Buscando a Nemo… Las posibilidades de la acuicultura en la Argentina socialista

Marcelo Berns León

Eduardo Sartelli

La Argentina tiene un extenso litoral marítimo, lo que significa una riqueza ictícola enorme. Una riqueza que es explotada intensamente, pero por otros países, tema del que hablaremos en otro momento. Como producto de la pesca, entran al país 1.800 millones de dólares, resultado de la venta de 498.457 toneladas producto de tal actividad, en gran medida, sostenida en el langostino patagónico. Indudablemente, es cierto que hay mucho por hacer aquí y que se requieren grandes inversiones, no sólo para cuidar y proteger el recurso, sino para extraerlo y procesarlo. Pero esta actividad no es la única relacionada con la producción de carne de pescado, ni siquiera la de mayor futuro. La acuicultura está llamada a generar una verdadera revolución en la alimentación mundial y la Argentina puede participar de ella, con muchos beneficios para la salud y la economía 1.

Empecemos por definir la actividad de la que hablamos. Por empezar, no debe confundirse con la pesca. La pesca es poco más que recoger un recurso que se reproduce solo. La acuicultura es la producción del recurso. Es la cría, control y reproducción de peces a gran escala. Demanda aplicación de la ciencia y la tecnología para mejorar el desarrollo sostenible y la eficiencia de tal industria. La acuicultura en la Argentina se limita a unas pocas provincias: Misiones (pacú, dorado, surubí, boga, sábalo, carpa, tilapia), Neuquén (trucha arco iris) y Tierra del Fuego (mejillones). El grueso de la producción (80%), se limita a pacú y trucha. Esto a pesar de que, como señalan dos estudiosos, la acuicultura

“Se lleva a cabo en el país desde principios del siglo XX y desde 1940 se siembra en numerosos cuerpos de agua lagunares en diversas regiones. Pese a su alto potencial y su extensa tradición, en Argentina la acuicultura aún no ha podido superar una fase de desarrollo incipiente. El máximo nivel de producción alcanzado por la acuicultura local fue de sólo 4.000 toneladas en 2014 y luego comenzó a descender hasta llegar a 2.592 en 2019, por lo que su contribución a la producción pesquera total es marginal (0,3% en ese año).” 2.

Es decir, vamos a contrapelo de la situación mundial. En el mundo, la crisis provocada por la sobre-explotación pesquera llevó a la multiplicación casi por 6 de la producción acuícola, llegando a 114 millones de toneladas, pasando del 27% del total de la producción ictícola en 2000, al 46% en 2018. Según los mismos investigadores,

“Si bien las experiencias exportadoras son escasas y las capacidades son todavía limitadas, la actividad presenta un importante potencial productivo y exportador. Uno de los factores fundamentales en este sentido es la diversidad climática del país, que permite la producción de una amplia gama de especies. También son relevantes la abundancia de territorios disponibles para la práctica de la acuicultura y la reconocida pureza de los recursos en algunas regiones. A esto se suma el conocimiento técnico de productores e instituciones en las distintas regiones, factor fundamental si se busca un rápido crecimiento de la actividad. El sector también podría aportar al ahorro de divisas mediante la sustitución del salmón chileno por la trucha patagónica en el mercado local. Pese a sus posibilidades, la expansión de la acuicultura se vio dilatada hasta el momento por una multiplicidad de factores. Entre ellos se destacan el bajo consumo doméstico de pescado, la falta de regulación específica para el sector, el escaso conocimiento acerca de la actividad por parte de potenciales emprendedores, que redunda en un bajo nivel de inversión productiva, y la escasez de instrumentos de fomento.”

Si se presta atención a que se prevé que, para los próximos años, la acuicultura podrá alcanzar el 60% de las proteínas acuáticas comercializadas en todo el mundo, es obvio que la Argentina tiene allí un continente para conquistar. Por empezar, en su propia casa: el consumo de pescado en Argentina es de 5 y 8 kg anuales por habitante, apenas un tercio del promedio mundial (unos 20,5 kg), incluso inferior al promedio latinoamericano (10,5 kg). Para colmo, casi todo es captura. Si recordamos que la Argentina come un exceso de carnes rojas, reemplazar vacas por peces significaría mucho más que una mejor dieta. Solo el 27% de la carne argentina se exporta, el resto queda en el mercado interno. Un aumento de la carne de pescado en la dieta significaría un mayor saldo vacuno exportable, con más ingresos de dólares.

