El retroceso de la industria pyme. Un balance de las exportaciones industriales a Brasil

Damián Bil

Vía Socialista

En un número previo de El Aromo, analizamos cómo la caída del mercado venezolano afectó a la economía argentina por la vía de prácticamente cancelar un destino importante de la producción de varios sectores industriales. En ese texto, señalábamos que este fenómeno se sumaba, como una especie de efecto de tijera, al fin del denominado “viento de cola”; es decir, a la caída de los precios internacionales de los commodities que habían permitido cierto impulso a la economía argentina (y de la región en general). La pérdida del empuje de las compras venezolanas, justamente por efecto de la debacle del precio del crudo y la profunda crisis en aquel país, afectó de manera considerable la actividad de varios sectores de los denominados industriales en la Argentina, que tenían en ese destino un comprador de peso. Señalábamos, también, que otro elemento de peso en la retracción de las exportaciones industriales era la caída de Brasil, sobre todo luego de la crisis de 2008-09. Proponemos aquí analizar con mayor detalle este proceso.

Una década de recesión

Si se observan los datos duros, la economía argentina en general, y su estructura industrial en particular, se encuentran en una larga recesión, que ya lleva casi una década. Si tomáramos indicadores generales de desempeño económico, podríamos observar un deterioro desde 2013-14. El PBI, a excepción de 2015 y 2017, desciende todos los años desde 2013. Si comparamos el año previo a la pandemia (2019) con 2013, es 3,8% menor (y un -4,3% si cotejamos 2021 contra 2013). El índice de actividad económica también sufrió un fuerte deterioro, sobre todo en 2018, donde acusó una caída del 7% interanual. El de producción industrial tuvo una caída anual de entre el 1,8 y el 2,6% en el trienio 2014-2016, y luego de una escueta recuperación en 2017, 2018 y 2019 acumularon una caída de más del 10%. El consumo en supermercados también cayó, un 7% en 2019. La inflación anual, de casi el 32% interanual entre 2014 y 2017, trepó a más del 50% en 2018-19 y actualmente se ubica encima de las tres cifras. Algo similar ocurrió con la devaluación del signo monetario.

Tabla 1. Evolución de indicadores económicos seleccionados, Argentina, 2014-2019


PBIÍndice actividad económicaÍndice de producción industrialConsumo en supermercadosInflaciónDevaluación tipo de cambio nominal
2014-2,5%-1,5%-1,8%s/d39,0%30,6%
20152,7%1,1%-2,6%s/d31,6%52,4%
2016-2,1%0,5%-2,3%-9,2%31,4%20,4%
20172,8%2,5%0,3%2,6%24,3%17,1%
2018-2,6%-7,1%-5,0%-5,0%50,0%104,8%
2019-2,0%-0,2%-6,3%-7,2%57,6%59,1%

Fuente: elaboración OME en base a INDEC y BCRA

El comportamiento de las exportaciones

En efecto, la recesión y la profunda crisis en particular de la industria manufacturera, dio por tierra con el relato kirchnerista que aseguraba haber generado un “nuevo modelo productivo” desde 2003, contrapuesto al neoliberalismo de los ’90 o del macrismo. Una de las bases de este discurso fue la expansión de las exportaciones durante la primera década del siglo XXI, sobre todo de productos manufacturados no tradicionales. Es cierto que las ventas externas de manufacturas de origen industrial (MOI) pasaron de poco más de 8 mil millones de dólares en 2003 a 28 mil millones en 2011-2012. Si bien en un contexto de incremento del total de exportaciones, la participación promedio de las MOI se incrementó de un 28% a un 33%. No obstante, desde 2013 comenzaron a caer en términos absolutos y también relativos. Cristina deja su gobierno con un 37% menos de ventas externas de MOI en relación al período 2011-12. En la gestión de Macri, las manufacturas en general (contando también las de “origen agropecuario” o MOA), repuntaron muy levemente. En 2019 fueron, en valor, casi un 5% superiores a 2015. Pero en 2020, con la pandemia, las MOI se desplomaron nuevamente, casi un 31% menos que el año previo. Aun así, la balanza comercial fue superavitaria, debido a un doble efecto: por un lado, los bienes primarios y agroindustriales mantuvieron valores cercanos a 2019; mientras que por el otro las importaciones se redujeron drásticamente por la recesión. Si bien en 2021 las ventas externas de MOI se recuperaron con cierta reactivación del comercio internacional, aún son 30% menores a las de 2013. La cuestión es que la participación de las MOI volvió a caer en la proporción, a un cuarto del total de exportaciones. Cabe señalar, además, que 6 dólares de cada 10 de esas ventas se destinan en su mayor parte a mercados regionales como Mercosur y resto de América Latina, con una escasa inserción en otras regiones.

