¿Sin proyecto?

El porvenir de los jóvenes en la Argentina actual

Nicolás Villanova

Vía Socialista

Un reciente informe de Argentinos por la Educación basado en los resultados de las pruebas PISA 2022 puso sobre la mesa una problemática de los jóvenes de 15 años: las bajas expectativas y la incertidumbre de su horizonte laboral. Todo un síntoma de la descomposición de un sistema social que lleva décadas, que se agudiza en forma acelerada y que expresa algo que genera mucha frustración en la juventud: la ausencia de un proyecto de vida.

Los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 24 años nacieron entre 2002 y 2008, y, a la vez, son de la generación posterior al estallido del 2001. Son los que vivieron un momento de recuperación relativa y muy leve de la economía y, pocos años después, el comienzo de un nuevo ciclo de crisis a partir de 2008. Por su parte, quienes hoy tienen entre 15 y 16 años y empiezan a pensar en qué les deparará el destino cuando terminen el secundario son los que nacieron entre los años 2010 y 2011, o sea, el momento en el que la economía se estanca y se agudizan los problemas laborales. Estos jóvenes son los que observan la situación laboral de sus familias a la hora de pensar en su horizonte de trabajo, pero también miran a sus pares ya insertos en el mercado de trabajo o buscando sus primeros empleos. Aquí analizamos el mundo del trabajo que impacta en las perspectivas de futuro de los jóvenes.

Luego del 2001, algunos analistas señalaban una recuperación económica y laboral, pero en los hechos los indicadores mostraban recomposición del empleo formal, pero a la vez, una gigantesca expansión del empleo precario. Si el empleo “en negro”, en los ’90, rondó en promedio en toda la década un 34%, durante el período 2003-2015 fue del 38%. Algo parecido ocurrió con los salarios: el promedio en la década kirchnerista estuvo a la par de los denostados años ’90. Por su parte, el incremento del poder adquisitivo posterior al 2003 se estancó a partir del 2013 y luego de 2015 no paró de caer hasta una situación estrepitosa en la actualidad. En 2024 el salario promedio representó la mitad de lo obtenido en 1974 y el salario no registrado cubría, en el mismo año, el 42% del registrado.

Después de 2008, el nivel de empleo se incrementó más lentamente respecto de la leve recuperación entre 2003 y 2007, y puso un freno a partir de 2011. Frente a la crisis, el kirchnerismo sostuvo el nivel de empleo con aumento del empleo público, sobre todo en los municipios y en las provincias, aunque también marcadamente en la administración nacional. Un porcentaje elevado de estas ocupaciones no era otra cosa que “desempleo encubierto” bajo la forma de empleo precario en los municipios, en el cooperativismo subsidiado por el Estado y a través de los planes de empleo.

Luego, la creación de la Asignación Universal por Hijo en 2009 y el Plan Argentina Trabaja en 2010 fueron las formas de sostener en forma miserable y con ingresos bajísimos a un porcentaje cada vez más elevado de la población desocupada e informal. Beneficios que se mantienen hasta hoy, con cambios de nombre en el caso de los planes.

Hoy, hace unos 15 años que no hay creación de empleo formal y lo único que crece es la informalidad que alcanza a la mitad de la población ocupada. La miseria de los planes sociales provoca su lenta desaparición y su propia disolución. Ahora, el desempleo encubierto se pone de manifiesto en el empleo en las app’s como Pedidos Ya, Glovo y otras tantas. Docentes y policías que complementan salarios con el empleo en Uber o Didi. Incluso, ya tempranamente, muchos pibes agarran una bicicleta para hacer repartos y algunas pibas apelan a only fans. Todo un síntoma de los tiempos que corren y de las bajas expectativas que todo este proceso genera para la población más joven.

Pero, hay otras razones que impactan en el ingreso al mercado laboral de los jóvenes. La crisis en el empleo y la expansión de la informalidad provocan la eternización laboral ya sea por adultos ocupados que no se jubilan porque no les descontaron los aportes, o bien, jubilados que continúan trabajando porque los ingresos previsionales no alcanzan. Esto pone barreras a la ocupación de jóvenes. El mismo proceso opera con la expansión del pluriempleo y el aumento de las horas trabajadas, tendencias que existen desde hace décadas pero que se agudizan desde 2016 a esta parte. En este sentido, en los últimos 10 años la tasa de desempleo abierta en jóvenes de 14 a 29 años duplicó a la tasa de desocupación de la población total, proceso que se agrava en el caso de las mujeres, según el INDEC. Con la informalidad sucede un proceso similar: la población ocupada de hasta 29 años se encuentra con niveles mayores de informalidad respecto que la media y la supera en al menos 15 puntos porcentuales.

De este modo, se crea un panorama de bajísimas expectativas para los jóvenes. Algunos piensan en irse del país, otros desean ir a la universidad, aunque consideran poco factible sostenerse allí por razones laborales, otros piensan en trabajar en un negocio mientras terminan el secundario por 200 a 300 mil pesos mensuales por 4 horas diarias de trabajo, para luego comprarse una bici o moto y ser repartidor de Rappi full time o trabajar en un kiosco o comercio por 12 horas diarias con un solo día franco por 600 mil pesos. Para peor, el modelo libertario no ayuda, dado que propone la expansión de sectores productivos y exportadores como la minería, agro, energía y gas, los cuales tan sólo emplean al 7% de la población ocupada, lo que significa que la mayoría de la población argentina quedaría en condiciones de acceso a ocupaciones cada vez más precarias y peores pagas.

Hasta ahora, las soluciones tentativas de los gobiernos de turno empeoraron el panorama. El kirchnerismo impuso el subsidio a través del PROGRESAR como mecanismo de capacitación para la inserción laboral de los jóvenes, pero fracasó porque de nada sirve capacitar sin creación de puestos de trabajo. Por su parte, el macrismo antes y el gobierno libertario ahora impulsan el emprendedurismo para jóvenes. Éste también resulta un fiasco, porque no hay forma de emprender algo sin capital suficiente y sin que la competencia desplace a otros recreando el desempleo. En ausencia de posibilidades reales, la mayoría de los “emprendedores” reproducen la precariedad laboral a través de puestos de venta de choris, tortillas o jugo de naranja exprimido.

Poco y nada se puede esperar de estos gobernantes. La solución a los problemas de los jóvenes supone un proyecto de país el cual sólo puede devenir de una planificación y organización económica del Estado. Si queremos aumentar la productividad laboral, la escala de producción de la economía argentina y crear empresas productivas requerimos de un personal calificado. Para ello es necesario que los jóvenes terminen el secundario con enseñanza de calidad e ingresen a la universidad en forma obligatoria. Esto requiere la mejora en los salarios de sus familias para que los estudiantes no tengan que trabajar. Sólo así se puede sacar al país adelante y tener un proyecto de vida.

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