Solo para tener una idea de la dimensión del tema, conviene comparar con otros casos. Nada mejor que el chileno, cuya situación exportadora, en 2018, puede verse en el cuadro siguiente, limitado a la producción de salmón, rubro en el que Noruega domina el mercado mundial. Así y todo, Chile exporta, solo por salmón, más de 5.000 millones de dólares anuales (Noruega supera los 8.000 millones anuales) 3. Dicho de otra manera, Chile exporta por salmón, un recurso renovable, casi el doble de lo que exportó Argentina por todas sus exportaciones mineras el año pasado. O casi el doble de las exportaciones de carne vacuna. Habría que notar, también, que Chile exporta a países con los que la Argentina tiene una balanza comercial deficitaria. Y sólo hablamos de salmón.

Hay dos formas de acuicultura, según el espacio en que se desarrolle: maricultura (en el mar); continental (en lagunas, ríos o estanques). Hemos hablado del salmón, que es del primer tipo. Pero un mercado muy importante es el de la trucha, para la cual la Argentina tiene una capacidad enorme, es del segundo tipo. Veamos, en cifras, de qué hablamos: Noruega exporta, solo por trucha, unos 300 millones de dólares. Chile, 130. Noruega exporta, por año, solo con la trucha, un recurso renovable, lo mismo que toda la exportación de plata, o de litio, de la Argentina en 2018.

Esto es lo que está en la línea de largada. Pero hay mucho más que se puede hacer. Un proyecto ligado a la producción comercial de pejerrey, podría poner en valor una gran cantidad de lagunas y lagos en todo el país, generando miles de puestos de trabajo completamente rentables, en términos de salud y economía. Un Estado productor, que planifique el desarrollo de la productividad y las posibilidades de la Argentina, podría relanzar la economía nacional, apuntalando la creación de empleos y superando el estrangulamiento del sector externo, es decir, la falta crónica de divisas. Para eso hace falta superar el puro interés individual. Para eso hace falta una Vía Socialista.


Publicado en El Aromo Nueva Época N° 6 – Octubre 2022

  1. Sobre este tema, puede verse http://www.industriaacuicola.com/biblioteca/Revolucion_azul/revolucion_azul.pdf
  2. Ver https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2021/03/dt_13_-_acuicultura.pdf
  3. Ver https://www.mundoacuicola.cl/new/situacion-productiva-actual-de-la-industria-salmonera-chilena/

2 thoughts on “Buscando a Nemo… Las posibilidades de la acuicultura en la Argentina socialista”

  1. ANTES EN LOS COLEGIOS ,CREO QUE EN 4/5 GRADO SE DICTABA UNA MATERIA, GEOGRAFIA ECONOMICA, QUE HABLABA DE RIOS , MARES, MONTAÑAS Y MUY TENUEMENTE DE ESTOS TEMAS DE LA ECONOMIA QUE SE GENERA A TRAVES DEL CONOCIMIENTO DE LA GEOGRAFIA……UNA MATERIA SIMILAR ADAPTADA AL SIGLO XXI PUEDE SER INTERESANTE INCORPORAR ,PARA CONOCIMIENTO DE EDUCADORES Y EDUCANDOS……ADEMAS DE BUSCAR PROYECTOS COMERCIALES EN LOS CUALES PODRIA INTERVENIR UNA AGRUPACION POLITICA, LOGICAMENTE CON FINES COLECTIVOS DE EXPLOTACION Y ACUMULACION DE LA PLUSVALIA, QUE GENERARA ESE PROYECTO COLECTIVISTA…… NO SE ES PARA PENSAR ALGO NADA MAS…PARA GENERAR FONDOS Y PODER POPULAR

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