La apropiación peronista de los sindicatos

Hace unos días, a raíz de la marcha de la CGT, trascendió un gráfico que mostraba que varios dirigentes sindicales llevan décadas en sus puestos. Si se mostrara los años de permanencia de una misma organización, la antigüedad sería aun mayor. En efecto, el peronismo domina la mayor parte de los sindicatos desde mediados de la década del 40 cuando se creó el marco legal que los regulaba.

Ianina Harari *

Los sindicatos en Argentina se rigen por una ley cuyas características fundamentales datan de 1945, cuando Perón sancionó el decreto n° 23.852 como parte de su política de regimentación, cooptación y estatización de los sindicatos. La principal característica del modelo sindical argentino es lo que se conoce como monopolio sindical o unicidad promocionada. Este mecanismo implica que el Estado solo otorga reconocimiento formal a un solo sindicato por actividad u oficio, que será el autorizado para representar al conjunto de los trabajadores y participar de las negociaciones colectivas. Ese sindicato contará con la personería gremial. Pueden existir otros sindicatos, pero solo obtendrán una inscripción simple, sin tener derecho a participar en las instancias de negociación con la patronal. 

Ese modelo tiene varios problemas. El primero de ellos consiste en que originalmente las personerías no fueron entregadas a quienes contaban con mayoría de afiliados. Durante las dos primeras presidencias de Perón, entre 1945 y 1955, se otorgaron la mayoría de las personerías gremiales. Los sindicatos que obtuvieron la personería no eran necesariamente quienes contaban con mayor cantidad de afiliados, es decir los más representativos. Lo que definía el otorgamiento de la personería era la subordinación al peronismo. La legislación sindical tuvo como objetivo, entonces, asegurarse el control de los sindicatos. No es casual que desde entonces resulte excepcional el recambio político en las cúpulas sindicales. En general, cuando hay recambio de dirigentes se trata de cambio de nombres que responden a una misma corriente o de una disputa entre fracciones de la burocracia. 

El segundo tiene que ver con que no se garantizan mecanismos para la disputa por la personería gremial se lleve a cabo. Por ley, el sindicato que quiera disputar la personería a otro que ya la tenga, tiene que demostrar que tiene una cantidad de afiliados mayor durante seis meses. Pero no hay ningún elemento en la normativa que obligue al sindicato que ya tiene la personería a presentarse a la compulsa de afiliados.

Así, simplemente con no presentarse a las compulsas, el sindicato que tiene la personería gremial puede mantenerla eternamente. Esa es, por ejemplo, la estrategia que utiliza la UTA para mantener la representación de los trabajadores del subte. 

La dificultad para disputar la personería gremial, disminuye las posibilidades de derrotar a la dirigencia peronista desde afuera de los sindicatos ya constituidos. Adicionalmente, la disputa interna también se ve dificultada por las regulaciones impuestas por los estatutos sindicales, que son elaborados por la misma dirigencia que busca perpetuarse. No hay ninguna normativa estatal que busque garantizar la democracia interna en los sindicatos, por lo que los estatutos imponen condiciones para la presentación de listas sindicales que son prácticamente imposibles de cumplir para quienes no participan ya de la dirección del gremio. 

El modelo sindical argentino no fue pensado para fortalecer a la clase obrera y sus organizaciones sindicales, sino por el contrario, se buscó que el Estado pudiera controlarlas. Así, el peronismo logró contar con un arma para disciplinar a la clase obrera que le es útil hasta el día de hoy. La perpetuación de la burocracia sindical peronista muestra el éxito de esa estrategia, que estuvo al servicio de sostener la hegemonía burguesa. Pero dentro de la disputa inter burguesa, el peronismo cuenta con todo un aparato de propaganda y acción. Basta ver la campaña de defensa a Cristina que montaron los sindicatos, con la CGT a la cabeza, mientras el ajuste del gobierno al que pertenecen se implementa sin ninguna resistencia. 

Para obtener mayores niveles de democracia sindical dentro de la legalidad burguesa, es necesario reformar la legislación. Es necesario que existan garantías para la compulsa periódica de afiliados. Por otro lado, se debe dar lugar a la representación de todos los sindicatos en las paritarias, tal como sucede en el Estado. Cada sindicato debe sostenerse con los aportes voluntarios de sus afiliados, por lo que cualquier aporte compulsivo de los no afiliados debe ser eliminado. Así, cada trabajador podrá elegir libremente qué sindicato quiere que lo represente. Por otro lado, deben existir garantías a la democracia interna en los sindicatos.

Hoy en día, con sindicatos totalmente desprestigiados, la participación de la clase obrera en la vida sindical es muy baja. Una mayor democracia sindical puede restablecer la confianza en los sindicatos como herramientas de defensa de los intereses obreros y dar un impulso a la lucha. La democratización de los sindicatos es una premisa elemental para que vuelvan a cumplir la función para la que fueron creados -la defensa de los intereses obreros-, en lugar de actuar como organizaciones partidarias.


Publicado en Impulso Baires, 27/08/22

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