El Aromo – Tercera Época – N° 12 – 17 de octubre de 2026
Nicolás Villanova
Durante los primeros días de septiembre, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Sturzenegger, señaló en un reportaje al Financial Times que las transformaciones macroeconómicas en marcha de la Argentina provocarían la migración en las próximas tres décadas de unas 4 millones de personas procedentes de los conurbanos industriales y dirigidas a las provincias del Norte y del Sur, como consecuencia del desarrollo de gas y petróleo en Neuquén, y de la minería en Catamarca y San Juan. Según su parecer, este proceso migratorio no sólo descomprimiría los saturados conurbanos, en particular los del Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, también sería un motor para “limpiar” el mercado del trabajo improductivo y redirigir a la mano de obra a empleos productivos. ¿Pueden realmente las provincias cordilleranas absorber a millones de personas?
En busca del derrame
Las migraciones a las provincias cordilleranas serían el resultado del efecto “derrame” que el propio mercado generaría. Según los voceros del gobierno libertario, la riqueza generada por las exportaciones petroleras y mineras derramaría y crearía las condiciones para la expansión de sectores industriales proveedores de insumos y de maquinaria, proceso que daría lugar a la creación de puestos de trabajo y crecimiento del salario por la vía de la demanda de obreros calificados.
Ahora bien, entre defensores y críticos del supuesto “derrame”, el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, publicó en las últimas semanas un breve informe el cual concluye que el boom exportador de algunas provincias generaría oportunidades, sí, pero no necesariamente estarían alcanzando para mover a toda la economía provincial, sobre todo en materia salarial. El único caso que mostraría derrame según esta perspectiva sería Neuquén. Mientras que, Salta y San Juan “derramarían poco”, sólo a los proveedores directos de la minería, pero no al conjunto de la economía. Por su parte, Córdoba y Buenos Aires mostrarían mayor retroceso, sin aplicar ningún derrame.
Pero, lo que no dice el informe de IERAL es que el supuesto “derrame” habría tenido lugar sólo en provincias demográficamente muy chicas en términos relativos. El panorama cambia notablemente cuando se analiza a regiones con mayor densidad de población, como Córdoba y Buenos Aires. Estas últimas se diferencian por ser históricamente más industrializadas que las provincias mineras y petroleras, razón por la cual su economía es más diversificada y compleja, con mayor desarrollo comercial. De este modo, donde debiera haber “derrame” para pensar la potencialidad de ese proceso que podría abastecer a grandes masas de la población, no lo hay.
Todo parecería indicar que Neuquén sería el (único) ejemplo del que se agarra el gobierno para sostener la idea del derrame, aunque semejante presunción generó algunos contrapuntos. Por ejemplo, el exfuncionario del PRO, Alfonso Prat Gay, salió al cruce con los señalamientos de Sturzenegger y sostuvo que en su recorrida por la región Vaca Muerta no había visto derrame alguno. Por su parte, “El Coloso” respondió que la riqueza de las exportaciones generaría una infinidad de empleos en los encadenamientos productivos hacia adelante y hacia atrás. Citó el caso de Arabia Saudita que, siendo un país que depende del petróleo, emplea para esa rama a unas 100 a 200 mil personas y sostiene el empleo de una fuerza laboral de 10 millones.
¿Es posible que Neuquén se transforme en Arabia Saudita?
Ciertamente, algunos indicadores estarían mostrando un crecimiento en las últimas décadas en la provincia patagónica, profundizado por el boom petrolero de Vaca Muerta. Según datos oficiales de la Dirección de Estadística de la provincia, el producto bruto geográfico del sector de la explotación de minas y canteras osciló entre los años 1980 y 2022 de un 30% a un 50% del producto total provincial. Además, la población neuquina pasó de 244 mil habitantes en 1980 a 710 mil en 2022, según los censos de población. Un incremento relativo muy superior a la media nacional.
Tan abrupto es el crecimiento poblacional de los últimos años que la administración gubernamental habría manifestado su preocupación por la ausencia de infraestructura necesaria para contener el fenómeno migratorio en marcha. Abona en este sentido los dichos unos meses atrás del mismísimo intendente de la localidad de Añelo, el corazón de las instalaciones de la región Vaca Muerta. El mandatario señalaba que en 2024 y 2025 habían migrado unas 1500 personas por año que, para una ciudad con una población de 6700 personas en 2022, resultaba un salto abrupto sin posibilidad de hacer frente en materia de infraestructura. Por esta razón, el intendente exhortaba a la población trabajadora que no se mudara con su familia para no seguir saturando a la ciudad.
Ahora bien, ¿puede Neuquén convertirse en Arabia Saudita? La comparación de Sturzenegger parece disparatada, sobre todo por la diferencia de escala entre uno y otro. En efecto, Neuquén produjo durante el mes de agosto de 2026 una cifra récord de 751.000 barrilles diarios de petróleo no convencional (representó el 80% de toda la extracción nacional). En cambio, Arabia Saudita durante septiembre de este año produjo unos 8,3 millones de barriles diarios de petróleo convencional. Semejantes niveles de producción a lo largo de los años le han permitido ser el segundo país con mayores reservas de combustible en el mundo, después de Venezuela. Por su parte, la relación expresa que el país árabe produce, estimativamente, 11 veces más que la provincia patagónica. Además, los métodos de extracción de petróleo convencional resultan más baratos que los no convencionales, pues estos últimos requieren del sistema de fractura hidráulica de una roca mucho más compacta, proceso que supone inversiones y costos más elevados. Por lo tanto, resulta un poco exagerado comparar Neuquén con Arabia Saudita.
Por otra parte, la idea de que la expansión petrolera neuquina pueda ser la solución para la migración de millones de habitantes del conurbano bonaerense también es discutible. Pensemos que luego del boom de Vaca Muerta entre 2022 y 2026 se estima que la provincia creció de 710.814 a entre 793.288 y 800.000 personas, según las proyecciones del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo neuquino. Cabe destacar que dicho crecimiento poblacional no sólo se debe al boom petrolero sino también a la producción gasífera. Se trata de unas 90 mil personas en 4 años y poco más de 13 mil en el primer semestre de 2026. De este modo, la provincia habría incrementado su población entre 22.500 y 26.300 personas por año. Es muchísimo, sí, pero, a este ritmo de crecimiento Neuquén tardaría unos 38 años para aumentar su población en un millón de personas.
Se trata de una cifra que resulta muy escasa para la realidad actual del conurbano bonaerense a realizarse en un tiempo muy lejano. Sólo para tener una idea del asunto, según datos del INDEC, si sumamos a la cantidad de desocupados de los aglomerados de los Partidos del Gran Buenos Aires (561 mil) los del Gran La Plata (43 mil) del segundo trimestre de 2026 el resultado arroja un total de poco más de 600 mil personas, con cuyas familias llegarían a más de un millón. Además, poco más de la mitad de los pobres de toda la Argentina se concentran en el aglomerado urbano de los 24 partidos del conurbano bonaerense (casi 4,9 millones de personas). Con estos números no hay Vaca Muerta que alcance.
Patear la pelota…
Con todo, los problemas de pobreza, de desempleo y habitacionales del conurbano bonaerense afectan a varios millones de personas. Además, esa realidad la tenemos hoy. Por lo tanto, pensar que Neuquén podría llegar a ser el lugar para migrar de millones de personas de aquí a unos 40 años supone una manera de posponer soluciones que deben atenderse y resolverse en el corto plazo, y a la vez conlleva la idea de que debemos esperar el milagro del derrame del mercado.

1 comentario en “¿Un nuevo proceso migratorio en marcha?”
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