El corazón de la clase obrera

Una primera aproximación a la estructura social del conurbano bonaerense en base al censo 2022

Nicolás Villanova

Vía Socialista

En el número anterior de El Aromo señalamos tres conclusiones a la hora de entender y mensurar a la clase obrera en el Conurbano. Primero, que es necesario conocer la estructura social del conurbano bonaerense para elaborar un programa de transformaciones sociales y económicas. Segundo, que las categorías utilizadas por el INDEC resultan muy limitadas para elaborar esa caracterización y que, por ello, es necesario usar la noción de clase. Tercero, que a pesar de esas limitaciones, los censos constituyen fuentes de información que nos permiten aproximarnos a la conformación de la estructura social. Este último punto es el propósito de este artículo, a partir de los datos del Censo Nacional de Población y Viviendas, de 2022.

Una de las formas de aproximarnos a la estructura social es sobre la base de la categoría ocupacional. Si observamos su composición, el censo 2022 registró para los partidos del conurbano la siguiente distribución: un 4,8% de los ocupados serían patrones; un 2,6%, trabajadores familiares; un 7,7%, servicio doméstico; un 55,4%, asalariados; y casi un 30%, trabajadores por cuenta propia. Con las limitaciones de las categorías censales, hay por lo menos dos observaciones que hacer. En primer lugar, no hay razón para separar a “servicio doméstico” del resto de los asalariados, sobre todo a los efectos de contabilizar una categoría que agrupa predominantemente a fracciones de la clase obrera. Al sumarlos el resultado arroja un 63%. En segundo término, resulta llamativa la elevada cantidad de trabajo por cuenta propia sobre todo en una sociedad capitalista donde rige el trabajo asalariado. ¿Es un dato propio del 2022 o los censos anteriores ya mostraban estas magnitudes? ¿De qué modo evolucionaron los demás sectores de la población ocupada?

Si analizamos los últimos tres censos nacionales (2001, 2010 y 2022) observamos un descenso porcentual de asalariados y un fuerte crecimiento del cuentapropismo en 2022 respecto de 2010. Por su parte, no pareciera haber grandes cambios en la evolución de “trabajador familiar”, pero sí en la figura de “patrón”. En este sentido, se observa un descenso relativo y absoluto de “patrones” si comparamos 2022 vs 2010. Probablemente, esto exprese una tendencia a la concentración de capitales y movimientos tendientes a la pauperización e incluso proletarización de capas de la burguesía pequeña, sobre todo en un contexto de estancamiento y crisis de la actividad económica después de 2011, agudizados por la cuarentena de 2020.

Ahora bien, ¿por qué creció tanto esa población que el INDEC registra como cuentapropista y cuál es su carácter de clase? ¿Esa suba se vincula con el descenso de los asalariados? Más que un aumento del cuentapropismo parecería haber un “pasaje” de una categoría a otra, proceso que se visualiza en el número total: si sumamos los asalariados a los trabajadores por cuenta propia los tres datos censales muestran una composición que se aproxima al 92%.

Probablemente, el incremento estadístico del cuentapropismo exprese la expansión de formas encubiertas de trabajo en relación de dependencia y, sobre todo, la agudización del empleo precario. Bien podría tratarse en algunos casos de asalariados despedidos que hallaron en el empleo de aplicaciones, tipo Rappi o Pedidos Ya, la forma de mantener una fuente de ingresos. Para las estadísticas, este pasaje supone un “cambio” en la categoría ocupacional. En los hechos, se trata de un despedido (un obrero desocupado en forma abierta) que sobrevive en una ocupación superflua (un obrero que se ocupa en trabajos extremadamente precarios,, cuyos bajísimos ingresos no rinden siquiera para recomponer su herramienta de trabajo). Este pasaje también podría estar expresando cambios en las formas de contratación: del asalariado formal al monotributo.

Para aproximarnos al carácter de clase del cuentapropismo (con las limitaciones de las categorías censales) observamos otros indicadores a los efectos de poner de relieve aspectos de las condiciones laborales y de vida de esta población. Adelantamos que esa población que los organismos oficiales de estadísticas registran como cuenta propia se compone, predominantemente, de diversas fracciones de la clase obrera ocupada y sobrante para el capital.

