Despejando el terreno

Los problemas de las categorías censales para caracterizar la estructura social del conurbano

Nicolás Villanova

Vía Socialista

Pensar un programa para el conurbano bonaerense supone, entre otras tareas, conocer la estructura social y la composición de la clase obrera en ese territorio donde se forjó históricamente la actividad industrial en Argentina.[i] No obstante, antes de avanzar con una aproximación de clase a partir de los datos censales conviene despejar algunas nociones que tienden a obnubilar la realidad social que queremos indagar. Dejamos para el próximo número de El Aromo una caracterización de la estructura social a través de la información censal.

El sentido común suele asociar la pertenencia a una clase social con los ingresos monetarios, criterio con el cual se clasificaría la población según estratos. Alguien que gana “poco” dinero sería de clase baja, alguien que gana “mucho”, de clase alta,y, en el medio eso que comúnmente se denomina clase media. Esta concepción traza una línea absoluta para medir un fenómeno complejo, proceso semejante a como se estima la pobreza monetaria. De este modo, dos pesos más o dos pesos menos puede determinar una condición de clase. El problema de la noción basada en los ingresos es que nada nos dice acerca de la relación social entre las clases y, consecuentemente, oculta la explotación. En este sentido, se niega la existencia de explotadores y de explotados. Además, esta definición impide ver la complejidad de las divisiones en el seno de las clases y sus transformaciones históricas, sólo ve simples pasajes de un lado a otro. Por ello, una caracterización de la estructura social del conurbano bonaerense debe partir de la noción de clase.

La noción de clase social en un sentido científico (marxista) parte de la posesión o no de medios de producción y de vida, y de la reproducción de la vida a costa del trabajo ajeno o sobre la base de la propia fuerza de trabajo. En el primer caso hablamos de burguesía, en el segundo, de clase obrera. Además, no son clases homogéneas. En el seno de cada una de ellas hay capas y fracciones. La burguesía se agrupa según la rama en la que invierte y obtiene plusvalía: agropecuaria, industrial, mercantil. La clase obrera se encuentra en activo o conforma la reserva de mano de obra o bien se emplea en ocupaciones superfluas que encubren desempleo. El conurbano bonaerense se caracteriza fundamentalmente por el empleo en el comercio, la industria, la construcción y el servicio doméstico. La pregunta que surge es en qué medida se expande la sobrepoblación relativa, un fenómeno que se agudiza después de los años ’70 hasta nuestros días.

Los censos de población y viviendas constituyen un insumo para elaborar aproximaciones a la composición de clase de la sociedad. Sin embargo, la tarea resulta muy compleja por las limitaciones de las categorías utilizadas las cuales se alejan de la noción de clase. Lo más aproximado resulta de la denominada “categoría ocupacional” la cual divide a la población “ocupada”[ii] en patrón, empleado u obrero, cuenta propia y trabajador familiar. Una novedad del censo 2022 es el registro como categoría específica de “servicio doméstico”. No obstante, quedan por fuera de esta clasificación otras fracciones de diversas clases sociales, razón por la cual la categoría ocupacional resulta una limitación para caracterizar la magnitud de aquéllas. Por ejemplo, un rentista es considerado por el INDEC como parte de la población inactiva y bien puede tratarse de un burgués que tiene un medio de producción (la tierra) o un medio de vida (una casa o un cuarto) y lo alquila. Por otra parte, un desocupado, que no conforma la categoría ocupacional, es un obrero pues carece de medios de producción y de vida y sólo puede ofrecer su fuerza de trabajo.

¿Cuáles son las definiciones en el seno de la categoría ocupacional? Según el INDEC, un patrón sería un empleador dueño de la empresa que trabajó “al menos una hora en la semana” y que tenía empleados a su cargo. De este modo, lo que aparece como “patrón” bien puede tratarse de burguesía o pequeña burguesía, entendiendo por esta última a una fracción de la clase que debe trabajar y que no puede vivir del trabajo exclusivamente ajeno toda vez que su pequeño capital no se lo permite. Por su parte, el trabajador familiar sin remuneración es una persona que trabaja en una empresa de algún familiar. La categoría en sí nada nos dice acerca de las condiciones en que reproduce su vida. Este trabajador podría reproducir sus condiciones de existencia en forma burguesa o en forma obrera. Los casos más visibles son los familiares que trabajan en una verdulería o almacén familiar, donde muchas veces se encubren situaciones de trabajo infantil. No resulta casual que una de las ramas en que mayormente se emplean los familiares sin remuneración sea el comercio.

El trabajador por cuenta propia no tiene empleador, pero tampoco tiene empleados a su cargo según la concepción del INDEC. Sin dudas, es una de las categorías más problemáticas. ¿Son pequeña burguesía? ¿Son clase obrera? Eso dependerá de muchas condiciones. Un monotributista,, registrado como “cuentapropista”, puede ser obrero o pequeño burgués. Un cartonero es registrado como cuenta propia y, sin embargo, es un obrero que no posee medios de producción ni de vida y sólo sobrevive de la venta de su fuerza de trabajo. Uno de los problemas de esta clasificación es que “mete a todos en la misma bolsa”: farmacéuticos con local sin empleados, contadores “autónomos” y cartoneros son registrados en la misma categoría.

Es muy importante clarificar esta categoría sobre todo para analizar la estructura social del conurbano bonaerense. Pensemos en los vendedores de panchos y bebidas en los trenes, en los que se dedican a la venta de alfajores y golosinas en los colectivos, en los vendedores ambulantes y feriantes ubicados en plazas o que caminan la calle, los cartoneros, los repartidores de aplicaciones, los que cargan y descargan materiales en comercios y varios etcéteras. Toda una masa de población superflua para la producción de plusvalía cuya pertenencia de clase es obrera.

Por último, la figura de asalariado es otra categoría también cuestionable. En términos generales, buena parte del cuentapropismo y del mundo asalariado forma parte de diversas fracciones de la clase obrera. Pero, hay una minoría “asalariada” según las estadísticas oficiales que se “emplea” en los altos cargos del Estado como funcionarios, los cuales van desde el presidente hasta los diputados nacionales, provinciales y los senadores. Todos ellos son categorizados por el INDEC como “asalariados” toda vez que cualquier trabajador dependiente del Estado es registrado como tal.

En la actualidad, el conurbano bonaerense es sinónimo de pobreza, miseria y precariedad laboral. Un programa de transformaciones económicas y sociales supone conocer la estructura social y las clases que la componen para saber no sólo la magnitud de la población empleada sino además en qué ramas es explotada. Además, supone conocer la magnitud real del desempleo que excede con creces la desocupación abierta tal cual la estima el INDEC. Sólo así podemos avanzar en un diagnostico y sobre todo en las soluciones posibles para salir del pantano.


[i]Para una caracterización acerca de qué es el conurbano bonaerense, ver: Pezzarini, Martín (2026). “Una ciudad partida”. En: Deuda prometida, disponible en https://deudaprometida.com/una-ciudad-partida/.

[ii]Para el INDEC ocupado es aquel que trabaja al menos una hora por semana.

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