El descenso de estas exportaciones provocó un serio inconveniente a la economía, en particular a la estructura industrial, puesto que el mercado exterior permite a muchas ramas no convencionales traer divisas y destinar parte de sus ventas. En ese proceso, jugó un papel relevante la caída de la demanda brasileña. Veamos entonces cómo impactó esta situación en distintos sectores de la producción.

El retroceso de Brasil como cliente de la industria argentina

Brasil es un caso diferente al de Venezuela. Esta última entró en una crisis de gran magnitud luego de la caída del precio internacional del crudo luego de 2013, y redujo sus compras al exterior de manera brutal, casi un 90% en un lustro. En Brasil, el peor efecto de la crisis económica se concentró entre 2014, año de mayor volumen de importaciones, y 2016, cuando las mismas cayeron un 40%. En ese lapso, los envíos desde la Argentina a aquel país se vieron afectados en una proporción similar. Pero a diferencia de Venezuela, la dinámica del comercio exterior brasileño se recuperó y, sin llegar aún a los guarismos de 2011-2014, en 2021 el país importó productos por casi 220 mil millones de dólares. No obstante, la producción argentina no logró aprovechar esa dinámica. Mientras que hasta 2011, el país era el tercer proveedor externo del Brasil detrás de los EE.UU. y China, con un 9% de las compras; en la segunda década del siglo la participación cayó al 6% de las importaciones.

Al considerar la importación por rubro, la mayor parte de las compras del vecino país se focalizan en bienes industriales (al igual que en Argentina). Cabe destacar en este aspecto el papel de China: mientras que en 2002-2004 este proveedor solo representaba un 5% de las compras externas de Brasil, en 2009 llegó al 14%. Para ese entonces, EE.UU. le vendía un cuarto de lo comprado por el país. La Argentina, un 8,5%. Pero luego de la crisis, los EE.UU. retroceden al 17%, y China los desplaza del primer lugar (con 22,5% de las ventas en 2018-2021). Las ventas industriales de la Argentina cayeron al 6% en la segunda década del siglo y a menos del 5% en 2020-21. O sea, cuatro puntos menos que a comienzos de siglo. Si bien parece algo menor, en magnitud de valor es algo no despreciable para la economía argentina: mientras que en 2012-14 la exportación de la Argentina a Brasil llegó a 14 mil millones de dólares anuales, para 2015-21 el promedio cayó a poco más de 8 mil millones. Para el tamaño de la economía doméstica, es un monto nada despreciable.

Analicemos el impacto en algunas actividades. Revisamos la situación para más de 145 partidas arancelarias del nomenclador del Mercosur, repasando aquí la situación de alguna de las mismas.

Entre las actividades químicas, la exportación de medicamentos fue una de las afectadas en el proceso reseñado. Hacia 2015-16, la exportación total del rubro alcanzó 780 millones de dólares anuales. Pero en 2019-20, descendió un 40%. Entre 2016-2021, la exportación a Brasil cayó un 13%. La actividad fabricante de productos de cuidado personal (higiene bucal, desodorantes, para afeitado, etc.), llegó a exportar 400 millones de dólares al año en 2011-2014, con casi tres quintas partes destinadas a Brasil. No obstante, desde 2016 esos envíos entraron en franco declive. A tal punto que en 2018-2020, el subsector solo envió al exterior aproximadamente 135 millones de dólares, menos de la mitad que en el período previo. Las importaciones brasileñas disminuyeron en un 77,6% (de casi 209 millones promedio a 47 millones al año). En 2008, la Argentina exportó 582 millones de dólares en venenos diversos (insecticidas, raticidas, herbicidas, fungicidas, entre otros). El nivel de exportación permaneció en un rango cercano entre 2013 y 2015, y Brasil compró entre el 40% y 50% de ese monto. Entre 2018 y 2021, la demanda brasileña cayó a menos de la mitad (92 millones al año), lo que impactó en la exportación total de la actividad que se contrajo en una magnitud similar.

