El reparto del botín. Sobre el primer debate del FITU

Fabián Harari

Editor Responsable

“Ahora, ya no te servimos…”, parece ser el reproche al PTS, escondido tras los argumentos de tres de los cuatro partidos, en esa noche del lunes 29 de junio, en la Facultad de Ciencias Sociales. Allí, donde se llevó a cabo el primero de los cinco debates proyectados entre los partidos del FITU. El objeto de semejante escándalo: el PTS y el ascenso de la fulgurante Myriam. Fue el propio PTS, entonces, quien se encargó de llamar a una discusión pública. El objetivo, según consta en la convocatoria era

“esclarecer los acuerdos y diferencias que podamos tener sobre las vías, el método y el programa para avanzar hacia la constitución de un partido de la nueva clase trabajadora, revolucionario e internacionalista, y explorar posibles iniciativas comunes allí donde existan acuerdos”.

Para lo cual, se planteó “incorporar a otras agrupaciones políticas que quieran participar del debate”.

En realidad, el propio anfitrión no respetó ni el objetivo ni la convocatoria. No hubo “otras agrupaciones políticas que quieran participar”. Vía Socialista no solo saludó el debate, sino que solicitó públicamente un lugar en el mismo, sin respuesta alguna. Es curioso, porque si la idea era discutir programas para gobernar el país, nosotros escribimos dos, mientras que el resto no tiene ninguno. El caso es que no hubo ninguna “otra agrupación”. Solo los partidos del FITU.

Esa restricción no solo es consecuencia del reconocimiento del subdesarrollo político e intelectual, en el campo programático, de los anfitriones. Hay algo más, y tiene que ver con el objetivo para el cual fueron pensados los debates. Lo primero que uno se pregunta es por qué, en una discusión sobre la formación de un partido (“nuevo” o no), no se discute ante todo el programa y, recién después, el cuerpo organizativo, entendiendo que este último se deduce de las discusiones sobre lo primero. No hace falta explicar que es la magnitud y la calidad de las coincidencias la que determina el tipo de organización y los procesos correspondientes para avanzar en ella. La forma se tiene que adaptar para preservar al contenido. Nunca al revés.  

Esta subversión del orden racional del debate, en realidad, nos habla de que el PTS no tiene en mente esos objetivos que declama, sino otros: saldar cuentas con el frente. Como se vio en las intervenciones, es el propio FITU el que está en discusión. Y, tal como lo deslizaron, tal vez la dirección del PTS esté buscando una separación ordenada (lo que no puede anticiparse). Veamos, entonces, qué llevó cada partido.

El debate

El primer elemento que vale la pena resaltar es la distancia política de esa dirección con las masas. Fue un evento sin juventud obrera, sin una multitud y sin repercusión en los medios masivos (raro que el PTS, que se jacta de un aparato de difusión masivo, no haya podido hacer de esto una noticia nacional). De todas maneras, la nula inserción en las masas es un hecho que fue reconocido por la mayoría de los presentes.

Empecemos por los motivos que llevarían al debate y a la necesidad de un replanteo del frente. Para el MST, estaríamos ante la “tercera oportunidad histórica” para la izquierda.  La primera, con el ascenso del MAS, a fines de los ’80 y la segunda con el de Zamora, en el 2001. Todas, definidas por la crisis del peronismo. En este caso, también, estaríamos ante un “giro hacia la izquierda revolucionaria”. Lo primero que uno se preguntaría es una oportunidad para qué, aunque esa precisión sea mucho pedir. En realidad, se confunde un momento de incipiente crecimiento electoral (MAS) con el desarrollo de la conciencia de clase (como el movimiento piquetero). De la misma forma, confunde la simpatía con una dirigente outsider con un giro hacia la “conciencia revolucionaria”.

