Los silencios de María Corina ¿Sólo basta con la “libertad”?

El Aromo – Tercera Época – N° 13 – 2 de noviembre de 2026

Jesús Noel Hermoso

Colaborador

Todos tenemos referencias culturales para cada situación. Nuestras evocaciones son resultado de los valores e ideas que constituyen nuestra historia y ser. Por eso, sé que a muy pocos la llegada de María Corina Machado a Venezuela le pudo haber traído a la mente un son cubano. Pero yo de inmediato canté: “Se acabó la diversión. Llegó el comandante y mandó a parar”.

La relación es paradójica en todo sentido, pero eso fue lo que sucedió el 25 de octubre. El ingreso furtivo de la líder venezolana, a todas luces y con suficiente evidencia en desacato a la exigencia de Donald Trump y su amigo Marcos Rubio de que no regresara aún, puso un “parao” en el tablero político, como podía preverse y como, precisamente, quería evitar el régimen gringo y su aliado en el terreno: la dictadura chavista.

Su hazaña es una suerte de “neo antimperialismo” desobediente, que muestra un compromiso aparentemente franco con Venezuela. Pero este cambio político encierra más esperanzas que posibilidades reales, al menos en el sentido de lo que de fondo espera y aspira el pueblo venezolano. Veamos por qué.

En primer término, es innegable que su arribo aceleró cosas. Desde la reactivación sustancial de la movilización popular espontánea (ya venía creciendo la protesta pese a una represión sostenida, aunque más tímida), pasando por la respuesta del propio Rubio sobre los tiempos para la selección del CNE y realización de las presidenciales exigidas por la oposición, hasta la notablemente destemplada y compulsiva reacción del trío Rodríguez-Cabello. Todo comenzó a tener plazos, cortos por cierto y, lo más importante, la elección ya luce con fecha: 2027.

En segundo lugar, la evocación sobre el son cubano trajo también la idea de que pudiéramos estar ante un  nuevo  reacomodo del bloque de la dominación en Venezuela y de su relación con los imperialismos. Esto luce inevitable. La sociedad venezolana y su Estado actual no les sirve al capital ni al trabajo. Ni a los capitalistas ni a los trabajadores. No le sirve a nadie, salvo (y no del todo) a la voracidad de los imperialistas de cualquier signo. Pero este reacomodo no parece traer como resultado la solución que demanda el país.

Esto es lo que hace particular y única la situación histórica de Venezuela. Una sociedad sin la fuerza y estructura suficientes como para dar un salto histórico hacia una revolución social, incluso apenas democrático burguesa; y una devastación casi total de todos los referentes políticos y organizativos. En general, Venezuela está en una situación tan precaria que la demanda social ha quedado reducida a una esperanza sencilla: salir de la miseria (en todo sentido).

Hay una escena, tras el arribo de Maria Corina, que describe la situación. Un hombre humilde y descamisado, un viejito con el cuerpo aún musculoso por el trabajo, le preguntó en pleno corazón de La Guaira, en Tanaguarena: “¿Qué vas a hacer tú por este poco de pobres que estamos aquí? Dime, que yo te ayudo”. En ese momento, pensé en la canción de Ruperto, de Alí Primera. Pensé en Juan Carabina, de Simón Díaz y en Pueblos Tristes, de Otilio Galindez. Cómo una frase tan ingenua y sencilla es capaz de sintetizar la demanda central de todo un pueblo.

Pues, justo aquí es donde comenzó el silencio. La falta de respuesta. Se viralizó aquella pregunta como un anhelo casi religioso; un símbolo de esperanza y entrega sacrificada y auténtica: “Yo te ayudo”. Pero no se viralizó la respuesta, porque no la hubo. Quedó envuelta en un manto casi espectral de silencio; convertido en un nuevo misterio para la religión.

