La burguesía pisa el acelerador

El triunfo de Milei en octubre ratificó que la burguesía está en un momento muy favorable para avanzar con gran parte de su programa antiobrero: eliminar conquistas para despejar el camino hacia una mayor explotación. Ese es el único objetivo y la única consecuencia para la clase obrera va a ser una mayor degradación de sus condiciones de trabajo y de vida.

La reforma que se introdujo en la ley bases no fue suficiente, y dejó afuera muchos puntos que pretendía sancionar el gobierno. Ahora, esta ley retoma lo que había sido descartado y agrega varias cuestiones más. Para los trabajadores en blanco incluidos en la Ley de contrato de trabajo, se van a empeorar las condiciones laborales. Si bien algunas cuestiones ya se aplican por la vía de los convenios colectivos, como el banco de horas, el hecho de imponerlo por ley permite que se pueda utilizar este recurso sin necesidad de consensuar con los sindicatos. Es decir, le da un estatus normativo más permanente porque no depende de los avatares de la negociación colectiva, sino de la capacidad de reformar una ley, que siempre es más difícil. Para los trabajadores en negro, esta reforma no va a fomentar el blanqueo, al igual que no lo hicieron los anteriores regímenes de promoción del empleo registrado. Incluso les va a dificultar más reclamar por no estar registrados o estar mal registrados (o sea, por fraude laboral). Para quienes están precarizados por la vía del monotributo, tercerizados o con contrato, la reforma también los perjudica porque no sólo busca perpetuar y extender los contratos precarios, sino que quiere limitar los reclamos por fraude laboral en estos casos. Para los trabajadores de las aplicaciones, esta reforma garantiza que sigan sometidos a estas condiciones de trabajo miserables, sin que se reconozca la relación laboral existente.

Además, continuará el desfinanciamiento de la ANSES para crear un negocio financiero (el fondo de asistencia laboral), por lo que las jubilaciones actuales y futuras van a seguir empeorando. En suma: esta reforma laboral perjudica al conjunto de la clase obrera.

Uno de los elementos fundamentales de la reforma es que busca eliminar todo elemento legal que favorezca a los trabajadores en su disputa con las patronales. Es decir, busca debilitar el poder de negociación del obrero tanto en una disputa judicial individual como en la organización colectiva. Entre otras medidas, el proyecto incluye un ataque a la negociación colectiva, el desfinanciamiento de las obras sociales, la desprotección para quienes se postulen como delegados, el cercenamiento al derecho a huelga e incluso el impedimento de la convocatoria a asambleas. El gobierno busca propagandizar el proyecto con varios argumentos, todos los cuales son falsos. No se van a crear más puestos de trabajo, ni se van a formalizar trabajadores, ni se va a modernizar la legislación. Más bien, todo lo contrario: promueve la informalidad, la precarización y la eliminación de conquistas obreras. Más que modernizar las relaciones laborales, busca volver al pasado, a la época previa a la conquista de derechos laborales. Hay que aclarar también que no se trata de una reforma “esclavista” como postula buena parte de la izquierda y el peronismo. Es una reforma capitalista, que busca aumentar la tasa de explotación. Es importante tener en claro que bajo el capitalismo nuestras condiciones de trabajo y de vida se van a degradar inevitablemente, sea con una reforma de derecho o de hecho, como viene sucediendo. Esto no se arregla con más o mejor capitalismo, se arregla cambiando las relaciones de producción.

Es probable que el gobierno obtenga los votos necesarios para aprobar esta reforma, aunque seguramente deba eliminar algunos artículos, que probablemente incluyó como elemento de negociación con los gobernadores y con la CGT. Ambos ya se mostraron dispuestos a la negociación y todo el mundo coincide en que es necesaria una reforma.

En particular, la CGT está preocupada por los artículos que tocan sus cajas o que limitan demasiado su accionar. Los gobernadores, por su parte, están preocupados porque se incluye una reforma tributaria dentro del proyecto (rebaja de ganancia a empresas), que afecta la coparticipación. Ni unos ni otros están preocupados por los trabajadores. El peronismo, que es en gran parte responsable de que la mayoría de la clase obrera no tenga hoy ningún derecho laboral, dice que va a presentar un proyecto alternativo, porque parece que ahora se dio cuenta que la cosa está mal. Igualmente, lo que viene sucediendo hasta ahora es que mientras le da a Milei los votos necesarios para que salgan las leyes, el resto de los legisladores posan de opositores preocupados por los trabajadores. Es probable que repitan la maniobra. Por su parte, un sector de la CGT junto a las dos CTA, resolvió en una reunión de la que participaron gremios como la UOM, AOMA, APLA, ATE y la Federación de Aceiteros, lanzar un plan de lucha, con marchas en Córdoba y Rosario en los próximos días, para presionar sobre los gobernadores, y un paro general el día que se trate la reforma, el 11 de febrero.

