestación de servicios a la comunidad” y las “Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico” representan un 38% del total del subsector “servicios”. Se trata de una gigantesca masa de la población que, junto con otros obreros y obreras que se encuentran bajo el yugo del desempleo u ocupados en otros empleos superfluos, podría ser utilizada en ocupaciones productoras de riqueza social.

Manos a la obra

En la Argentina actual existe un cúmulo de población que o bien no trabaja o bien se emplea en ocupaciones superfluas, encubriendo así mayores niveles de desempleo. La enorme participación de obreros y obreras en sectores improductivos de la economía pone de manifiesto que el capitalismo argentino no goza de buena salud. La multitudinaria cantidad de desocupados que reciben planes sociales, las personas que perciben subsidios de miseria y, sumado a esto, los elevados niveles de pobreza e indigencia nos muestran, por un lado, la tendencia a la degradación de las condiciones de vida; pero, por otro lado, la oportunidad que se nos presenta por la cantidad de recursos humanos para relanzar una economía productiva y desarrollista. Una economía que logre producir riqueza para toda la población y no para un puñado de burgueses. Una economía que ponga a producir al conjunto de las personas de manera productiva. Una economía que sólo es posible por una vía socialista. Para ello hay que aumentar las actividades productoras de valor y riqueza, en lugar de seguir sosteniendo desempleo encubierto; y hay que poner a desarrollar empresas estatales que logren trascender el mercado interno y que se dediquen a la exportación de productos, o bien a la producción de sustitutos de bienes exportables.

Gráficos y tablas

Gráfico 1. Evolución de la participación de los asalariados según sectores de la economía (1947-2020).

Fuente: CEICS en base a Censos Nacionales de Población y Vivienda, Encuesta Permanente de Hogares, Cuentas Nacionales del BCRA (1975) y del INDEC.

Tabla 1. Participación asalariada, valor agregado bruto por asalariado (en pesos de 2021) y diferencia porcentual, según actividad económica. Comparación 1960-2019.

Fuente: CEICS en base a Censos Nacionales de Población y Vivienda, Encuesta Permanente de Hogares, Cuentas Nacionales del BCRA (1975) y del INDEC.

Tabla 2. Actividades más representativas del subsector “servicios” en 2019. Porcentaje sobre el total de los servicios y según tipo de establecimiento público o privado.

Fuente: CEICS en base a EPH-INDEC.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 5 – Agosto 2022

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