El Aromo – Tercera Época – N° 12 – 17 de octubre de 2026
Romina De Luca
Vía Socialista
Hace unas semanas, se realizó en Mar del Plata el 62° Coloquio de IDEA -Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina-, un espacio donde los empresarios trazan agenda sobre distintos temas. La educación suele ser un punto en el temario, aunque lateral en el seno de otras preocupaciones. En esta oportunidad, una serie de paneles pusieron sobre la mesa el problema del rendimiento de nuestro sistema educativo y su impacto en el corto y mediano plazo. En ese marco, se viralizó una frase que Mariano Narodowski expresó en su conferencia “El stock de talento se terminó hoy. No podemos tener talento con estos indicadores”. Se refería claro está al rendimiento de la escolaridad obligatoria que ilustró con algunos números: “de cada 100 chicos hay 59 que o no van a la escuela o, si van, no entienden lo que leen. Mismo nivel que Marruecos”. La mayoría va a la escuela, pero -como ya hemos dicho en estas páginas- indicadores de la degradación educativa sobran y esa comparación es apenas una de las tantas posibles. También es cierto que la preocupación por el stock de talentos, en el mediano plazo, debería ir de la mano de la denuncia de las políticas educativas que hoy, en tiempo real, están dilapidando talentos ya formados producto del ajuste en las universidades, en ciencia y técnica o lisa y llanamente por la baja en el presupuesto educativo nacional destinado a la educación básica, operado con mayor dinamismo desde diciembre de 2023. Que la Ley de Financiamiento Educativo, sancionada, acumule en 20 años más promesas que logros no le quita verdad a la profundización del ajuste que presenciamos los últimos tres años. Por el contrario, se argumenta que la universidad en nuestro país es infinanciable lo que le hace un gran favor a la motosierra o se argumenta sobre el exceso de institutos de formación docente, en lugar de pensar como reconvertirlos de cara a un plan de desarrollo a nivel país.
En el mismo sentido, la directora ejecutiva de IDEA, Luciana Paoletti, afirmó que “La educación es la base para construir capital cognitivo en la sociedad. Sin ello no hay competitividad posible”. En cambio, el estado actual de cosas produciría “brechas de ingresos en el mercado laboral” lo que invierte la lógica del problema, porque es el sistema educativo el que está respondiendo a ese mercado laboral mayormente descalificado e informal. De hecho, si vamos a poner sobre la mesa el aporte de los empresarios al problema educativo, fue el mismísimo Ricardo Torres, fundador de Pampa Energía y de Argentinos por la Educación, quien reconoció en ese mismo panel el escaso apoyo global de los empresarios a la educación. Entonces, ¿qué es lo que les importa? Veamos.
¿Hay agenda?
La idea del foco en los talentos nos puede hace pensar que los empresarios están preocupados por calificar y capacitar a la fuerza de trabajo. Recordemos que, en el Consejo de Mayo, en diciembre de 2025, los empresarios bregaban por la “formación en alternancia”, es decir, la formación en el lugar de trabajo -en empresas- mejorando la “articulación de las políticas y acciones de educación– trabajo– sistema productivo”. Se refieren al debate sobre la formación técnica y específica, entendiendo que “la educación es un deber primario y directo del Estado, no condicionado ni subordinado a la iniciativa privada”. Entonces, ¿qué les preocupa de la escuela? Que no asegure ya la socialización mínima “para el aprendizaje de normas de convivencia, resolución de conflictos, responsabilidad (habilidades blandas muy requeridas en los entornos productivos). También es el entorno donde se ejercitan hábitos, horarios y dinámicas que sostienen la cultura del trabajo”.
Lo cierto es que en el Coloquio, si bien referenciaron la necesidad de atender a un mercado laboral con inteligencia artificial, robótica o automatización de los procesos de trabajo anclados en las economías del conocimiento, su reclamo no fue cómo incorporar esa agenda en la escuela, sino el mejorar la inversión en esas ramas y acelerar el proceso de inversión tecnológica. Es decir, facilidades para su sector por parte del Estado. A nivel más general, reclamaron el mantener la estabilidad macroeconómica, honrar los compromisos asumidos por el Estado -asegurar que se van a pagar las deudas- impulsar una economía competitiva y de alta productividad que vaya de la mano de un sistema impositivo que “acompañe” a los que producen empleo -es decir, una nueva reforma fiscal; fortalecer la formalidad y combatir la evasión -lo que favorece a los sectores más concentrados- favorecer la integración internacional en las áreas que son “megatendencias” globales -que el Estado asegure una red marco- inclusión social con políticas de capacitación para los sectores más vulnerables -asegurar la cohesión y gobernabilidad- fortalecer la calidad institucional, especialmente, en la justicia y, finalmente, combatir la corrupción.
Como puede verse, la agenda de cierre del evento apenas incluye a la educación, aunque sí se esbozaron seis grandes consensos en materia educativa en las conferencias respectivas que no necesariamente coinciden bis a bis entre sí. Por un lado, reclamaron recuperar aprendizajes básicos. No es altruismo, sino supervivencia: la escuela debe alfabetizar, porque con ello se juega para ellos la cohesión social misma. En segundo, generar sistemas de medición, métrica y trazabilidad de los resultados. Aquí, adujeron que las familias tienen el derecho a saber y fiscalizar qué deben aprender sus hijos/as y reclamar por ello porque esas metas no serían claras. Sin embargo, la lógica por la que se pretende dotar de mayor autonomía a las escuelas y poder de decisión complota seriamente contra esos objetivos de comparabilidad. En tercer término, reclamaron por la mejora en las condiciones de enseñanza y aprendizaje en las escuelas que quedará librada a su propia suerte con la lógica de la autonomía creciente. Solidario con los dos puntos anteriores, en cuarto lugar, propusieron recalibrar el federalismo educativo y devolver autonomía a las escuelas lo que se ubica en sintonía con el proyecto del gobierno de Ley de Libertad Educativa y constituye el marco general de los consensos. No extraña, entonces, que el quinto punto refiera a replantear los incentivos y la carrera docente, con cambios en las reglas que organizan la profesión y el desarrollo profesional. En efecto, la descentralización extrema que implica el proyecto de Ley de Libertad Educativa contiene lógicamente una reforma laboral. Finalmente, como sexta prioridad adaptar la educación a los cambios del mercado laboral, la tecnología y la inteligencia artificial. En realidad, este punto refiere al nicho de fuerza de trabajo calificado dentro de un mercado laboral altamente informal y descalificado. Como puede verse, ciertos puntos se contradicen entre sí o expresan cuestiones muy generales. Si la búsqueda es recalibrar el federalismo para que cada escuela tenga mayor autonomía, no se explica cómo se mejoraran las condiciones de enseñanza-aprendizaje, cómo se piensan asignar los recursos federales o qué currículum y quién debería incorporar la formación tecnológica en la escuela.
En suma, un nuevo debate que trajo mucho ruido y pocas nueces. Un debate serio por los talentos implica planificar un país y proyectar su desarrollo. Suponer que emergerá como resultado espontáneo de la autonomía escolar constituye una receta tan equivocada como la que nos trajo hasta aquí.

1 comentario en “El stock de talentos para el mercado laboral local”
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