Para IS, estaríamos ante un repudio creciente al gobierno de Milei que no puede canalizar el peronismo. Sí, en cambio, Myriam, aunque lo hace como dirigente del FITU, porque (siempre según IS) la gente entiende la coherencia del frente de haber enfrentado a todos los gobiernos. Confundir la simpatía a una dirigente con el acercamiento al FITU es, sencillamente, no tener los pies en la tierra.

Diferente fue la posición del PO, que señaló que estamos ante un retroceso de la clase obrera y una relación de fuerzas desfavorable, sin una tendencia a un levantamiento popular, como hubo en Bolivia. Aun así, habló del crecimiento del FITU y no solo de la figura de Myriam. El escenario de retroceso general, mientras el FITU crece, es ciertamente curioso.

Lo más interesante vino de la exposición de Christian Castillo: usó casi todos sus minutos, de su primera intervención, para cuantificar la presencia de su partido en redes sociales y en los grandes medios de comunicación. No hace falta escudriñar mucho para entender su argumento: aquí solo hay un crecimiento: el del PTS, y estamos acá porque el PTS crece. Lo cierto es que Christian sostiene que esa es la influencia que tiene el PTS en las masas. Habría que preguntarle, entonces, qué espera para lanzar la insurrección…

Lo más triste no son estas caracterizaciones poco realistas (uno quiere cuidarse y no decir “absurdas”), sino que ninguno puso sobre la mesa lo primero que debería haberse discutido: el FITU no funciona como frente político, sino como frente electoral. En ese campo, no solo está estancado hace más de diez años, sino que, en las últimas elecciones, retrocedió ostensiblemente. La discusión debería haber empezado por ahí, números en mano. Más aún: esta reunión debería haberse llamado apenas se conocieron los guarismos de las elecciones del año pasado. En cambio, se llama ahora, no para realizar un balance, sino porque, frente al ascenso de una de sus figuras, el PTS no sabe qué hacer con el frente. Y, el resto, porque quieren quedarse con algo de ese caudal y evitar que el PTS se corte solo (o que, al menos, que no le sea tan sencillo).

Otro punto de discusión es la caracterización del peronismo, al que todos reconocieron como el problema principal. Para el MST, como dijimos, está en crisis y, si no se aprovecha la oportunidad (¿para qué?) puede volver a rearmarse. Claro que, nos dicen, un sector está viniendo hacia la izquierda y habría que acercarlo (y ya sabemos cómo…). IS señaló que el peronismo y la CGT habían pactado con Milei, esperando las elecciones del año que viene, lo que lo dejaría ausente en las “grandes luchas” (y uno se preguntaría cuáles…). Para el PTS, el problema del peronismo es su “pasividad”. Por lo tanto, propone “superarlo por izquierda”. El PO, en cambio, señaló (aquí, correctamente) que no se trata de “pasividad”, sino de otros intereses de clase.

Lo primero que habría que señalar es que no apareció la palabra “kirchnerismo”, sino solo “peronismo”. Esa es toda una definición: se evita criticar a Cristina y, hasta cierto punto, a Kicillof. El PO dice que está en contra de hacer un frente AntiMilei (como quiere el PTS), pero, en los hechos, lo hace.

Es claro que el PTS tiene una posición que lo coloca dentro del peronismo. Llama a romper la “pasividad”, o sea, la acción, pero no el programa. Llama a ser más peronistas que los peronistas. Y llama a “superar”, no a “combatir”. Superar es conservarlo y dar unos pasos más allá, pero mantener el sentido y la orientación (espero que a ninguno del PTS se le ocurra citar el aufhebung). Es un problema cuantitativo. Por eso, cuando llama a “otras organizaciones” no se refiere a la izquierda que no está en el FITU, precisamente…

Vamos a lo más importante: la propuesta para el FITU. Todos los partidos, a excepción de IS, reconocen que el frente está en crisis y tiene que cambiar. Para el MST, el FITU debería tener mucha más masa militante. Lo mismo indica, más crudamente, el PO, cuando señala que ningún partido es un polo para la clase obrera. El PTS va más allá y dice que el FITU “es una respuesta [al peronismo] rutinaria y sin ambición”, lo que constituye una sentencia casi irreversible.

