El rincón del vago

Gabriel Solano, Vía Socialista y la interna del FITU

Eduardo Sartelli

                Es evidente que nuestra posición acerca de las posibilidades electorales de Myriam Bregman generó repercusiones variadas. Ya hemos hablado bastante de esto en El Aromo y en las columnas 48 y 49 de La Sartelli por el Mango, pero quisiera ahora examinar brevemente la de Gabriel Solano, vertida en su editorial en el programa 14 toneladas.  No solo para corregir una intervención irrespetuosa y falta de todo conocimiento, sino para examinar, a partir de ella la situación a la que se enfrenta el FITU y el conjunto de la izquierda.

Una falta de respeto innecesaria

Solano podría haber desarrollado sus ideas sobre la posibilidad de un gobierno de izquierda sin hacer alusión a nuestro aporte al debate. Daría lo impresión de que no quería hacerlo, de que se vio obligado. Digo, porque es evidente que algo tenía que decir y no quería tomarse el trabajo de leer aquello que iba a criticar. ¿Por qué tenía que decir algo y algo de nosotros en particular? Tal vez porque Argentina 2050 está haciendo “ruido” en las bases de partidos que evidentemente no estaban preparados para la coyuntura que parece abrirse con la posibilidad de “Myriam presidenta”. Es decir, se terminó la calma plácida de un sindicalismo pretencioso y se abre la tormenta del gobierno. Digo “sindicalismo pretencioso” no porque no sea una actividad válida ni un vehículo para vincularse a la clase obrera y construir un partido revolucionario, sino porque hasta ahora, la actividad real del trotskismo, no su actividad imaginaria, se ha limitado al sindicalismo. Es un sindicalismo “pretencioso” porque pretende ser otra cosa: propaganda socialista y construcción de partido. El trotskismo “pretende” que hace mucho más que sindicalismo, pero, en la práctica, todo se reduce a sindicalismo. La propaganda y la construcción del partido, da a los trotskistas, al mismo tiempo que la posibilidad de diferenciarse de la “burocracia sindical”, la de abstraerse de la política, es decir, de la disputa del poder, actividad que se deja para cuando “se den las condiciones”, es decir, una vez cada treinta años (1945, 1975, 2001).

Además, dada la forma en que se espera el proceso revolucionario (mundial, simultáneo, breve), carece de sentido ponerse a pensar en las vicisitudes de una elección exitosa y de un acceso al Poder Ejecutivo y, por lo tanto, tener que gobernar. Por el contrario, desde ese punto de vista, más graves son los peligros de una ilusión tal, que termina o en una cooptación, al estilo Syriza, o en una catástrofe, como con Allende. Pero se ve que el clima obliga a los trotskistas a pensar la política, la política real tal cual se nos aparece en este tiempo y en este lugar, es decir, como democracia burguesa y aislamiento internacional. Eso da por tierra con las previsiones de internacionalismo, simultaneidad y brevedad. El escenario que se dibuja es, por el contrario, nacional, aislado y, por ende, necesariamente largo. Hasta ahora, el trotskismo actuaba como la zorra y las uvas: como no podía alcanzarlas, le bastaba como excusa el que estaban verdes. Ahora, alguien (la crisis de la política burguesa, de los aparatos políticos burgueses y de la democracia burguesa misma) le ha alcanzado la escalera y sus propias bases le exigen que suba. El problema es que no saben subir la escalera, no tienen programa. Si Argentina 2050 y el Programa de gobierno de Vía Socialista atrae es, precisamente, por su carácter concreto, realista y adaptado a la hora. Gabriel podría discutir su contenido y concluir, legítimamente, lo que quisiera. Eligió ignorar, tanto al texto como a sus creadores.

