La diplomacia socialista y el comercio mundial

Vladimir Ilich Lenin (1870-1924)

“La situación internacional e interior de la República Soviética”, 6 de marzo de 1922.

¿Cuál debe ser la política exterior de un gobierno socialista en un mundo capitalista? Esa es la pregunta. En general, del campo progresista se gritan consignas como la ruptura con los organismos de créditos internacionales (o sea, los bancos) y con los países más avanzados económicamente. La pregunta sobre con quién comerciar, cómo conseguir dinero para determinadas inversiones se borra de un plumazo y se confunde el problema técnico (qué mercancías, qué mecanismos y con quién) con un problema social (la clase social que dirige el proceso). A continuación, una reflexión de quien tuvo la responsabilidad de enfrentar ese tipo de problemas.

Desde el comienzo mismo declaramos que aplaudíamos la idea de La Conferencia de Génova [conferencia mundial llamada a discutir un nuevo sistema de comercio mundial] y que concurriríamos a ella. Nosotros sabíamos perfectamente bien, y no lo ocultamos en ningún momento, que íbamos allí como comerciantes, porque comerciar con los países capitalistas (mientras no se hayan totalmente derrumbado) es absolutamente esencial para nosotros; comprendíamos que íbamos a Génova a discutir las condiciones más justas, provechosas y convenientes de este comercio desde el punto de vista político, y nada más. Esto no es ningún secreto para los estados capitalistas, cuyos gobiernos proyectaron el primer plan de la Conferencia de Génova y lo pusieron en marcha. Estos estados saben perfectamente bien que la lista de nuestros tratados comerciales con diferentes países capitalistas es cada día mayor, que aumentan las transacciones comerciales prácticas y que ahora estamos discutiendo con el mayor detalle una inmensa cantidad de empresas comerciales mixtas, rusas y extranjeras, formadas por las más variadas combinaciones de estados extranjeros y diversas ramas de· nuestra industria. Por lo tanto, los estados capitalistas conocen muy bien la base práctica de lo que será el principal tema de discusión en Génova. Y si esta base tiene por añadidura una superestructura constituida por conversaciones políticas, suposiciones y proyectos de todo género, es preciso comprender que esto es solamente una superestructura muy a menudo artificialmente construida, imaginada y realizada por quienes tienen interés en ello. […]

En más de cuatro años de existencia de poder soviético, hemos adquirido, sin duda, suficiente experiencia práctica (además de que, teóricamente, ya lo conocíamos bien) que nos posibilita juzgar como corresponde este juego diplomático que, de acuerdo con todas las reglas del anticuado arte de la diplomacia burguesa, aplican los señores representantes de los estados burgueses. Sabemos muy bien qué hay en el fondo de este juego; sabemos que su esencia es el comercio. Los países burgueses necesitan comerciar con Rusia. Saben que, a menos que ellos establezcan alguna forma de relaciones económicas, continuará su decadencia como hasta ahora. A pesar de sus magníficas victorias, a pesar de la interminable fanfarronería que llena los periódicos y los telegramas de todo el mundo, su economía sigue desintegrándose; y una tarea tan simple – no ya de construir algo nuevo, sino tan sólo de restaurar lo viejo-, al cabo de más de tres años, después de sus grandes victorias, les queda grande y aún dan vueltas en torno del problema de cómo reunirse entre tres, cuatro o cinco (como ustedes ven, el número es muy grande y dificulta muchísimo la posibilidad de un acuerdo) para lograr una combinación que les permita comerciar. Comprendo que los comunistas necesitan en efecto tiempo para aprender a comerciar, y sé que quien quiere aprender a hacerlo cometerá al comenzar los más toscos errores durante varios años; pero la historia lo perdonará porque es un asunto nuevo. En esto hace falta lograr una mentalidad más flexible, eliminar todo oblomovismo comunista [tendencia a evitar resolver problemas en forma práctica], mejor dicho ruso, y otras muchas cosas más. […]

No nos sorprende que ellos no comprendan las cosas· más simples. Pero, no obstante, decimos: para nosotros es imprescindible el comercio con los Estados capitalistas, mientras existan como tales. Negociaremos como comerciantes con ellos, y que podemos hacerlo lo prueba el creciente número de tratados y transacciones comerciales que estamos firmando y negociando con las potencias capitalistas. Pero no podemos darlos a publicidad hasta que se hayan firmado. Cuando nos visita un comerciante capitalista y nos dice: “Mientras no finalicemos las negociaciones, este trato debe quedar entre nosotros”, desde el punto de vista comercial, por supuesto, tenemos que convenir en ello. Pero sabemos cuán grande es la cantidad de tratados en preparación; su sola enumeración ocuparía varias páginas, y entre ellos hay decenas de propuestas prácticas, discutidas detalladamente con importantes grupos financieros.

