EDITORIAL. Del fracaso a la victoria: una nueva vía.

Fabián Harari

Cambiamos. Es lo primero que se observa a simple vista. Otra estética, otros emblemas, otro lenguaje y un nuevo nombre. Es un cambio, no una renovación. No renovamos nada, no desempolvamos ningún símbolo o manual viejo y perdido: apostamos a torcer un rumbo, y a hacerlo aceleradamente, antes de que se destruya el barco, que es el país en el que vivimos.

Es un cambio que hace falta, a la vista de un fracaso histórico. Ante todo, el fracaso de una clase que está muerta: nuestra burguesía. Aquella que tomó las riendas de la sociedad hace más de 200 años, con un proyecto propio que desarrolló a lo largo de poco más de un siglo, para después agotarse y someter al país a una decadencia profunda, a una crisis que produce espasmos y derrumbes cada vez más dramáticos. En mayo de 1969, los obreros incendiaban un país ante la amenaza de quitarles el sábado inglés. Sus hijos, en cambio, cortan las calles pidiendo alimentos para los comedores populares.

No puede decirse que no haya desfilado todo lo que tienen: dictaduras militares, democracias restringidas, democracias ampliadas, peronistas de todo tipo, radicales de todo tipo y hasta mezclas de ambos (Alianza y Cambiemos). También, nos sometieron a sus diferentes políticas económicas. El resultado es el mismo: un completo fracaso histórico. No dirigen una sociedad: la destruyen.

El cuadro se completa con el fracaso, hasta hoy, de la izquierda revolucionaria. Nuestro circunstancial fracaso. Decimos “nuestro” no porque tengamos que hacernos cargo de errores ajenos, sino porque somos parte de ese campo, de una historia sobre la que construimos en forma crítica y no religiosa. Y decimos “circunstancial” porque, a diferencia de la burguesía, la potencia de otra sociedad está ahí.

Como sea, ese fracaso de la izquierda es el fracaso de la revolución en Argentina. La incapacidad de la vanguardia de la clase obrera de sacar al país del pantano. En diferentes momentos, las oportunidades chocaron contra serios obstáculos. En los ’30, la estrategia del frente popular debilitó al PC. En los ’70, el guevarismo al PRT y, a partir del 2001, el acercamiento al peronismo y el parlamentarismo llevaron al trotskismo a la socialdemocracia. Esos problemas se agravaban con la aceptación pasiva del clima ambiente internacional: el frente popular en los ’30, el guevarismo en los ’70 y el completo retroceso al parlamento o a la academia luego de los ’90, al que se suma, para empeorar el cuadro, la simpatía a los bonapartismos latinoamericanos. El caso que nos importa, obviamente, es este último. No hay en la Argentina, hoy, una izquierda revolucionaria capaz de dar una batalla eficiente. El resultado es un país que se derrumba aceleradamente, una clase obrera desarmada y la necesidad imperiosa de proponer una salida nueva.

Hasta ahora, la izquierda intentó repetir la experiencia rusa/alemana/comuna de París: en algún momento, una crisis generalizada quiebra el Estado o lo disuelve parcialmente. Ergo, los revolucionarios se encuentran con el poder (total o parcial). Todo el problema es convertir ese poder social en la dirección del Estado. O sea, en el gobierno.

Cuando uno espera ese tipo de fenómenos, produce una propaganda que machaca en la denuncia y en reclamos inmediatos propios de una oposición, porque se trata de avivar y una indignación que se quiere dirigir. ¿Y cómo resolveríamos nosotros esos problemas? No lo sabemos y no importa, mientras el enemigo no pueda hacerlo.

Pero el caso es que Argentina no es un país europeo, amenazado por alguna guerra en su territorio que obligue a una movilización general, ni hay en vista ninguna revolución en algún país avanzado, ni el Estado argentino ha dado muestras de un quiebre en su núcleo duro. Podemos sentarnos y esperar, lo que nos transforma en espectadores o en cómplices.

Ahora bien, que Lenin o Mao no hayan tenido tiempo para pensar estas cosas o que Castro haya pensado algo completamente distinto de lo que sucedió no es excusa para no proyectar un gobierno socialista en Argentina y explicar a la clase obrera para qué la convocamos a semejante esfuerzo. Esta tarea tiene dos aspectos. Primero, el problema de cómo llegar al poder en ausencia de un ciclo insurreccional. Segundo, cómo implementar el socialismo, aquí y ahora, en ausencia de una revolución mundial.