¿Qué proponen, entonces? El PTS, lo que levantó la polémica: un “nuevo partido”, para una “nueva clase obrera”, que “levante un programa anticapitalista” (no socialista) y se proponga “ser una alternativa de poder” (no tomar el poder, sino mostrarse como alternativa). Para eso, la formación de “comités de base”, para la construcción de ese partido. Según Chipi, de allí saldrán los futuros soviets que impulsarán la huelga general…Esos comités excluyen a militantes de otros partidos (de izquierda…). Ante la crítica sobre la ausencia de dirigentes sindicales (caso SUTEBA Matanza), el PTS responde con la formación de Mesas de Coordinación Zonal, donde, junto a dirigentes que representan sindicatos, cualquier militante regional del PTS tendría el mismo peso. Eso, con la excusa de superar el “tradeunionismo”.

La crítica del resto de los partidos es que el PTS quiere armar un PT, siendo que en la experiencia brasileña confluían corrientes que tendían hacia la independencia de clase, mientras que aquí eso está en el FITU. Ante eso, el PO y el MST proponen levantar la apuesta y, como “nuevo partido”, proponen crear un partido único entre los cuatro trotskistas. El MST, simplemente cambiando los nombres: el FITU pasaría a ser el “partido” y los partidos “tendencias”. El PO, en cambio, aspira a crear una dirección única, a partir de comités unitarios, que llamen a una Asamblea Nacional de la Izquierda. Es interesante que, 15 años después, el PO levante la misma consigna que esgrimimos en 2011 y por la cual nos expulsaron de la Asamblea de Intelectuales del FITU. Tal vez, dentro de otros 15 años, escriban una propuesta similar a Argentina 2050… Aunque se unificaran (y claramente no hay ninguna razón programática que lo impida), seguirían teniendo el mismo límite: la ausencia de un programa de gobierno, con o sin insurrección, y la espera a que la revolución mundial arregle ese vacío.

Lo cierto es que el PTS rechazó de plano esa iniciativa. Declaró que sus diferencias con el resto de los partidos son muy “profundas” (FATE, Ucrania…) y que no comparte la idea de un partido de tendencias. Tampoco está de acuerdo con los comités unitarios. ¿Entonces, cuál es el sentido de los otros cuatro encuentros? ¿Qué tiene entonces para ofrecer el PTS al frente? En realidad, nada. Solo anunciar que va a formar un “nuevo partido” con otra gente, con la que tal vez tenga más coincidencias… Tal vez, esté mirando a los desprendimientos del peronismo.

¿Cuál es la conclusión más importante de todo este debate? Que ninguno de los allí presentes está pensando en la clase obrera. En lugar de empezar por caracterizar los problemas y las soluciones (la discusión del programa), se empieza por discutir qué forma tiene que tener el FITU. ¿Por qué? Porque lo único que realmente les importa es qué va a pasar con esos escasos votos que tienen (y esos cargos), si el PTS decide irse. O, si se queda, cómo va a ser el reparto del botín. Ni siquiera pensaron en términos de difusión. El primer debate es el más importante para llamar la atención: ¿a alguien se le ocurre que un trabajador de Rappi o un docente va a estar preocupado por los lugares de cada partido en el FITU? ¿Con eso pretenden llamar su atención? ¿Esa es la carta de presentación de los debates?

Nosotros volvemos a reiterar nuestra propuesta: un debate sobre cómo le vamos a resolver los problemas a millones de argentinos. No en el horizonte sempiterno: ahora, en breve. No esperamos la huelga general de masas, queremos gobernar ahora. Ponemos, otra vez, nuestro programa de gobierno a disposición. Hablemos de las cosas de este mundo, que nos esperan.

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