¿Cómo vamos a planificar la industria?

Argentina 2050, el plan de gobierno de Vía Socialista, que se propone sacar a la Argentina del pantano capitalista, ponemos el foco en la “planificación” y la “concentración” de la industria para superar el atraso industrial. Pero ¿qué sería eso concretamente?

Primero, hay que concentrar los recursos en pocas ramas. ¿Por qué decimos “concentrar”? Porque solo así vamos a operar en escala y producir lo que necesita el mercado. En cada país, las empresas que compiten en ramas de punta son pocas, un puñado. Pensemos que en Estados Unidos, hay solo dos productores de automóviles (Ford y General Motors). En Corea incluso tienen una “política de campeones”, o sea, focalizada en promocionar un par de empresas.

Nosotros lo vamos a hacer radicalmente: en lo posible, con una empresa nacional por rama. Por ejemplo, una sola empresa de hardware o celulares que saque millones de productos al mercado. Solo por dar un ejemplo: en 2019 se vendieron en el mundo unos 360 millones de celulares. El 70% fue fabricado y vendido por Samsung (78 millones) y Huawei (66 millones). El tercer productor, Apple, fabricó y vendió 46 millones de iPhones, es decir, tantos como habitantes tiene la Argentina. Por eso, la gran escala es necesaria: no vamos a producir todo lo que requiere el mercado sin eso.

¿Y dónde concentramos? Ahí vamos a tener que elegir, porque el país no puede producir todo. Y además, tenemos que priorizar unas cosas y no otras. Vamos a elegir las industrias que tienen más trabajo complejo y, por lo tanto, mejores ingresos. Pero al mismo tiempo, no vamos a desarmar el agro o lo que sí funciona. ¿Por qué? ¿Somos poco socialistas? No. Porque el agro no es hoy el problema de la Argentina: al revés, va a seguir siendo el motor de desarrollo. Incluso podemos estimular la producción de frutas y cultivos industriales y sus derivados. Lo que a veces se le llama “economías regionales”.

En todo caso, es cuestión de mejorar la escala y desarrollar la transformación del producto (poroto no, aceite de soja sí; maíz no, carne de cerdo sí; sidras, enlatados, en lugar de la fruta fresca, etc.). También podemos elegir otras cosas: menos carne vacuna, más vegetales y, sobre todo, más pescado, mejora el intercambio internacional y la salud local. Hasta podemos estimular el turismo porque atrae divisas y permite valorizar áreas geográficas que tenemos que cuidar por razones ecológicas.

Fuera de estas áreas, apuntamos a la industria compleja. Ya tenemos algunos sectores más o menos importantes: el mundo del software, la farmacéutica y la energía nuclear. Pero acá hay que concentrar más (en la farmacéutica) y destinarle más recursos (energía nuclear). Pero la tarea más pesada es en informática, robótica, máquinas herramienta, química compleja, genética, aeronáutica, construcción naval y tecnología de comunicaciones. Ahí vamos a tener que arrancar casi de cero.

Una última aclaración. ¿Qué hacemos con el resto de la industria? Las ramas de la economía que no puedan modernizarse y no nos interese modernizar (porque resulta más barato comprar en el mercado mundial) desaparecen. Por ejemplo, la industria de la confección, por ejemplo, o se moderniza o muere. No vamos a construir una Argentina moderna con una industria miserable. Toda industria que quiera sobrevivir, debe ser competitiva al menos en el plano local, es decir, costo internacional más transporte. Para eso hay que concentrar y operar también escala. La industria del zapato, por ejemplo, podría ser mucho más productiva si en vez de cientos de fabriquitas, tenemos una sola empresa nacional. Lo mismo con las carpinterías, en madera o metálicas, materiales para construcción, etc. Es cierto que no vamos a exportar eso, pero si mejora su producción, ahorramos divisas y bajamos la inflación. Se beneficia toda la economía y, sobre todo, mejora radicalmente nuestro nivel de vida, que ese es finalmente el objetivo de todo esto.

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