Al comparar los datos por nivel educativo se observa una elevada composición de trabajadores por cuenta propia con primario completo y secundario incompleto como máximo nivel educativo. En el acumulado, un elevadísimo porcentaje apenas llega al secundario completo. No pareciera ser una masa enorme de trabajadores con posgrados o nivel universitario cuya calificación o instrucción le permita reproducir sus condiciones de existencia bajo la forma de “clase media” o pequeña burguesía. Además, habría que tener en cuenta que el dato de “secundario completo” podría estar “inflado” en base a las políticas gubernamentales de titulaciones express. En efecto, en ese período creció la titulación escolar de los mayores de 18 años en formatos acelerados como el Plan Fines 2 donde su mayor peso se concentró en la provincia bonaerense.

Luego, al cruzar la distribución con cobertura de salud se observa que poco más de la mitad de los trabajadores por cuenta propia no tiene obra social, ni prepaga ni ningún otro plan, siquiera un programa estatal. Además, dos tercios de los cuentapropistas no aporta un peso a su jubilación, sólo lo hace poco menos de un tercio de ellos. ¿Por qué no aporta? ¿Por qué no puede afrontar ese gasto? En efecto, si la mayoría de los trabajadores por cuenta propia apenas alcanzó niveles relativamente bajos en materia educativa, si esas mismas personas no tienen ningún tipo de cobertura en salud y si buena parte de esa población no aporta a la jubilación -o a la seguridad social- probablemente sea una masa de obreros en condiciones laborales paupérrimas. Ciertamente, estos indicadores no necesariamente expresan una condición de clase, pero sí nos permiten aproximarnos a ella, sobre todo si los tomamos en forma conjunta.

Finalmente, proponemos un ejercicio estadístico para aproximarnos a la magnitud de las clases sociales que conforman la estructura social del conurbano. Dividimos a la categoría “trabajador por cuenta propia” en dos: la que aporta a la jubilación y la que no lo hace, considerando a la primera como una posible fracción de la pequeña burguesía y a la segunda como parte de la clase obrera. Luego, a los patrones y a los trabajadores familiares los ubicamos como fracciones predominantemente burgueses o pequeño burguesas. Mientras que, a los asalariados, el servicio doméstico los ubicamos como predominantemente obreros. ¿El resultado? Un 16,6% de la población ocupada predominantemente burguesa y pequeño burguesa, y un abrumador 83,4% restante con predominio obrero.

De este análisis podemos sacar algunas conclusiones. En primer lugar, en el conurbano bonaerense, donde se concentra buena parte de la población del país y de la industria hay un predominio de clase obrera. la mayoría de las personas reproduce sus condiciones de vida, directa o indirectamente, basada en relaciones asalariadas y de explotación. En segundo término, dado que las políticas del gobierno libertario atentan fundamentalmente contra la industria manufacturera y la construcción, la clase obrera del conurbano se encuentra en un proceso muy crítico, en vías de metamorfosearse en desocupación abierta.

Hay en marcha un proceso de descomposición social, más o menos acelerado, que ni el peronismo ni el macrismo lograron resolver y que sólo se revierte con un Estado que planifique la economía e impulse el desarrollo de nuevas ramas productivas (computación, economía del conocimiento, floricultura, piscicultura) y la concentración de otras (confección, calzado). Sólo así el conurbano gozará de pleno empleo y bienestar social.

Entre 2001 y 2010 no hay grandes diferencias en la composición de la categoría ocupacional. Pero, entre 2010 y 2022 el porcentaje de empleados se redujo de 76% a 63% (-13% puntos porcentuales) y el cuentapropismo pasó de 16% a 30% (+14 puntos). Significa una reducción de -16% de los asalariados y un incremento de 87% del cuentapropismo.

El 22,5% o no tiene instrucción o tiene el primario incompleto o apenas llegó a completar ese nivel y nunca inició el secundario. Muy pocos finalizaron estudios de nivel superior.

Poco más de la mitad de los cuentapropistas no tiene ningún tipo de cobertura en salud. Paralelamente, dos tercios de ellos no aporta al sistema jubilatorio.

Un ejercicio de estimación basado en la categoría ocupacional supone un elevado predominio de clase obrera.

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