En efecto, en dicho “editorial”, el dirigente del Partido Obrero se refirió a los autores del único programa, al menos hasta ahora, que supone una perspectiva de gobierno, como “un grupo llamado Razón y Revolución”. Gabriel me conoce desde hace 30 años, lo menos. Y bastante bien, en tanto hemos militado juntos, al menos hasta el 2002. Después, nos hemos cruzado en cuanto debate ha tenido la izquierda, ha participado de nuestras actividades (cuyo registro puede verse en Youtube, por ejemplo), está perfectamente al tanto del nacimiento de Vía Socialista, entre otras cosas, porque nos hemos visto el año pasado en el programa Comunistas. El libro mismo se coloca directamente en relación a Vía Socialista, no solo porque se proclama como su programa, sino que hasta en el subtítulo reivindica esa pertenencia: “Una vía socialista posible”. Es obvio, entonces, que necesita ningunearnos, que no quiere darnos entidad, aunque, al ocuparse de nosotros reconoce, de facto, que la tenemos.

En efecto, Gabriel prefiere la falta de respeto al debate franco, tal vez porque no puede enfrentarlo. Y porque no puede enfrentarlo, tiene que mentir y tergiversar el contenido de Argentina 2050. Salvo que no lo haya entendido, pero sería raro que un tipo capaz y con la experiencia política que él tiene no comprendiera un texto que se caracteriza por un lenguaje llano. O directamente, a las apuradas acudió a un resumen mal hecho.

El rincón del vago

                Digo que esta es la fuente de sus críticas a Argentina 2050 porque, con sus limitaciones, cualquier versión berreta de IA le hubiera dado un resumen más fidedigno. Confiado en el vago que hizo el resumen, Gabriel nos critica lo siguiente:

  1. A las industrias por debajo de la productividad mundial las dejaríamos caer…
    1. A los desocupados les daríamos un subsidio un poco más alto que el de Milei…
      1. Queremos condenar a la clase obrera a ser una clase no productiva…

Parece que Gabriel no llegó a la parte en que hablamos específicamente de las pymes y del papel que cumplirían allí las empresas mixtas. Y tampoco llegó allí donde proponemos transformar a todos los desocupados en empleados del Estado ni a la que habla de la creación de empresas estatales de bajo nivel tecnológico y mucho uso de mano de obra para dar empleo productivo a esos desempleados ahora en la planilla estatal. Caramba.

No contento con ignorar/desfigurar/mentir sobre estas cuestiones elementales, Solano pasa a enumerar “consejos” de lo que habría que tener en cuenta si uno quisiera elaborar un programa socialista para la Argentina, como si tales cosas no estuvieran expuestas en Argentina 2050:

  • “Tendríamos que prestar mucha atención a la centralización de la economía…”
    • Debiéramos “darle a las industrias que tenemos una posibilidad mantenerse transitoriamente porque es muy distinto que un gobierno obrero establezca un método de revoluciones internas de la economía … que un gobierno capitalista que no le importa nada y cierra Tierra del Fuego condenando a las masas a la desocupación…”

¿En serio, Gabriel, “tendríamos”? La esencia de la propuesta de A2050 es la planificación centralizada, defendida como una clave del programa y una de las ventajas de cualquier economía (capitalista o socialista) sobre el capitalismo en modo “liberal”. Pero la idea de darle a las pymes “una posibilidad”, sin pensar en retener para los trabajadores, a través del Estado, la propiedad de aquello que aportan para que logren “mantenerse transitoriamente”, no puede interpretarse de otro modo que la típica política de subsidio peronista que, o bien fabrica millonarios con el bolsillo del proletariado, o desperdicia carradas de riqueza pública en el agujero sin fin de empresas condenadas al fracaso. Precisamente, para eso es la empresa mixta: para retener para el proletariado esos “subsidios” como propiedad estatal. Es, al mismo tiempo, un modo de expropiar a la pequeña y mediana burguesía al modo “cooperativo”.