En el sector plástico, Argentina exportó en 2011 placas por un valor de 230 millones de dólares. Brasil absorbió, en 2011-14, un tercio de ese monto. Sin embargo, sus pedidos se reducen al año siguiente, arrastrando la demanda argentina de esta actividad en el exterior: en los últimos cuatro años, Brasil compró por menos de 22 millones anuales, un 70% menos que en su mejor momento.

Entre los productos agrupados en “equipo de transporte”, el conjunto de chasis, carrocerías y partes es una de las MOI que acumula mayor valor de exportación durante el presente siglo. Entre 2012 y 2013, estas partidas registraron más de 1.461 millones de dólares de ventas externas. El grueso de las mismas se destinó a Brasil, quien compró por casi 1.000 millones al año en ese bienio. Pero entre 2016 y 2021, las compras cayeron un 60%, con Brasil retrocediendo en ese rango. En el mismo segmento, es conocida la crisis del sector automotriz argentino al menos desde 2014, que ningún plan ni bajo el kirchnerismo ni bajo el macrismo logró revertir. El país llegó a exportar 4.200 millones de dólares por año en automóviles entre 2010 y 2013. Es cierto que la inserción internacional fue muy limitada, ya que Brasil representó el 95% de esa demanda. El problema es que esta nación no sostuvo su demanda, que se retrajo sustancialmente por debajo de los 1.300 millones en los últimos cuatro años.

Existe en el país una miríada de firmas que producen máquinas y equipos varios. Una de esas producciones es la de bombas para líquidos, compresores y aparatos de ventilación. Aquí llegaron a exportarse casi 270 millones de dólares al año entre 2010 y 2013, de los cuales Brasil consumió más de un cuarto. A partir del año posterior, estas ventas al exterior disminuyeron a poco menos de la mitad, con Brasil consumiendo solo por 21 millones de dólares al año durante los últimos cuatro, un 65% menos que en 2010-13. En motores, generadores, grupos electrógenos, se exportaron en 2009-2012 productos por más de 130 millones de dólares al año. En 2010, Brasil compró por 50 millones de dólares. Pero, desde 2014, las exportaciones cayeron a menos de la mitad. Entre 2016 y 2021, el país vecino pasó a demandar apenas 7 millones por año de estos productos, una merma del 80%.

En manufacturas de metales diversos, la Argentina tuvo un pico exportador en 2011, con 295 millones de dólares. Luego de ese año, inició un marcado descenso que la llevó a casi un tercio en 2020 (104,5 millones). Brasil pasó de comprar casi un 40% de las exportaciones argentinas en 2011 a menos de un quinto en 2020: de 103 millones al año (2011-13) a solo 26 millones (2018-21).

Otra producción, con cierto nivel de exportación en las primeras décadas del siglo, es la que nuclea grúas, carretillas, apiladoras y otros aparatos de elevación. En 2011, Argentina exportó por 110 millones de dólares, la mitad a Brasil. Desde ese entonces, su demanda se desplomó: entre 2013 y 2021, se redujo la exportación total a 35 millones anuales, con Brasil adquiriendo apenas 2,4 millones al año de dichas mercancías. En remolques y semirremolques, nuestro país vendió al exterior por más de 60 millones de dólares anuales en 2011-12, comprando Brasil 9 millones al año. Luego, tanto la exportación general como la destinada a Brasil se desplomaron: entre 2016 y 2020 los despachos totales se redujeron a una quinta parte, y el vecino país pasó a adquirir apenas 2 millones de este rubro al año. En turborreactores, turbinas y otras motrices, se llegaron a exportar casi 60 millones de dólares al año en 2010-2013. Brasil adquirió una cuarta parte de ese monto. Como ocurre con el resto de las producciones, la demanda cayó desde 2014 en dos terceras partes. Durante los últimos cuatro años, Brasil solo adquirió por un valor de 2,6 millones de dólares (un 10% de las exportaciones argentinas en este segmento).

Lo mismo ocurre en la industria del papel. En el período 2003-2011 se exportaron 160 millones de dólares de papel para envases y de tipo sanitario. Brasil contribuyó con casi un quinto de la demanda. Pero de ahí en más, las ventas cayeron sustantivamente, alrededor de los 34 millones al año. La demanda de Brasil se achicó a un millón y medio de dólares por año.