Este 29 de octubre, ese silencio volvió a emerger en su primera rueda de prensa. La astuta periodista de Televisora Española, Almudena Ariza, preguntó, quizás retomando la parte no viral de aquel viejito de La Guaira, que si llega al gobierno, “¿cuánto tiempo cree que pasará para que los venezolanos salgan de esta situación de pobreza y puedan vivir mejor?”. La respuesta también quedó en deuda junto a una más comprometedora: “¿Qué piensa usted del mensaje de Trump sobre que Venezuela se convierta en el estado 51 de la unión?”. Más silencio…

Sin embargo, en esta misma declaración, Maria Corina ratificó el plan económico y programático de Tierra de Gracia. Un plan ecléctico, que resume las principales tesis liberales que Delcy Rodríguez está buscando concretar aceleradamente, antes que la propia Maria Corina, pero sin el “manto protector” de la legalidad y legitimidad de origen. Repitió, sin ningún sustento y contrario a la idea de que esta lucha debe trascender lo ideológico, que el objetivo es derrotar al “socialismo” en Venezuela y que el país será el más importante aliado de los EEUU y un HUB energético para el mundo. Pero nunca le respondió al “Ruperto” de La Guaira sobre cómo saldrá él “y este poco e’ pobres” de su miseria.

Lo sustancial de su primera declaración, que parece más una declaración a las fuerzas políticas en el tablero que al pueblo venezolano, se puede sintetizar en el cierre definitivo del capítulo de “respeto a los resultados del 28 de julio” y la proclamación del Presidente electo Edmundo González; el reconocimiento de la Mesa de Negociación a la cual no está por ahora invitada y; el respeto a los contratos petroleros alcanzados entre Delcy y Trump, agregando sólo la necesidad de que sean transparentes y públicos. Pero los silencios fueron la mácula.

Sin duda, su llegada enerva las esperanzas en Venezuela y, para el precario estado histórico en el que nos encontramos, al menos la restitución elemental de la organización social y del Estado, las libertades democráticas y la legalidad civilizatoria, será una ganancia enorme para el país. Sobre esto, destaca una de las promesas al inicio de la declaración: desplegar una gran red de Asambleas de Ciudadanos en todo el país. Dicho así, debiera conducir a la reconstrucción de eso que llaman “tejido social”. El asunto está en si serán asambleas como las que hace la oposición, convertidas en foros instagrameables para dirigentes políticos que van a hablarle a la gente de promesas para tener Likes en sus histories, pero que impiden que las Asambleas sean verdaderos órganos de participación y decisión popular.

También declaró su compromiso con la libertad de todos los presos políticos. Esto es probable que lo logre y ciertamente es una necesidad urgente que afecta a cerca de 400 familias venezolanas hoy. Pero la situación de fondo que llevó a la dictadura a la represión más cruel jamás vivida en nuestro país, no es la acción política como acción política en sí, sino el resultado de las luchas de la sociedad contra la situación de destrucción y miseria a la que ha sido sometida en todos los terrenos, desde el cultural hasta el material, durante 28 años.

Por eso, la nueva situación puede acelerar las liberaciones y conducir, presión gringa mediante, a unas presidenciales en 2027, en las que la participación social será clave. Pero esto no implica, por ahora, un cambio sustancial ni claro para las demandas de fondo de la sociedad venezolana. Y aquí es importante aclarar dos asuntos.

Primero, la represión no se desató en Venezuela por la acción política partidista de los venezolanos. Fue el resultado de la represión contra las protestas y demandas por las condiciones materiales de existencia de la sociedad. Estas demandas fueron y son la fuente que nutre el anhelo de cambio político en los venezolanos y, segundo; la encarnación de esa demanda en liderazgos en los que los venezolanos han creído que pueden llevar a término el cambio de su situación. No ha sido hasta ahora el resultado de grandes virtudes de los diversos dirigentes, salvo excepciones, sino la encarnación de la posibilidad de cambio político para salir de la pobreza, tal como lo resumen la pregunta sin respuesta del viejo de Tanaguarena.

El reto de Maria Corina está, cada vez más a corto plazo, en cómo congeniar la voracidad energética del imperialismo estadounidense con un plan para sacar de la miseria a millones de venezolanos. Esto no es posible y sobre esto va a tener que decidir. Entre tanto, se abre nuevamente la posibilidad de salir de la dictadura. Si se logra, vendrá inmediatamente un nuevo y muy convulsionado período de lucha porque, a pesar de que se tenga “libertad”, el asunto para la inmensa mayoría seguirá siendo el mismo: salir de la miseria.

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