El Plan Austral y el fracaso eterno

En 1985, el gobierno radical creó el Plan Austral, de la mano del ministro Juan Vital de Sorrouille. Ahí se planteaba el cambio del peso al austral. Alfonsín se había rodeado de un grupo de tecnócratas, o sea, era gente que venía de universidades y se especializaba en asuntos específicos como la economía. Después de estudiar esos asuntos creían que tenían una solución para ofrecer a los problemas del país. Pero el gobierno no tenía una base social muy clara, ni siquiera entre la misma burguesía.

Para el gobierno, la Argentina tenía un problema de inserción en el mercado mundial. Había que ver qué se podía hacer para generar un crecimiento y quién debía ser el actor que lo protagonizaría. El gobierno radical tuvo una idea ingenua, aunque más o menos coherente. Sorrouille planteaba que el Estado debía achicarse, privatizar algunas empresas y concentrarse sobre todo en vivienda o salud. Su idea era que entonces, la solución económica iba a venir de la mano de los empresarios. Para Sorrouille, la burguesía tenía que ser el motor de crecimiento.

Esta idea suena conocida. Es la que más o menos mantiene todos los partidos de la burguesía y es la que más se maneja de cara a 2023. Todos los políticos creen que si el Estado ajusta unas variables, los empresarios resuelven la tarea con inversiones. Pero con esta idea vamos de fracaso en fracaso. Fue el fracaso de Alfonsín y de todo el mundo. Y va a seguir siendo el fracaso de Guzmán, Macri y hasta Cristina.

Lo que esta gente no entiende es que tenemos un mundo de industriales que viven parasitando al Estado. Por una razón muy sencilla: la industria argentina es incapaz de desarrollarse. Es más, su negocio es volverse una burguesía planera del Estado: viven de impuestos y subsidios de todo tipo que pagamos entre todos. Si no fuera por eso, desaparecen porque no son competitivas. Sí, entre todos los obreros, ponemos plata en los bolsillos de los empresarios. Así, todos estos políticos ven que hay que hacer una tarea pero apuestan a un actor que no va mover un dedo. Ojo, tampoco sirve la solución de Milei, que cree que si tira toda la industria por la borda, van a venir las inversiones.

La solución es más concreta y es lo que acá llamamos Argentina 2050. Nosotros proponemos una salida socialista, donde el Estado tenga un rol productivo e impulse la propiedad colectiva. Proponemos concentrar la producción donde haga falta y relanzar la economía en base a la inversión estatal en industrias más fuertes (tecnología, farmacéuticas, energía nuclear, entre otros) con un incremento de la productividad. Pero además proponemos una política realista para lo más inmediato. Por ejemplo, ¿qué hacemos con el campo? No podemos empezar por liquidar lo que más o menos es rentable. Si ahogamos el campo, destruimos todo. Hay que aprovechar su competitividad, pero sin arruinar su salud económica. Hoy nuestro problema son los empresarios y la industria parásita.

Pero ojo, si algún sector no llega a la productividad media, no vamos a llenarles los bolsillos de plata. Le vamos a decir “basta” a la burguesía planera. Esa debe ser la norma general: si hay sectores en toda la economía que no llegan a la productividad media, proponemos concentrarlos en una empresa mixta con el Estado, con una elevación de la productividad. Quien no quiera ajustarse a ese esquema, que sobreviva (o se funda) solo. No vamos a mantener parásitos.

Esta solución es más realista que seguir manteniendo gente que no va a relanzar al país. Y más viable que dinamitar el Banco Central y esperar las inversiones.

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