“¿Y si sale bien?”, se preguntaban los libertarios al comienzo de la gestión para resaltar los supuestos éxitos del gobierno.
Dos años después tenemos la respuesta: si sale bien tenemos salarios deprimidos y miles de despidos. FATE es un exponente de esto.
Durante dos años se redujo a la mitad la cantidad de trabajadores y los salarios estuvieron 14 meses congelados. Hoy, finalmente, la patronal anunció el cierre y despido de los más de 900 obreros que aun mantenían su trabajo.
Madanes Quintanilla, dueño de varias empresas, como ALUAR, además de FATE, tomó esta decisión por la imposibilidad de competir contra las importaciones chinas. Como todo burgués planero, su fortuna se asienta sobre un capital improductivo que subsiste gracias a la protección estatal. Pero la existencia de esa fábrica garantiza trabajo a cientos de obreros, que en una economía que naufraga no tienen mayores posibilidades de reinsertarse en el mercado laboral.
La desocupación y la pauperización obrera van a ser las únicas consecuencias del éxito del modelo libertario, que se va a profundizar de aprobarse la reforma laboral. La disyuntiva no puede ser entre sostener empresas improductivas o dejar a miles en la calle. Hay otra opción: estatizar la fábrica y ponerla a producir para los requerimientos del Estado, conservando los puestos de trabajo, con una política clara para desarrollar el sector no solo en términos cambiarios y arancelarios, sino también tecnológicos y de productividad.
Con una planificación de ese tipo, se podría además de mantener los puestos de trabajo actuales, incorporar nuevos.
No al cierre de FATE!
No a los despidos!