Sobre lo primero, no estamos ante una aceptación pasiva de la clase obrera de la ofensiva contra ella. Hay, por el contrario, un profundo malestar, un rechazo a la política burguesa de crecientes capas del proletariado. Solo que no se manifiesta en la construcción de un poder en la calle, como fue el movimiento piquetero. Se expresa en el terreno puramente electoral. Por eso, la importancia de desarrollar una política socialista y discutir allí donde se está produciendo el conflicto (lo que no quiere decir, bajo ningún aspecto, desconocer la lucha sindical).

En ese contexto, a diferencia de la experiencia europea, Argentina está más cerca de la “vía chilena” de Allende. Es decir, una crisis política que alcanza a los partidos burgueses y provoca cierta parálisis en la burguesía, que no puede desarmar fácilmente los mecanismos de la democracia burguesa, dando lugar a la aparición de un partido socialista en el gobierno. El problema entonces, es cómo construir, desde el gobierno, un poder social.

Por eso, para esa estrategia, nace Vía Socialista. Un partido que va a dar la lucha en el terreno hoy clave.

¿Cómo vamos a dar esa lucha? Ahí es donde vamos al segundo punto. Se trata de construir un plan para administrar un país, para sacar a la Argentina de la dinámica capitalista que la lleva de derrumbe en derrumbe. Un proyecto real, con soluciones reales para los millones de habitantes. Sin esperar la revolución mundial.

¿Y si la situación cambia? Simple, volveremos a cambiar, como lo hicimos antes. Nacimos como una revista de historia que combatía el posmodernismo. Luego nos integramos a la ANT y al Bloque Piquetero. Con el reflujo, nos dispusimos a construir un programa revolucionario y luego nos lanzamos a la acción sindical. Nunca nos enamoramos de ninguna estrategia. Somos muy respetuosos de la realidad y de la situación concreta.

Hoy, El Aromo pasa de ser un periódico piquetero al órgano de un partido que planifica el socialismo en Argentina. Pasa de un movimiento amplio que fue agotando su fuerza a un partido que combate sobre la conciencia obrera con un plan, con un futuro concreto y posible.

Por eso, el corazón de El Aromo va a dejar de darle un lugar central a la crítica o a la denuncia. Y va a dejar de concentrarse en las discusiones en el interior de ese universo (pequeño) ligado a la izquierda y a la intelectualidad progresista. Va ser un periódico responsable de traer a la clase obrera las propuestas de solución a una infinidad de problemas: ¿Cómo desarrollar una industria competitiva, con alta productividad y que exporte, pero que no deje a nadie afuera? ¿Qué hacemos con el agro? ¿Cómo construir una educación científica y útil para lo que necesitamos? ¿Qué hacer con los organismos del Estado? ¿Cómo organizar el territorio nacional? ¿Qué justicia queremos? ¿Cómo logramos un alto desarrollo sin destruir nuestro ecosistema? ¿Cómo vamos a combatir, desde el Estado, la opresión patriarcal?

Estas son solo algunas de las preguntas que vamos a responder, número a número, con la mayor rigurosidad posible. Cada quince días, ofreceremos una serie de artículos que van a explicar cada uno de nuestros proyectos, con la intención, obviamente, de discutirlos. Estamos abiertos, también, a recibir colaboraciones de especialistas e interesado en cada uno de los temas.

Esta nueva era que “no puede más, se muere de dolor”, está pariendo, como dice el trovador, “un corazón”. Es una Nueva Izquierda. Un nuevo movimiento, que mira al futuro y que va a cambiar fracaso por victoria: la nuestra. Una Argentina vivible, por fin: Argentina 2050.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 1 – Junio 2022

1 comentario en “EDITORIAL. Del fracaso a la victoria: una nueva vía.”

  1. ESTO ME ACLARA MUCHO EL PANORAMA, LO VUELVO A LEER…LA VERDAD QUE HAY QUE SER , DE MI PARTE ORDENADO EN LA LECTURA ….PRIMERO LEER EL NRO 01 DESPUES EL NRO 05 … MUY BUENO GRACIAS

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