En cuanto a la Conferencia de Génova, debemos distinguir estrictamente entre su verdadero carácter y los embustes periodísticos que difunde la burguesía; ella cree que esos embustes son bombas terribles, pero a nosotros no nos asustan, pues hemos visto muchas, y a veces no merecen siquiera una sonrisa. Cualquier tentativa de imponernos condiciones como si estuviéramos vencidos, es una tontería, a la que no vale la pena contestar. Nosotros, como comerciantes, establecemos refacciones y sabemos cuánto nos deben ustedes y cuánto les debemos nosotros, y sabemos a cuánto puede ascender la ganancia legítima, o incluso elevada, que les corresponde. Las ofertas son muchas, e1 número de tratados que concertamos crece y seguirá creciendo, cualquiera que sea la combinación de las tres o cuatro potencias vencedoras. […]

La mayoría de los capitalistas ha concertado los tratados como hombres prácticos, como comerciantes. También nosotros procedemos como comerciantes. Pero todo comerciante tiene en cuenta, en cierta medida, la política. Si es un comerciante originario de un país no del todo salvaje, evitará transacciones con gobiernos que no muestran considerables signos de solidez, que no son de confiar. Si lo hiciera no sería un comerciante, sino un tonto. Y la mayoría de los comerciantes no son tontos, porque la lógica de la lucha comercial elimina a los tontos. Anteriormente analizábamos la situación de esta manera: Denikin nos ha derrotado; demostraremos que podemos derrotar a Denikin. Ahora es diferente: ese comerciante nos ha derrotado, le demostraremos que podemos obligarlo a aceptar una transacción. Y lo hemos demostrado; hemos concertado ya varios tratados con firmas capitalistas muy grandes de Rusia y Europa Occidental. Sabemos lo que ellos quieren, y ellos saben lo que queremos nosotros. […]

En esta revolución hemos hecho tantas cosas inalienables que han ganado ya definitivamente, y que todo el mundo lo conoce, y no tenemos por qué turbarnos ni sentirnos nerviosos en ningún caso. Ahora, sobre la base de un examen previo de la situación, comprobamos lo realizado. Esta comprobación tiene gran significado, ya que debemos partir de ella para proseguir el avance. Y puesto que tendremos que mantener la lucha contra los capitalistas, es necesario que sigamos con decisión nuestro nuevo camino. Debemos construir en tal forma toda nuestra organización, que al frente de nuestras empresas comerciales no haya personas inexpertas en ese terreno. Entre nosotros es común que al frente de un organismo haya un comunista, una persona, sin lugar a dudas, honesta, probada en la lucha por el comunismo, que conoció la cárcel, pero esa persona no sabe comerciar, y por ello se la coloca al frente de un trust del Estado. Los méritos que posee como comunista son indiscutibles; pero cualquier comerciante lo engañará, y hará muy bien. Es un error colocar a un comunista muy digno, excelente, de cuya fidelidad nadie dudaría, excepto un loco, en un puesto que debería ocupar dependiente de comercio, con experiencia, hábil, escrupuloso en su trabajo, que cumpliría con su trabajo muchísimo mejor que el comunista más abnegado. En esto precisamente se pone de manifiesto nuestro oblomovismo. Hemos encomendado a comunistas, con todas sus excelentes cualidades, el cumplimiento de un trabajo práctico para el cual son completamente ineptos. ¿Cuántos comunistas tenemos en las instituciones estatales? Tenemos una enorme cantidad de materiales, obras voluminosas que entusiasmarían al más metódico de los científicos alemanes; tenemos montañas de papel, para examinar las cuales harían falta 50 años multiplicados por 50 del trabajo del Istpad; pero en la práctica es imposible saber nada en un trust del Estado, averiguar siquiera quién es el responsable, y de qué. La aplicación práctica de los decretos, cuyo número es más que suficiente, y que fabricamos con el apresuramiento de que habla Mayakovski, no se verifica nunca. ¿Se cumplen entre nosotros las resoluciones de los funcionarios comunistas responsables? ¿Saben éstos lograrlo? No, y por eso modificamos la esencia de nuestra política interna. ¿Qué valor tienen nuestras reuniones y comisiones? Muy a menudo son sólo una artimaña. Después de empezar la depuración del Partido y decirnos: “iFuera los egoístas que se han deslizado en el Partido, fuera los ladrones!”, todo ha marchado mejor. Hemos expulsado aproximadamente un centenar de miles, eso está muy bien, pero sólo se trata de un comienzo. En el Congreso del Partido discutiremos este problema como corresponde. Y entonces, creo que todas esas decenas de miles que ahora se limitan a organizar comisiones y no realizan trabajo práctico alguno, pues no saben hacerlo, correrán la misma suerte. Y después de que hayamos terminado la depuración de este modo, nuestro Partido se dedicará al trabajo concreto, y lo comprenderá como lo ha comprendido en el ámbito militar.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 5 – Agosto 2022

2 comentarios en “La diplomacia socialista y el comercio mundial”

  1. no conocia este pensamiento de lenin, es fenomenal ,por que asi debe ser, si en un pais triunfa el socialismo marxista, no se puede esperar que todo el mundo sea marxista, ni que se alinien los astros y por medio de una revolucion permanente ?, el mundo se haga todo comunista….hay que comer vivir explotar bienes de la tierra agricultura petroleo mineria, energia nuclear, pesca y tenes que convivir comerciar y sobre todo conseguir capitales para desarrollar tus riquezas….. en lo personal me da tranquilidad, por que algunas veces creia que mis pensamientos no encuadraban en un sistema comunista y lenin me aclaro todo me dijo la justa ….bue esperemos que en este pais no se confundan y hagan … un birmania mas suecia……aclaremos que es corea mas suecia

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