Después de esta confesión de peronismo sui generis, Gabriel expone, como originalidad, su “programa”:

  • Aumentar salarios disminuyendo la ganancia de los capitalistas
    • Distribuir las horas de trabajo
      • La nacionalización del comercio exterior

Un planteo un tanto curioso, porque Gabriel quería darles “tiempo” a las empresas, pero reduciendo las ganancias de los capitalistas se lo quita. Salvo que se refiera al rédito, es decir, al ingreso particular de los empresarios, pero con eso no va demasiado lejos. Si se refiere a la ganancia de empresa, sucede algo más extraño, todavía: los capitalistas obtienen ganancias fabulosas, al punto que se las podría amputar sin sacarles “tiempo” para crecer y multiplicarse, pero no invierten a pesar de que tienen esas ganancias fabulosas. Es gente medida, parece. Como si eso fuera poco, pretende además imponerle una plantilla de personal aún más pesada, distribuyendo las horas de trabajo, o lo que es lo mismo, reduciendo la jornada. Evidentemente, no cree que en la Argentina hay un problema productivo real, cree que está en Alemania o Japón, con una superproductividad del trabajo a escala mundial y que los capitalistas nos mienten diciendo que no pueden crecer. Si piensa que con la nacionalización del comercio exterior (algo que, a la larga, va de suyo que un Estado socialista haría), mejora la perspectiva, se equivoca de nuevo, porque el problema no es lo que se vende (y pasa por “comercio exterior”) sino lo que no se produce, por falta de productividad y ausencia de inversiones productivas. No es que se vende mal, sino que se produce poco y mal, en el área mercado internista, que es el problema del que estamos hablando. Aun así, Gabriel, que parece saber que la Argentina tiene un problema de productividad (porque nos lo ha advertido), cree que con estas medidas va a mejorar “de entrada las condiciones de vida del pueblo…”

La Argentina tiene un problema productivo, técnicamente hablando. Sólo lo puede resolver el Estado, en el mismo proceso en el que construye su base socialista. Gabriel, como el resto de la izquierda, no entiende este problema ni se prepara para resolverlo, aprovechando la oportunidad para construir el socialismo, porque no quiere gobernar, quiere que la suerte le resuelva los problemas mágicamente: “Esto no es socialismo en su solo país porque cualquier gobierno de trabajadores en Argentina, sería solamente un episodio de la revolución internacional”.

Gabriel no quiere gobernar, quiere boicotear

En efecto, según sus propias declaraciones, en la fase actual en que se encuentra la izquierda argentina no hay que tener un programa de gobierno. En realidad, según Gabriel, el gran problema de poder de la izquierda es separar a las masas del peronismo y construir una fuerte vanguardia obrera y popular. Para eso, “Proponemos una asamblea nacional del Frente de izquierda dirigida al movimiento obrero y luchadores, para construir una alternativa de poder obrera y socialista, que impulse Fuera Milei.” O sea, sigamos en la misma: en lugar de llamar a construir una posibilidad real, continuemos con el sindicalismo pretencioso.

Está claro que, además de no poder debatir francamente las propuestas de VS, Gabriel no puede decir lo que siente: que, si Bregman pica en punta en las encuestas y el PTS se lanza a una campaña electoral feroz y convincente, los días del resto de los partidos trotskistas están contados, al menos como socios más o menos igualitarios de una alianza. El PTS no avanza en ese sentido, pero claramente se muestra dispuesto a destruir el FITU. El PO intenta boicotear esa posibilidad, boicoteando, de paso, la alternativa electoral. Nos encontramos, entonces, en medio de una situación auto-destructiva: unos (el PTS) no cree en la perspectiva que se abre a las fuerzas de izquierda en 2027 (o no se anima) y privilegia ganar la interna troska; otros (el PO), prefieren que no se realice esa perspectiva, para no perder la interna troska.

Las organizaciones trotskistas siguen atrapadas en el chiquitaje que denunciamos ya en el 2011 (véase la columna 49 de La Sartelli por el Mango). Vía Socialista ha convocado a las direcciones del FITU más Política Obrera, a un debate franco y abierto (véase en este número de El Aromo), para discutir un programa de gobierno y un acuerdo para lanzar a toda la izquierda a la batalla por el poder. No nos han respondido, todavía.

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