En el sector del caucho, los neumáticos aportaron 233 millones al año a la balanza exportadora argentina entre 2010 y 2011. Brasil compró, durante lo que va del siglo, las dos terceras partes de las ventas externas argentinas. Luego del pico de 2011, la demanda se redujo un 29%, lo mismo que las adquisiciones brasileñas.

Con poca inserción

Con algunas excepciones, la misma dinámica se da con varias otras actividades que omitimos en este artículo: del pico de exportaciones en 2011-13, a una caída sostenida a partir de 2013-14. Encontramos una merma significativa en la demanda del Brasil para varios rubros. Encontramos que, en algunos segmentos, esto no estaría motivado por una crisis de aquel país, sino por el reemplazo de productos argentinos por otros de distinto origen. Observamos que esto sucede en el sector automotriz, donde un porcentaje de las autopiezas de la Argentina que solía comprar Brasil son reemplazadas por el avance de mercancías chinas.

La consecuencia de esto es la profundización de la recesión económica. Se puede observar en la capacidad utilizada en la industria. De casi un 80% en 2011, pasamos a un 59,4% en 2019. En papel, de 82,4% (2016) a 71% (2019); en automotriz, que destina la mitad de su producción al exterior, se pasó de 74% (2011) a 34,6% (2019). En edición, de 83% (2011) a 58% (2019). Y así con el resto de las grandes actividades. Ante la saturación del mercado interno y los límites para exportar, la producción física se estancó o directamente retrocedió. Por ejemplo, entre 2015 y 2020, el volumen de fabricación de los bienes siderúrgicos producido se contrajo un 26%, la cantidad de vehículos cayó a la mitad, entre otros. Va de suyo que este fenómeno también contribuye al incremento del índice inflacionario.

Es necesario señalar que varias de las actividades reseñadas son parte del denominado mundo PyME. El inicio de la tendencia descendente en estas exportaciones es previo a la llegada de la administración de Cambiemos, que en todo caso aplica el golpe de gracia a muchos de estos capitales que ya habían comenzado a sufrir esta retracción.

En definitiva, la reducción de la demanda de países vecinos, como Brasil o Venezuela, no es reemplazada por otros destinos. Es decir, no se logra conquistar otras plazas. Las producciones no tradicionales, que merced a un incremento en sus exportaciones en torno al período 2009-2013 dieron la impresión de una mejora competitiva y de un cambio de comportamiento durante el supuesto “modelo productivo”, estuvieron basadas en variables coyunturales (incremento de la capacidad de compra de clientes particulares, tipo de cambio favorable, etc.) y no en ganancias genuinas, basadas una mayor competitividad. Por eso, la industria argentina no consigue abrirse paso en otros mercados y es desplazada. Al caer esta demanda externa, se acentuaron los déficits crónicos, quedando en evidencia que los capitales que operan en el país son poco competitivos a escala internacional. Si bien es necesario estudiar las particularidades de cada producción en particular, lo que expondremos en futuros artículos, es posible definir una línea de acción general. En ese aspecto, el consenso liberal propone dejar a merced de “las fuerzas del mercado” a los sectores que no pueden competir. En otras palabras, eso implicaría la quiebra en masa de varias actividades y un aumento brutal de la desocupación. Es necesario pensar una salida que aproveche la estructura instalada. Una salida posible, bajo otras condiciones sociales, es el establecimiento de empresas mixtas, con participación estatal y privada, bajo la dirección planificada del primero, que por un lado permita eliminar subsidios a empresarios ineficientes y por otro concentrar y centralizar medios productivos para reducir costos de logística y de insumos, ampliar la escala productiva y de empleo, y de esa manera reducir la inflación de manera real y potenciar exportaciones. Es necesario empezar a discutir una Vía Socialista.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 8 – Enero 2023

1 comentario en “El retroceso de la industria pyme. Un balance de las exportaciones industriales a Brasil”

  1. No sería conveniente que equipos técnicos del partido profundicen la competitividad de algunas ramas industriales, ejemplo automotriz, y propongan la fabricación de un vehículo eléctrico contando con los recursos nacionales (capital y mano de obra) y el sólido apoyo del estado. Ya hay empresas en el país que fabrican autos eléctricos, entrevistarlos y proponerles está idea de empresa mixta y ver que responden.

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