¿Quién defiende a Venezuela? Por un salida obrera y socialista a la crisis

Entre el chavismo y Trump, no hubo, ni hay, enfrentamiento alguno. Hubo, y hay, negociaciones, y entre las monedas de cambio están los dirigentes. No sabemos si Maduro se entregó voluntariamente o lo entregaron (o una combinación de ambas), pero queda claro que todo el aparato militar permaneció pasivo ante el ataque y que Delcy Rodríguez, en su primer discurso como flamante presidenta, se ofreció a “cooperar” con quien ya venía conversando (igual que Maduro). El desaire a Corina Machado revela que las conversaciones entre Trump y el chavismo para ordenar una transición son previas a la operación. Es decir, que a la administración norteamericana no le importa en lo más mínimo la voluntad popular, las libertades civiles ni las condiciones de vida de la población venezolana. Lo único que quiere es que le garanticen sus intereses geopolíticos en su cruzada contra China. Esa es la única variable que puede alterar la convivencia entre Trump y la dictadura.

Maduro y el chavismo son culpables de crímenes mucho más graves que conspirar con los EE.UU. y permanecer pasivos, antes y durante, un bombardeo que se llevó al menos 80 vidas (no prepararon bunkers, no alertaron a la población, no dispararon un solo misil antiaéreo, entre otras miserias…). No solo son unos canallas que escondieron los daños y los muertos durante el bombardeo, tanto que hasta este momento no sabemos quiénes son y dónde están, sino que además están amenazando a la población para que se quede en sus casas y no realice ninguna “provocación” al imperio…

Son culpables de algo mucho peor: haber destruido un país. Venezuela tiene los índices más altos de miseria e indigencia de Sudamérica. Los salarios rondan el dólar por mes, en promedio. Las huelgas y la organización sindical están prohibidas. Se reportan al menos 12 centros clandestinos de detención y tortura, fuera del famoso Helicóide. El régimen tiene más de 15.000 asesinados por causas políticas y 900 presos disidentes, entre los que se encuentran más de 200 dirigentes sindicales. Los partidos de izquierda están prohibidos. La derecha se pudo presentar a elecciones, pero basta que un partido se declare socialista para estar fuera de la ley. En términos regionales, Venezuela protagonizó el éxodo más grande de la historia continental con 8 millones de refugiados, un tercio de su población. La soberanía nacional que tanto reclaman los populistas no existe: barrios de Caracas y ciudades enteras fueron entregadas al crimen organizado para mantener la “seguridad” y entre estado y estado, grupos privados cobran “alcabalas”. Ningún venezolano que quiera a su país y ninguna persona que se reivindique de izquierda o en ese campo puede pedir la vuelta de Maduro o apoyar a las autoridades actuales. En cuanto a Trump, se entiende su arreglo con las autoridades venezolanas: el régimen chavista es el paraíso de todo ultraderechista, incluido Milei, mientras avanza a la barbarie ¿por qué iba a querer cambiar eso?

El bloqueo petrolero, la incursión para secuestrar un mandatario, el bombardeo a la población civil y la pretensión de administrar el país por parte de la administración norteamericana son inadmisibles. Solo por eso, Trump y su gente, en un mundo normal, deberían enfrentar una corte internacional. Muchos venezolanos en el exilio salieron a festejar la incursión. Se entiende, claro, la bronca con quienes los expulsaron y encarcelaron a ellos o a sus familiares. Pero acaban de bombardear su país y matar compatriotas que la estaban pasando tan mal (o peor) que ellos. Trump no les va a traer libertad ni bienestar. O va a dejar en el gobierno a esos que tanto odian, o va a poner otros que van a hacer lo mismo. En cualquier caso, no va a restablecer las libertades civiles, no va a haber trabajo, no va a subir el salario, no va a disminuir la pobreza y no va a haber salud y educación en Venezuela. Ni hablar si se produce una invasión por tierra en toda la regla: Venezuela va a ser Siria, el Líbano o Libia. Es decir, va a desaparecer, llevando su crisis a todos los vecinos donde ahora se están refugiando los exiliados.

¿El populismo? Se borró. Un comunicado de Cristina y otro de Axel y nada más. Ninguna movilización, ningún gesto de solidaridad. Nada… ¿China y Rusia? ¿El “Sur global”? Bien gracias. Ninguno amagó siquiera con romper el bloqueo norteamericano, ni prestar su inteligencia para prever los ataques. Simplemente, están negociando para mantener los acuerdos comerciales y las inversiones petroleras. Venezuela es simplemente un casillero en la disputa interimperialista. ¿Puede haber una reacción china? Es difícil, pero si se produjera, no será para defender a la población, sino sus intereses. Y el resultado no va a ser alentador para nadie.

¿Quién defiende entonces a Venezuela? Ningún burgués. Ninguno. Todos conspiran contra la población que es quien debe pagar a todos, con su vida. La única defensa tiene que venir de quienes realmente tienen interés en sostener la vida en ese espacio: su clase obrera. Los que sacan el petróleo y lo transportan. Los que producen los alimentos y las mansiones de los jerarcas bolivarianos. Los que no consiguen empleo porque se destruyó el escaso aparato productivo que había. Son ellos los que tienen que desafiar al chavismo y a Trump, levantarse y organizarse. Son 30 millones de habitantes frente a dos bandas criminales en crisis. El chavismo se está descomponiendo entre falta de comando, una tropa descontenta, acusaciones de traición y pasajes al enemigo. Trump tiene a una parte importante del sistema político y de la opinión pública en contra. De hecho, el parlamento podría iniciarle juicio político. Sin mencionar el frente internacional.

Necesitamos una gran corriente organizativa en la que seamos los trabajadores quienes decidamos cómo conducir el país, con un plan de desarrollo industrial, con empleos de calidad, salud, educación, vivienda… El solo llamado genuino de la población libre para recomponer el país entre todos y para todos traería la solidaridad (y el regreso) de los exiliados. Todos juntos, para salvar el único país que tenemos.

Fuera Trump, los Rodríguez y toda la cúpula chavista

Por la libertad de todos los presos políticos

Por la plena vigencia de las libertades civiles.

Por una organización independiente de la clase obrera que decida los destinos de país

Por una Venezuela verdaderamente socialista.

Vía Socialista

Vía Socialista Venezuela

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