La izquierda, por su parte, se ha limitado a la intervención folklórica de costumbre: exigir que las centrales sindicales llamen a paro y un plan de lucha, pero cuando lo hacen, como el sector disidente, dicen que no es suficiente. Pareciera que no tienen demasiado para diferenciarse más allá de cuestiones tácticas. La propuesta alternativa de la izquierda fue convocar a encuentros para poner en pie un plan de lucha contra la reforma, pero en lugar de concentrar fuerzas, se divide. Convocaron a tres encuentros diferentes que discutieron lo mismo entre los mismos sectores: el sábado 31/1 en Lustramax el PTS, el lunes 2/2 en Parque Lezama el PO e IS y el miércoles 4/2 en el Garrahan el MST. La razón de la división es la disputa de cartel al que nos tiene acostumbrados el FITU: cada uno quiere que el gremio o el sector en lucha que dirige encabece. En el medio, aparecen denuncias cruzadas, como la del MST señalando que el plenario de Parque Lezama, convocado por la Mesa del Plenario del Sindicalismo combativo, no tuvo el aval de dicha Mesa. Una vez más, la izquierda demuestra que las internas partidarias le preocupan más que organizar a los trabajadores para enfrentar la ofensiva del capital. Los tres encuentros fueron un desfile interminable de dirigentes partidarios en posiciones sindicales repitiendo lo mismo de siempre y proponiendo lo mismo de siempre: paro el 11 y columna independiente para diferenciarse de la CGT y las CTA. Quien encabece esa columna, más allá de lo que se resolvió en cada encuentro, se define en la mesa chica del FITU, si es que llegan a un acuerdo y no terminan armando dos columnas.

La incapacidad de la izquierda para construir un plan de lucha superador de lo que puedan armar la CGT y las CTA no es sólo producto de su interna mezquina. La ausencia de una propuesta alternativa frente a la ofensiva del gobierno es su mayor déficit. No podemos decir solamente que nos oponemos a la reforma laboral, porque eso es defender el status quo. Para la mayoría de la clase obrera lo que propone el gobierno en su reforma laboral ya es un hecho. Que hace falta una reforma laboral es claro, pero no es la que propone el gobierno y el empresariado. Los trabajadores tenemos un montón de problemas que urge resolver. La discusión es qué reforma necesitamos para mejorar nuestras condiciones de trabajo y de vida. Para eso, los trabajadores necesitamos elaborar un proyecto alternativo, que dé respuesta a los múltiples problemas que tenemos en cada lugar de trabajo. En lugar de pasar días enteros discutiendo, en tres encuentros que bien podrían ser uno, si vamos a hacer una columna independiente encabezada por el SUTNA y la Unión Ferroviaria, o por Lustramax, deberíamos aprovechar esas instancias para discutir y comenzar a elaborar nuestro propio proyecto de reforma.

El proyecto tiene que incluir algunos elementos generales y ser enriquecido con las problemáticas que surjan de los distintos sectores. Hay algunas cuestiones que creemos necesario incluir. Por ejemplo, que ningún salario de convenio por jornada completa (ocho horas) sea menor que la canasta calculada por ATE INDEC. Se debe prohibir el monotributo, la tercerización y los contratos temporales para puestos de trabajo continuo, y para ello conformar un comité por lugar de trabajo compuesto por patronal y sindicato que debe definir el pase a planta de quienes los ocupan hoy de forma precaria, algo que es urgente en el Estado. Unificar los ítems del salario conformado en el básico, y prohibir sumas no remunerativas que desfinancian la ANSES. Hay que eliminar la flexibilidad horaria y terminar con la rotación continúa, porque eso desorganiza la vida. También se debe mejorar las licencias en general, en particular ampliar la licencia por maternidad y por paternidad. Contra el trabajo en negro, no solo hay que reestablecer todas las multas eliminadas en las últimas décadas, sino que hay que mejorar y expandir el sistema de inspección a nivel nacional. Para los trabajadores de plataforma, es necesario que se reconozca la relación laboral y se constituya un ámbito de negociación colectiva donde se discuta el esquema tarifario, los límites en los pedidos, condiciones laborales, provisión de elementos de trabajo, obra social y ART, entre otras cuestiones.

Oponerse y luchar contra este gobierno es necesario, pero no es suficiente. Si queremos presentarnos como una alternativa verosímil al gobierno, no podemos quedarnos en la simple resistencia y la defensa del status quo. Es necesario organizar una gran discusión unificada y elaborar una propuesta concreta de reforma laboral para debatir en todos los sectores con los trabajadores, juntar firmas para que el proyecto se debata en el Congreso y organizar la lucha para que se apruebe.

Vía Socialista

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